• 20-nov-2019

Plantas mexicanas en Europa en el siglo XVI

José Luis Fresquet Febrer, María Luz López Terrada

La asimilación de las plantas del Nuevo Mundo en Europa fue un complejo proceso que condujo a profundos cambios en la sociedad y en la cultura europeas. Su introducción y uso dieron lugar a importantes transformaciones en la alimentación y en los medicamentos hasta entonces utilizados por los europeos, pero también en los jardines y en el paisaje, en las drogas y los venenos, en los colorantes y en muchas otras cosas. Algunas de las nuevas plantas pasaron a un primer plano en la actividad económica y política, al mismo tiempo que iban incorporándose a la ciencia, el arte y la literatura, las creencias y prácticas religiosas, la magia y las supersticiones.

Evidentemente, analizar cuál fue el impacto que tuvieron las plantas indígenas americanas en la cultura europea es una tarea inmensa; una breve revisión no permitiría, quizás, ni siquiera hacer mención de cada una de ellas. Por eso, en este trabajo vamos a limitarnos a tratar brevemente lo que representaron para la alimentación y la medicina europeas de la época del descubrimiento y la conquista.

Los alimentos

La alimentación, como parte de la cultura de una sociedad, es un elemento indispensable en el análisis histórico, especialmente en un tema como el que nos ocupa, puesto que los alimentos vegetales de origen mesoamericano cambiaron en gran medida las costumbres alimentarias de los europeos a partir del siglo XVI.

Ya en los primeros escritos europeos sobre el Nuevo Mundo aparecen descripciones de los alimentos americanos, muchos de los cuales eran absolutamente distintos a los que se conocían. En estas primeras relaciones se llegaron a describir alrededor de 67 alimentos desde diferentes puntos de vista. Unas veces se encuentran en relatos de las costumbres y usos de las culturas con las que iban tomando contacto; otras, en las narraciones de las propias experiencias, es decir, en las informaciones sobre aquello de lo que tuvieron que alimentarse; por último, se encuentran en las descripciones de especies vegetales americanas. Sin duda alguna, de todas esas plantas, y centrándonos en el ámbito mesoamericano, hay que destacar el maíz, el frijol, el chile o ají, el camote o batata y el cacao, tanto por su papel en la dieta prehispánica, como por la importancia que luego tuvieron en la cultura alimentaria europea.

El maíz

El maíz (Zea mays L.), cuya domesticación al parecer se produjo en Mesoamérica, se cultivaba en casi todo el continente a la llegada de los españoles, pero era absolutamente desconocido para un europeo de finales del siglo XV, pese a los intentos que se hicieron para encontrarle semejanzas con algún cereal conocido, como el panizo. Sin embargo, fue quizás la planta americana que más rápidamente se difundió en Europa. El propio Cristóbal Colón, en el diario de su tercer viaje (1498), escribió: “maíz, que es una simiente que haze una espiga como una maçorca, de que llevé yo allá, y ay ya mucha en Castilla”.

Hay que tener en cuenta que el proceso de introducción del maíz se facilitó tanto por la importancia de los cereales –a los que se añadió en la alimentación europea– como por las características propias de esta planta, en especial su capacidad de adaptación a cualquier tipo de clima y forma de cultivo, además de su gran productividad por grano sembrado.

Esta rapidísima difusión provocó que durante la primera mitad del siglo XVI el verdadero origen del maíz fuera desconocido para los europeos y, como se tenía conciencia de que era algo nuevo y exótico, se pensara que procedía de Oriente, como lo atestiguan las denominaciones que recibió en diferentes lenguas. Esta confusión se reflejó incluso en los tratados botánicos de la época, en concreto en los que han sido considerados por la historiografía tradicional como los primeros renovadores de la botánica, los que, entre otras cosas, se proponían estudiar las plantas que crecían o eran cultivadas en el ámbito alemán.

Por ejemplo, Leonhart Fuchs, en su De historia stirpium (1542), afirmaba lo siguiente sobre el maíz: “este grano, como otras muchas cosas, pertenece al género de las que nos han llegado de otros lugares. Ha venido a Alemania desde Grecia y Asia, por lo que se llama Turcicum frumentum, ya que actualmente la cruel Turquía ocupa toda Asia. Los alemanes, teniendo también en cuenta los lugares de donde procede lo denominan Türckisch Korn”.

Fue hasta la segunda mitad del siglo XVI cuando –al menos en los ambientes donde se cultivaba la botánica–, gracias a la publicación de la obra de Gonzalo Fernández de Oviedo y, posteriormente, de la de Nicolás Monardes a través de Carolus Clusius, se dejó de lado esta confusión y se habló ya del origen americano del maíz. No obstante, desde el punto de vista del cultivo real, aunque no existe un estudio sistemático, son muy numerosas las noticias que nos indican la expansión de esta planta por toda Europa ya desde la primera mitad del siglo XVI, al grado de que llegó a convertirse en monocultivo en algunas zonas.

 

José Luis Fresquet Febrer. Doctor en medicina. Profesor de historia de la ciencia en la Universidad de Valencia.

María Luz López Terrada. Doctora en historia. Investigadora del Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación “López Piñero” en la Universidad de Valencia.

Fresquet Febrer, José Luis y María Luz López Terrada, “Plantas mexicanas en Europa en el siglo XVI”, Arqueología Mexicana, núm. 39, pp. 38-43.

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