• 11-nov-2019

Momias y tatuajes

Ilán Leboreiro, Josefina Mansilla, Fabienne de Pierrebourg, Christophe Moulherat

Se puede decir que en vida, la “Momia Tolteca” fue un personaje importante de su comunidad ya que en la antigüedad, para poder ostentar tatuajes de tal calidad estética, quizás de tipo mágico-religioso y realizados con esa técnica, era necesario poseer cierta jerarquía dentro de un grupo.

 

El ser humano, al igual que cualquier otra especie animal, se ha expresado de múltiples formas por medio de su cuerpo, incluso antes de desarrollar un lenguaje fonético. Podemos reconocer visualmente estados de ánimo como la ira, la tristeza, la felicidad, el aburrimiento, etcétera. Así también aprendemos a reconocer y a expresarnos ante múltiples situaciones afines o discordes a nuestro grupo social. Al evolucionar nuestra especie, tanto biológica como culturalmente, desarrollamos innumerables y complejos sistemas de comunicación verbal y no verbal. Entre los últimos, el tatuaje es una de las formas de expresión y de modificación corporal más antiguos que nos han acompañado a lo largo de nuestra historia.

 

El tatuaje en momias

 

Existen diferentes implicaciones o intenciones del tatuaje; indican ritos iniciatorios, funcionan como protectores contra enfermedades o magia negativa, dan un sentido de pertenencia jerárquica dentro de una comunidad, narran sucesos míticos o bien de la vida personal del que los porta, entre muchos otros.
La práctica de tatuarse la piel en la antigüedad no fue común a todas las culturas del mundo, sin embargo, se han hallado momias humanas con tatuajes en diferentes puntos del planeta, incluido México.

Probablemente el ejemplar más antiguo hasta el momento descubierto sea “Ötzi” o “el hombre de hielo”. Se trata de la momia de un hombre adulto (de unos 45 años de edad) hallado en 1991 en el valle Otz, en los Alpes Italianos, a 3 210 msnm. Murió hace unos 5 300 años y pertenece a la Edad de Cobre europea.

Sobre el cuerpo de Ötzi se encontraron más de 50 tatuajes en forma de rayas paralelas y en forma de cruces. Al parecer se trata de tatuajes de tipo terapéutico, es decir, carecen propiamente de una simbología mágico-religiosa. Los estudios radiológicos demostraron que en vida el individuo padeció osteoartritis y los tatuajes parecen coincidir con los puntos corporales sometidos a esfuerzo que le causaban fuertes dolores.

En 1993 en la Meseta de Ukok, en la Rusia siberiana, se halló la momia de una mujer joven de aproximadamente 25 años de edad. Conocida como la “princesa Ukok” o “la dama de hielo”, fue inhumada hace unos 2 500 años. Presenta numerosos y elaborados tatuajes zoomorfos en buena parte de sus brazos, hombros, piernas y manos, que tenían un sentido mágico-protector y de pertenencia.

En el continente americano, en especial en la región andina de América del Sur (Perú, Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina), se ha descubierto un importante número de momias tanto de tipo natural (por efecto del medio ambiente) como artificial (resultado de una intervención humana), que se encuentran entre las más antiguas del mundo, algunas de ellas con tatuajes.

En el México prehispánico, tatuarse la piel fue una práctica que se extendió desde las culturas del norte hasta los mayas en la península de Yucatán, y existen numerosas referencias históricas sobre el tema.

A pesar de las referencias escritas y de las representaciones de tatuajes en códices, cerámica y piedra, la evidencia física es verdaderamente escasa. La más contundente hasta el momento es la de una momia estudiada por el arqueólogo Leopoldo Batres hacia 1889

 

Leboreiro, Ilán, Josefina Mansilla, Fabienne de Pierrebourg, Christophe Moulherat, “Momias y tatuajes”, Arqueología Mexicana núm. 121, pp. 25-29.

 

Ilán Leboreiro. Maestro en antropología y postulante a doctor por la UNAM. Investigador de la Dirección de Antropología Física del INAH.

Josefina Mansilla. Doctora en antropología por la UNAM. Investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH.

Fabienne de Pierrebourg. Dra. en prehistoria, etnología y antropología por la Universidad de Paris I-Panthéon-Sorbonne.

Christophe Moulherat. Dr. en prehistoria, etnología y antropología por la Universidad de Paris I-Panthéon-Sorbonne.

 

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