• jueves, 19 de julio de 2018

Urnas de Atzompa. Manufactura e imaginería zapoteca

Leobardo Daniel Pacheco Arias

Las urnas zapotecas, obras emblemáticas de la arqueología de Oaxaca, expresan formas de vida, ideología religiosa y parte del pensamiento colectivo de la sociedad zapoteca. Se presenta aquí un panorama acerca de la manufactura e iconografía de este tipo de objetos hallados recientemente en el conjunto monumental de Atzompa.

 

Durante la larga historia de Monte Albán, los artesanos del valle de Oaxaca destacaron por su inigualable habilidad alfarera, plasmada en lo que hoy llamamos vasijas efigie, las cuales están formadas por un recipiente con una figura humana o animal, glifos y expresiones de estilo zapoteca. También se conocen como urnas funerarias, aunque cabe aclarar que no suelen contener restos humanos incinerados, ni son exclusivamente objetos fúnebres.

Durante el “Proyecto Arqueológico del Conjunto Monumental de Atzompa”, iniciado en 2007 y dirigido por la Dra. Nelly Robles, se han recuperado alrededor de 37 vasijas efigie, todas bajo un meticuloso control arqueológico. Las más grandes y complejas se han encontrado en la zona monumental, sin embargo, también se localizan en templos, tumbas y residencias asentadas en la periferia; generalmente estas urnas son de menor tamaño, pero tienen la misma calidad de manufactura y detalle que las anteriores. Evidentemente, tales objetos se hallaban asociados con la vida ritual de los diferentes grupos sociales que habitaron el sitio.

La diversidad y complejidad de urnas en Atzompa abarca desde piezas sencillas de 10 cm de altura hasta las más ornamentadas y detalladas que alcanzan los 80 cm de alto. Algunas son figuras de aves, jaguares o monos; otras representan a mujeres y hombres de la elite, con su nombre calendárico; en otras se combinan rasgos de animales como aves, felinos y reptiles; ciertas vasijas representan individuos o antepasados con atributos de deidades calendáricas, y otras plasman únicamente dioses zapotecas.

El recipiente de las urnas tuvo distintos usos. En algunos casos almacenaron objetos rituales, como navajas de obsidiana utilizadas para extraer sangre, o funcionaron como braseros. Algunas urnas se encontraron vacías aunque es posible que contuvieran materiales perecederos como agua, sangre, papel o semillas.

A partir del análisis del estilo arquitectónico, del cerámico y de fechamientos por carbono 14, se detectó que la mayoría de las urnas localizadas en Atzompa corresponden al Clásico Tardío (siglos VI-VIII de nuestra era), periodo en que se dan el máximo apogeo y el colapso político de la cultura zapoteca (beniza) en Atzompa y Monte Albán.

 

Manufactura

El armado y la restauración de la urna ATZ-222 permitió reconstruir los pasos de elaboración que seguían uno o más artesanos, lo cual permitió definir un modelo de manufactura para las demás urnas. Primero se formó un vaso o recipiente mediante una placa circular de barro, y posteriormente se fue haciendo el cuerpo con la técnica de enrollado. Al final, se alisó el interior con los dedos o con un pedazo de cuero, dejando un acabado rústico al exterior. Hoy en día, dicho proceso y técnicas se utilizan para hacer vasos, apaxtles, macetas y ollas en Santa María Atzompa.

A este vaso se le adhirió un pedestal, el cual soporta el cuerpo y el resto de las aplicaciones que complementan y decoran la efigie. En el caso de la urna ATZ-222, se colocaron arriba dos figuras huecas decoradas con plumas y un tocado con forma de cola de ave. Al centro del pedestal se puso una placa grabada en relieve con el glifo cerro y a los lados unas alas desplegadas. El relieve de esas placas se consiguió quitando secciones de barro con herramientas filosas o puntiagudas, probablemente con navajas prismáticas de obsidiana, agujas de hueso o espinas de algunas plantas. Siguiendo esta técnica se hicieron los remolinos, la pechera, los ojos y las orejeras. Se modeló el rostro de un anciano, arriba de la nariz se añadió un pico de ave y encima una figura que simboliza un nudo.

La observación etnográfica permite suponer que una pieza como la urna anterior, de grandes dimensiones y laboriosa decoración, fue fabricada con partes separadas pero debió trabajarse en un periodo corto para evitar que el barro perdiera humedad, la cual da mayor adherencia. Por lo tanto, no es difícil imaginar talleres prehispánicos donde diversos artesanos, con un inigualable talento ceramista y profundo conocimiento del simbolismo zapoteco, participaban en la elaboración de vasijas efigie.

 

Leobardo Daniel Pacheco Arias. Colabora en el “Proyecto Arqueológico del Conjunto Monumental de Atzompa” y realiza su tesis de licenciatura en arqueología por la Universidad de las Américas Puebla, con el tema de la manufactura e imaginería zapoteca de las urnas de Atzompa.

 

Pacheco Arias, Leobardo Daniel, “Urnas de Atzompa. Manufactura e imaginería zapoteca”, Arqueología Mexicana núm. 126, pp. 56-59.

 

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