Rituales de los mayas de Yucatán: el k’ex

Alicia M. Barabas

El concepto k’ex significa “cambio” y alude al ritual de extracción de un “mal aire” que afecta a un individuo, a la protección que otorga al paciente contra la influencia de los “aires” y, asimismo, al agradecimiento que debe darse a las potencias de la naturaleza por retornar la salud del individuo. Este complejo concepto puede definirse como una promesa hecha a los “aires” para que abandonen a su víctima.

El “mal aire” afecta principalmente al ah canul, quien es el guardián o alter ego inmaterial de la persona, que se percibe a veces como una sombra. El número de guardianes que posee cada individuo puede variar, pero la mayoría de los narradores coincide en afirmar que las mujeres poseen más que los hombres. En el ritual del k’ex el chamán, h-men, entra en contacto con la parte inmaterial del ser humano y con los “aires”, también inmateriales, entendidos como agentes y vehículos de las enfermedades, a fin de establecer cuál es el “aire” que está afectando al guardián de la persona que enfermó e invitarlo a que lo abandone.

En el manuscrito maya colonial conocido como Ritual de los Bacabs (Roys, 1965) aparecen fórmulas y ensalmos destinados a identificar y ofrendar a los “aires”, lo que da cuenta del carácter prehispánico de la práctica. Si bien los conquistadores españoles poseían también un conocimiento cultural respecto de la relación de los aires con las enfermedades, la concepción mesoamericana es previa a dicha influencia colonial (López Austin, 1972).

Al abandonar el cuerpo humano, el “aire” expulsado puede llevarse consigo al ah canul enfermo, que es reemplazado por un alter ego sano, restituyendo así la salud a su propietario, pero se corre el riesgo de que el cambio afecte definitivamente el comportamiento del individuo.

Ninguna persona puede actuar sobre su (o sus) ah canul, sólo el h-men, quien es intermediario entre el enfermo y las entidades potentes de la naturaleza, puede establecer dicha conexión, aunque él mismo no puede actuar sobre sus propios guardianes y los “aires” que los afecten, por lo que debe recurrir a otro especialista ritual para que lo cure.

Los k’ex de menor importancia pueden ser realizados por diferentes personas que no son especialistas. Éstos son lohi, “bendiciones”, e implican actos de agradecimiento a hahal Dios, que se hacen para la milpa, para la protección del ganado, loh corral, o para la protección de las cartucheras durante la cacería del venado, hats’ pach. Al nacer un niño, se realizan varios k’ex para su salud y la de su madre.

El primero, que se conoce como mambi k’ex, “cambio comprado”, lo efectúa la partera que trae el niño al mundo, entregando ofrendas en el altar familiar. Después los parientes del niño llevan a cabo un segundo k’ex, matando un pollito sobre la cabeza del infante. Una vez que las potencias extrahumanas se han alimentado con la esencia vital del ave, su carne puede ser comida por todos los participantes.

Más tarde se hace un tercer k’ex para la parturienta, en el cual un h-men mata una gallina sobre la cabeza de la mujer para que se lleve todos los “malos aires” que puedan estar acechando a la paciente, aprovechándose de su debilidad. En general, todos los rituales que requieren purificación son k’ex que van acompañados de una “limpia”, para la cual se utilizan ramas del arbusto llamado sipche’, mojadas en agua y cambiadas cada vez que se ha extraído un “aire” específico, con las que se hacen cruces sobre el cuerpo.

Para leer más...
Bartolomé, Miguel, La dinámica social de los mayas de Yucatán. Pasado y presente de la situación colonial, Colección Presencias, Conaculta/inah, México, 1988.
López Austin, Alfredo, “El mal aire en el México prehispánico”, en Religión en Mesoamérica, XII Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología, México, 1972.
Roys, Ralph, Ritual of the Bacabs, Norman, Oklahoma, 1965.

Alicia M. Barabas. Licenciada en Ciencias Antropológicas por la Universidad de Buenos Aires. Maestra y doctora en sociología por la UNAM. Profesora investigadora emérita del INAH. Investigadora nacional nivel III, SNI-CONACYT.