Rito maya de purificación con agua

Mercedes de la Garza

El camino hacia el matrimonio. Ritos de infancia

Los ritos de infancia tenían la finalidad de producir los cambios de condición del ser humano que eran necesarios para ir integrando al niño a su comunidad; así, desde la concepción se realizaban ritos para propiciar una feliz llegada del niño al mundo; el parto también estaba rodeado de ritos. En los códices hay algunas representaciones de ritos del nacimiento; por ejemplo, en la p. 93c del Códice Madrid se ve a las parteras realizando a los niños el rito de purificación con agua.

En la actualidad se celebra un rito, de claro origen prehispánico, llamado hetsmek’ (Morley, 1982, p. 180), el cual se lleva a cabo cuando los niños cumplen cuatro meses y las niñas tres (dichos meses simbolizan las cuatro esquinas de la milpa y las tres piedras del fogón, respectivamente). En ese rito, que determina la función de los niños en la comunidad, un padrino carga al niño, por primera vez, a horcajadas sobre la cadera (a hetsmek’) y da una vuelta alrededor de una mesa, sobre la que se colocan los objetos que utilizará de grande; si es varón, se trata de instrumentos de labranza, armas, objetos rituales y otros, y si es niña, de husos, trastes de cocina, en fin, todos los objetos empleados en las labores domésticas. Mientras rodea la mesa, el padrino o madrina va mencionando y poniendo en la mano del infante los objetos y, con ello, confirmando su destino en el mundo.

Cuando la niña cumplía tres años se le colocaba una concha roja sobre el pubis, la cual debía conservar hasta el rito de pubertad (al que los frailes llamaron “bautismo”). Este rito significa un cambio en la condición ontológica y social, el paso a una nueva etapa, tal vez asociada a la sexualidad infantil, pues entre los mayas actuales:

   …la concha es empleada por la partera en sus curaciones y puede llegar a tener poderes mágicos; al evocar las aguas donde se origina participa del simbolismo de la fecundidad propio de lo acuático; puede agregarse que su forma recuerda el órgano sexual femenino, representa la matriz y el nacimiento, a la vez que el mundo subterráneo donde tanto la vida como la semilla tienen su origen (Nájera, 2000, p. 119, en Chevalier y Gheerbrant, 1988, pp. 332-333).

Al niño, por su parte, se le pegaba una piedra blanca en la coronilla, lo cual simbolizaba que no podía externar todavía su espíritu para tener contacto con lo sagrado. Hasta hoy, los mayas y otros grupos creen que esa comunicación sobrenatural se da por la cabeza; por ello, los predestinados a ser chamanes son aquellos a los que no les cerraron bien los huesos de la coronilla y tienen un hueco en el sitio de la fontanela, por lo que les llaman “los que tienen el cerebro abierto”. Esto corrobora que la finalidad de la vida de la mujer era el matrimonio, en tanto que la del hombre era, en esencia, el vínculo con lo sagrado, aunque también hubo chamanas, como hemos señalado. A partir de ese rito, los niños usaban bragas y las niñas faldas, pues antes se cubrían sólo con una mantilla (Landa, 1966, pp. 44-47 y 54).

Imagen: Los códices son una rica fuente de información sobre el papel de la mujer maya en vertientes como la religión, los ritos y la vida diaria. Ceremonia de purificación con agua realizada por parteras. Códice Madrid, p. 93c. Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces.

 

Mercedes de la Garza. Doctora en historia por la UNAM. Investigadora del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas (UNAM), con especialidad en historia y religión mayas.

De la Garza, Mercedes, “El matrimonio, ámbito vital de la mujer maya”, Arqueología Mexicana, núm. 60, pp. 30-37.

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