• 23-jul-2019

San Lorenzo, Veracruz

En la cima del sitio de San Lorenzo vivió la gente poderosa y se realizaron actividades públicas y ceremoniales, mientras que las terrazas fueron ocupadas por gente de menor estatus; además había talleres especializados. Algunas viviendas de las terrazas rebasan las dimensiones típicas (20- 24 m2) de las casas de esa misma época en otras regiones, ya que alcanzan más de 120 m2. En la periferia del sitio, situada en los terrenos de menor altitud, debajo de las terrazas, habitaba la gente de menos recursos, en casas pequeñas poco lujosas.

En el nivel regional, los gobernantes de San Lorenzo extendieron su poder a sus centros menores mediante el nombramiento de jerarcas menores, los cuales manejaron los niveles inferiores del sistema regional (aldeas y caseríos). Centros dependientes como Laguna de los Cerros, Estero Rabón, Loma del Zapote y Tenochtitlán, entre otros, cumplieron la función de controlar recursos y puntos estratégicos como parte de un sistema sociopolítico regional.

Los gobernantes también ampliaron su poder mediante la difusión de conceptos cosmológicos que reafirmaban las jerarquías sociopolíticas. Un medio para difundir esos conceptos era la distribución de esculturas de tamaño mediano y pequeño con representaciones, principalmente, de seres humanos y, en menor grado, de seres fantásticos. La cohesión regional, difícil de crear y mantener en esta zona ribereña caracterizada por grandes extensiones de llanuras y pantanos, se propiciaba mediante ceremonias regionales.

Algunas de estas ceremonias incluían el traslado de esculturas pétreas desde aldeas importantes hasta donde se realizaban celebraciones en las que se incorporaron a escenas de tipo mítico-histórico. En la acrópolis de El Azuzul en Loma del Zapote, un centro secundario ubicado al sur de San Lorenzo, se recrea una escena compuesta por dos gemelos y dos felinos, la cual recuerda la leyenda de los héroes gemelos. Otros ritos llevados a cabo en lugares lejanos, como El Manatí, incluyeron la colocación de ofrendas con objetos de gran valor, como bastones de mando, hachas, pelotas de hule y bustos antropomorfos de madera, al pie de un cerro sagrado. Todo tipo de actividad ceremonial, ya fueran sencillas o espectaculares, permitía a la gente contemplar, asimilar y trasmitir los conceptos cosmológicos de la cultura olmeca.

Después de 1000 a.C. comenzaron a aparecer los problemas que iban a afectar de manera desastrosa a la sociedad de San Lorenzo. Hubo un creciente reciclaje de esculturas, lo cual sugiere dificultades en la obtención de la materia prima y en la mano de obra necesaria para el traslado de monumentos. Alrededor de 900 a.C. se da la tendencia de reciclar grandes monumentos, incluidos los tronos, para crear por lo menos nueve de las 10 cabezas colosales –reconocidas como retratos de gobernantes muertos– que se han encontrado en el sitio. El tallado de tres de esas cabezas no se concluyó, por lo que no se colocaron en su destino final: dos largas líneas de retratos ancestrales que estaban en proceso de montaje en la cima del sitio. El propósito de crear esta gran escena de cabezas no está del todo claro; tal vez fuera un intento de reafirmar el derecho de gobernar de uno o varios de los últimos gobernantes del sitio, quienes enfrentaban la inminente desintegración de su reino. Aunque las cabezas colosales son casi un “símbolo” de San Lorenzo, es interesante señalar que estos productos del reciclaje indican que los gobernantes aparentemente no pudieron lograr el traslado de nuevos monolitos y por ello tuvieron que transformar las esculturas existentes. De hecho, la transformación de tronos en cabezas colosales, un acto de gran simbolismo, representa la disminución de la autoridad de los dirigentes, un poder cada vez más ficticio.

 

Tomado de Ann Cyphers, “Surgimiento y decadencia de San Lorenzo, Veracruz. Del Ojochi al Nacaste”, Arqueología Mexicana núm. 87, pp. 36-42.

 

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