Las ofrendas del gran basamento de Tlatelolco

Salvador Guilliem Arroyo y Francisco Javier Laue Padilla

Las excavaciones arqueológicas en el Gran Basamento han permitido encontrar evidencias de 35 ofrendas prehispánicas, compuestas por almenas, braseros, cajetes, vértebras cervicales y mandíbulas humanas, comales, cuchillos de pedernal y obsidiana, sahumadores, navajillas prismáticas, mandíbulas de cánidos y puntas de proyectil.

Las excavaciones arqueológicas desde 1991 a la fecha han permitido determinar que el Gran Basamento contó con tres etapas constructivas. Las excavaciones arqueológicas en el Gran Basamento han permitido encontrar evidencias de 35 ofrendas prehispánicas, compuestas por almenas, braseros, cajetes, vértebras cervicales y mandíbulas humanas, comales, cuchillos de pedernal y obsidiana, sahumadores, navajillas prismáticas, mandíbulas de cánidos y puntas de proyectil. Ahora bien, denominamos ofrenda a todo el conjunto de objetos naturales y manufacturados depositados a manera de oblación a sus deidades, en relación particular con los espacios sacros (Guilliem, 1999, p. 104; López Luján, 2020, pp. 15, 18).

Todas las ofrendas descubiertas hasta ahora están asociadas de forma directa a la arquitectura de la etapa II del Gran Basamento, la cual correspondería al primer tlatoani de Tlatelolco, Cuacuahpitzáhuac, quien gobernó de 1375 a 1418.

Recientemente, en el dado central se localizó la ofrenda 35, la cual contiene un brasero tipo efigie. El vestíbulo es el espacio con mayor concentración de ofrendas con un total de 12. De éstas, seis son mandíbulas humanas (ofrendas 1c, 3, 4, 5, 6, 10, 11, 15 y 17); dos son mandíbulas de cánido (ofrendas 2 y 9), y el resto está compuesto por puntas de sílex o pedernal, obsidiana, acompañadas de navajillas prismáticas y un cajete roto de forma intencional (ofrendas 1c, 12 y 16).

En la esquina norte de la banqueta y muro oeste de la habitación oriente aún permanece la ofrenda 8: una mandíbula humana deliberadamente empotrada en la cara interna como parte de la arquitectura. En la mocheta sureste de la misma habitación se registró la ofrenda 14, formada por sahumadores de fina manufactura que fueron “mata dos” para su oblación.

Por otro lado, en los accesos de la habitación poniente se localizó la ofrenda 19, la cual contenía un húmero humano y una punta de proyectil. En el interior de la habitación se encontraron fragmentos de sahumador dispuestos entre el muro y el piso, a lo que se le llamó ofrenda 20. Al pie de la banqueta se ubicó la ofrenda 21, en cuyo interior se resguardaban comales rotos. Al norte inmediato se descubrió la otra sección de la banqueta, y se localizó la ofrenda 23, distribuida en distintos pun tos: al exterior se localizaron fragmentos de comales y navajillas, mientras que en el interior había varios objetos: una almena, un malacate, huesos de ave y tres vértebras cervicales humanas, que aún conservaban conexión anatómica.

Dentro de la habitación principal se localizaron las ofrendas 26 y 33 en la base de las pilastras del sector oeste, conformadas por restos óseos de aves, navajillas prismáticas, una cabeza cerámica antropomorfa, fragmentos de comales y sahumadores.

Salvador Guilliem Arroyo. Arqueólogo por la ENAH y maestro en estudios mesoamericanos por la UNAM. Director del Proyecto Tlatelolco.
Francisco Javier Laue Padilla. Arqueólogo por la UAZ. Colaborador en proyectos de salvamento arqueológico por la Dirección de Salvamento Arqueológico y en el Proyecto Tlatelolco.

Tomado de Salvador Guilliem Arroyo y Francisco Javier Laue Padilla, “Las ofrendas del gran basamento de Tlatelolco”, Arqueología Mexicana, núm. 197, pp. 64-71.