• 18-oct-2021

Pedro de Gante, Martín de Valencia, Toribio Motolinía

Francisco Morales

La llegada del cristianismo a México está enmarcada no sólo por los documentos pontificios de Alejandro VI (Bulas alejandrinas, 1493) y de Julio II (Bulas del Real Patronazgo, 1508, 1510), sino por el contexto cortesano de Carlos V en el que un grupo de franciscanos belgas, entre los que sobresale fray Pedro de Gante, desarrolló sus ideales misioneros. La misma importancia tiene el ambiente de idealismo reformista franciscano en España, del que fue figura representativa fray Martín de Valencia y, con un tinte más humanista, fray Toribio Motolinía.

 

Fray Pedro de Gante (1491-1572)

Nueve años mayor que Carlos V, del que se dice pariente cercano (carta a Carlos V, 15 de febrero de 1552), nació, según confesión propia, en “la ciudad de Iguen de la provincia de Budarda” (carta a sus hermanos de Flandes, 27 de junio de 1529). Ni en la geografía antigua ni en la moderna existe la provincia de Budarda. Este nombre geográfico pudo haber salido de una lectura equivocada del texto latino publicado en 1534, en el que se lee “in provincia Bulariae”, que correspondería a la antigua baronía de Boulaere o Boulers en donde, efectivamente, existió un pueblo Yeguen. En cuanto al apellido, Mura, con el que firma la carta de 1529, puede corresponder al flamenco Van der Moere, o de Muer. Ambos apellidos se encuentran en los anales de la ciudad de Gante. En 1610 está fechada una tumba en la iglesia de San Miguel con el nombre de Laureyns de Muer. Igualmente, el apellido Van der Moere se encuentra en muchas familias nobles, cercanas a Carlos V, en la ciudad de Gante.

La educación de Pedro de Gante, según su propio testimonio, fue cortesana. Escribe a Felipe II en 1558: “Desde muy mozo me he ocupado en cosas tocantes al servicio de la corona real, antes de mi conversión”. Si por conversión se entiende su entrada a la orden franciscana, no se tiene la fecha exacta en que ocurrió esa conversión. Se sabe que para los primeros años de la década de 1520, tiempo en el que llegaban a la corte de Carlos V noticias sobre la conquista de México, Pedro de Gante se encontraba, ya como fraile, en el convento de San Francisco de la ciudad de Gante. Allí tuvo relación con fray Juan Glapión, confesor de Carlos V, y con Adriano de Utrech, maestro del emperador y regente de Castilla. En enero de 1522 Adriano fue elegido papa y cuatro meses después, 10 de mayo de 1522, firmaba el breve pontificio conocido como Bula Omnímoda, en el que concedía amplias facultades a los frailes que pasaran a la evangelización de los pueblos americanos. Fray Pedro de Gante, junto con fray Juan de Tecto (Johan Van der Tocht), fray Juan de Aora (Johan Van der Auwera) y fray Juan Glapión, iban para entonces rumbo a España, llamados por el emperador para embarcarse a las recién conquistadas tierras de México. Se pensaba unir al grupo fray Francisco de los Ángeles Quiñones, hermano del conde de Luna y comisario general de los franciscanos de la familia ultramontana (los países europeos de la Europa central de la época). Ni Glapión ni Quiñones lograron su propósito de llegar a México; el primero por muerte en Valladolid en septiembre de 1522; el segundo por haber sido elegido ministro general de la orden franciscana.

Fray Pedro de Gante, con sus dos compañeros, llegó a México el 13 de agosto de 1523. Su primer residencia fue Tetzcoco, en donde comenzó la actividad que caracterizó su vida misionera: la educación de los indígenas. Con especial don para los idiomas, fue uno de los primeros franciscanos que aprendió el náhuatl. Al llegar fray Juan de Zumárraga a México, como obispo electo y defensor de los indios, Gante fue su traductor para comunicar a los indígenas el oficio de defensor que le había encomendado el emperador Carlos V. Entre las obras más conocidas de fray Pedro de Gante está el catecismo testeriano que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid (Ms. Vt. 26-9), la Doctrina Christiana en Lengua Mexicana (México, 1553) y la Cartilla para enseñar a leer (México, 1569).

Su obra más destacada es la escuela de San José de los Naturales, en donde para 1530 tenía más de 500 estudiantes. En sus cartas menciona siempre la enseñanza de la lectura, escritura, canto y predicación. Otros cronistas del siglo xvi nos informan que también se enseñaban los oficios de “cantería, carpintería, sastres, zapateros y herreros”.  Añaden que también se enseñó a “pintar y allí se hacían las imágenes y retablos para los templos de toda la tierra” (Mendieta, Historia eclesiástica indiana, lib. V, cap. 17). Actividad menos advertida, pero que se encuentra muy clara en sus cartas, fue su enérgica defensa de los indígenas. Con palabras tan duras como las de Bartolomé de las Casas, escribía a Carlos V en 1552 que los españoles daban mejor trato a sus perros que a los indios.

Aunque nunca quiso ser sacerdote, los indígenas lo consideraron más importante que el arzobispo de México. El amor a su maestro lo plasmaron en un memorable canto en náhuatl que todavía en vida de fray Pedro de Gante entonaban: “Libro de colores es tu corazón, padre Pedro, lo que son tus cantos que a Jesucristo entonamos, tú los haces llegar a San Francisco, el que vino a vivir en la tierra” (León-Portilla, 1965, p. 79). Murió en el convento de San Francisco de México en 1572.

 

Fray Martín de Valencia (ca. 1474-1534)

Guía espiritual e imagen idealizada de los primeros franciscanos que llegaron a México. Su primera biografía fue escrita tres años después de su muerte por un compañero y confidente suyo, fray Francisco Jiménez. Tres o cuatro años más tarde, entre 1540 y 1541, otro notable compañero suyo, fray Toribio Motolinía, escribió otra breve biografía completando los datos de fray Francisco Jiménez. De estas dos biografías, escritas por contemporáneos y compañeros suyos, la imagen que más sobresale es la de un fray Martín de Valencia de fuerte espiritualidad reformista, combinada con un idealismo misionero y ascetismo místico, comportamientos que en sus primeros años de fraile le produjeron problemas con sus superiores y que, inclusive, lo llevaron a intentar el cambio de su vocación franciscana por la de los cartujos.

Fray Martín de Valencia nació en la villa de Valencia en el reino de León. Poco se sabe de su formación franciscana, aunque sí consta su interés por los escritos de la corriente de pensamiento llamada de “los franciscanos espirituales”, caracterizada por su radicalismo en la observancia de la pobreza. Su biógrafo, fray Francisco Jiménez, nos dice que durante su noviciado tuvo entre sus lecturas favoritas el libro De Conformitate, de Bartolomé de Pisa, uno de los grandes escritores de esa tendencia. Su afición por tal movimiento radical la expresó de manera muy evidente en la década de 1500, al intentar formar parte de una custodia franciscana en Portugal, fundada por fray Juan de Guadalupe, en abierta oposición al movimiento reformista moderado promovido en España por el cardenal fray Francisco de Cisneros. La Provincia de Santiago de Compostela, a la que pertenecía fray Martín de Valencia, lo rescató de esa disidencia y le concedió fundar en Belvis de Extremadura una ermita, Nuestra Señora del Berrocal, que junto con otros conventos cedidos por esa provincia, fueron la base para la posterior fundación de la provincia de San Gabriel, de la que salieron los “doce primeros franciscanos”, que bajo la dirección de fray Martín de Valencia llegaron a México en 1524.

Estos rasgos de su formación y trayectoria franciscanas resultan importantes para valorar su participación en la implantación del cristianismo en México. Su apasionado entusiasmo por el retorno a los ideales originales de la orden nos aclaran la gran estima que gozó entre sus frailes contemporáneos, así como los altos puestos que desempeñó, primero como provincial de la provincia reformada de San Gabriel en España (1519-1522) y posteriormente como custodio (superior) de los franciscanos en México (1524-1527 y 1530-1533). Su figura espiritual fue un singular estímulo para sus hermanos de la primera época, empeñados en una tarea que sobrepasaba con mucho el acervo cultural con que llegaron a México. Estudios recientes comienzan a apreciar la influencia que esa espiritualidad tuvo en la evangelización de México (Turley, 2014). Pero, por otra parte, la misma radicalidad reformista está detrás del comportamiento, y sobre todo del rigorismo, con que trató a los recién convertidos que continuaban practicando su antigua religión, como se constata durante el trienio en que fue superior en la ciudad de Tlaxcala (1527-1530). Su gran confidente, fray Francisco Jiménez, nos revela el desencanto de fray Martín de Valencia en esos primeros años, por no encontrar el pueblo ansioso de recibir la fe católica que en sus sueños místicos había imaginado, desencanto que, inclusive, lo impulsó a intentar la búsqueda de otros pueblos más aptos para el cristianismo. No hay que olvidar, por otra parte, que su rigorismo se aplicó igualmente a los conquistadores, según lo indica el acta del Cabildo de la ciudad de México del 28 de julio de 1525, en la que se le acusa de “entrometerse en usar jurisdicción civil y criminal” (Actas de Cabildo, I, p. 41).

La gradual experiencia de sus hermanos, y sobre todo su profunda espiritualidad, lo llevó a aceptar, aun en contra de su parecer, según su biógrafo Jiménez, las posturas más abiertas de los otros misioneros en relación con la conversión de los naturales. En su carta de junio de 1531 al comisario general de la orden, fray Matías Vueinssens, hace la siguiente descripción de los avances de la cristianización: “Aprovechan mucho en la doctrina cristiana, y tienen mucha afición a las cosas que son de nuestra santa fe católica, y las aprenden más presto y mejor que los hijos de los españoles” (Mendieta, Historia eclesiástica indiana, lib. IV, cap. 15).

Los últimos meses de vida los pasó muy enfermo, descansando en el punto de donde había partido a su misión evangelizadora, el desierto contemplativo, ahora trasladado de las tierras yermas de Extremadura al entonces iluminador valle de México, en la ermita de Amecameca. Murió en Ayotzingo (estado de México), en su camino hacia el convento de San Francisco de México, el 21 de marzo de 1534.

 

Dr. Francisco Morales, O.F.M. Doctor en historia por la Catholic University of America (Washington, D.C.). Sus investigaciones versan principalmente sobre los aspectos sociales y culturales de los franciscanos en México durante el virreinato. Director del Centro de Estudios Franciscanos en Humanidades Fray Bernardino de Sahagún, en la Biblioteca Franciscana de Cholula, Puebla.

 

Morales, Francisco, “Pedro de Gante, Martín de Valencia, Toribio Motolinía”, Arqueología Mexicana núm. 127, pp. 37-42.

 

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