• miércoles, 14 de noviembre de 2018

Los dioses ebrios del México antiguo. De la transgresión a la inmortalidad

Guilhem Olivier

El consumo de pulque obedecía a reglas estrictas entre los antiguos nahuas y entre otros pueblos del México antiguo. Sin embargo, aparecen en sus mitos varias deidades en estado de ebriedad. Asociada con el final de las eras cosmogónicas, la ebriedad de los dioses los señala como transgresores a punto de ser derrocados como soles. Las fuentes revelan también que la embriaguez tiene una dimensión sacrificial que conduce a un renacimiento, es decir, constituye una etapa en el camino mítico que recorren deidades como Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, desde la muerte hasta el renacimiento.

 

Los nahuas actuales de la Sierra Norte de Puebla contaron a Alessandro Lupo una versión muy peculiar –para nosotros– del Evangelio. Le explicaron cómo los judíos que planeaban envenenar a Jesucristo –quien estaba en la cruz– le dieron vinagre para beber...

 

Entonces lo bendijo y dijo que: “No, con esto no voy a morir, esto se lo van a tomar mis hijos y van a dormir, y van a volver en sí otra vez. Como yo voy a morir, yo también tengo que resucitar mañana, pasado”. Y así por eso nos emborrachamos y volvemos en sí otra vez. Y con eso [con el vinagre] lo querían envenenar ya para que se muriera. Y no se murió ése. Sino lo bendijo para que lo tomáramos nosotros sus hijos... Sí, se volvió refino pa’ nosotros. Eso tomamos, y nos dormimos de borrachos y volvemos en sí otra vez al poco rato.

 

Este mito de origen del aguardiente se puede comparar con otros relatos recopilados después de la conquista que nos hablan de la creación del maguey y del pulque, pero también con narraciones que describen a varias deidades prehispánicas en estado de ebriedad.

 

Los 400 conejos y el consumo del pulque en la época prehispánica

 

Cabe precisar que los dioses del pulque eran innumerables. En los códices y en las fuentes escritas aparecen Ome Tochtli, Tepoztécatl, Tezcatzóncatl, Toltécatl, Yauhtécatl, Izquitécatl, Pahtécatl, Cuatlapanqui, Tlilhua y otros más. En conjunto se les llamaban centzon totochtin, “400 conejos”. Los informantes de Sahagún explican este nombre “porque antes atribuían el pulque a los conejos, los adoraban los antiguos”. Las distintas maneras que tenían los hombres de embriagarse eran atribuidas a los muchos dioses del pulque que poseían a los ebrios; se decía: “Cuando algunos se embriagan, uno llora mucho, y alguno riñe con la gente, grita a la gente. De quien grita a la gente o llora, se dice: ‘Es como su conejo’”.

Estaba prohibido insultar a los borrachos, ya que se podía afectar a la deidad del pulque que los poseía; por lo tanto, las transgresiones de las personas ebrias eran a menudo perdonadas, ya que se consideraba que los culpables no eran dueños de sus actos en estos momentos. Ahora bien, existía una reprobación social en contra de los borrachos e incluso algunas leyes que los castigaban, lo cual parece contradecir lo que acabamos de afirmar en cuanto a la falta de responsabilidad de la persona ebria. Sea como fuere, la ingestión de pulque estaba estrictamente reglamentada y sólo era permitida a las personas de más de 52 años, a los miembros de la elite en ciertas circunstancias y a la gente común durante algunas fiestas.

 

Olivier, Guilhem, “Los dioses ebrios del México antiguo. De la transgresión a la inmortalidad”, Arqueología Mexicana, Núm. 114, pp. 26-33.

 

Guilhem Olivier. Doctor en historia. Investigador en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Autor de Tezcatlipoca. Burlas y metamorfosis de un dios azteca (FCE, México, 2004), y coordinador, con Leonardo López Luján, de El sacrificio humano en la tradición religiosa mesoamericana (INAH/IIH, México, UNAM, 2010).

 

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