• sábado, 20 de octubre de 2018

Arqueología de Cuicuilco. Ayer y hoy

Felipe Ramírez

El conocimiento sobre esa población del Preclásico se ha generado de manera lenta, como consecuencia de las condiciones generadas por la erupción del volcán Xitle. No obstante, en este artículo se resumen de manera general las investigaciones relacionadas con Cuicuilco hasta este nuevo siglo, y se abordan los diversos enfoques en esos estudios.

 

Los primeros acercamientos a Cuicuilco

Han pasado ya 95 años desde la primera intervención arqueológica en Cuicuilco, hecha por Byron Cummings, decano de la Universidad de Arizona, cuyos trabajos aportaron información relacionada con la naturaleza del montículo conocido en ese momento como San Cuicuilco. En las exploraciones de 1922 Cummings pudo establecer que esa elevación era una construcción de hace algunos milenios, cuya liberación aportó información nueva sobre las culturas llamadas en ese momento de los Cerros o del Pedregal (en el periodo que después se llamó Preclásico), las cuales se consideran como anteriores a la era cristiana. Como parte de los hallazgos más relevantes, además de la naturaleza artificial de la Pirámide de Cuicuilco (Cuicuilco A), entre 1924 y 1925, Cummings recuperó los dos famosos dioses del fuego y descubrió cinco altares de forma oval en la cima del Gran Basamento, uno de cantos roda- dos y bajo él cuatro de arcilla, cubiertos con cinabrio. De igual forma, además de liberar tres cuartas partes de la pirámide (fachadas oriente, sur y poniente), Cummings estableció tres grandes etapas constructivas para el Gran Basamento, dos accesos en forma de rampa –uno al oriente y otro al poniente–, y observó varias características, entre ellas: que su núcleo era de tierra y que la fachada estaba recubierta de lodo. Además de lo anterior, descubrió una estructura circular, al sur del Gran Basamento, a la que por sus características denominó “kiva”, ya que pensó que era similar a las construcciones hechas en el suroeste de los Estados Unidos. Esta estructura fue construida con una serie de lajas en forma circular (similar al cono de un volcán), cuyo interior en ese momento no fue excavado por Cummings.

Tiempo después, en 1939, Eduardo Noguera se propuso realizar un estudio estratigráfico y comenzó a excavar varios túneles al noroeste del Gran Basamento, donde descubrió más de 12 esqueletos. Entre éstos destacan los recuperados al norte de la alfarda de la rampa del acceso principal, ubicada al poniente de la construcción; aquí observó restos humanos que consideró que no era conveniente recuperar en ese momento; destaca además la escasez de cerámica. En otro de los túneles encontró un entierro con muchos fragmentos de vasijas. El hallazgo de los entierros provocó que Noguera abandonara la idea original de un estudio estratigráfico para dedicarse a la recuperación de los restos humanos. Noguera también realizó un sondeo al centro de la estructura circular (la kiva) que Cummings había encontrado en 1924-1925 (al sur del Gran Basamento). Descubrió que las
paredes de las lajas
contenían restos de pintura roja, por lo que decidió
excavarla por completo. Encontró que las lajas estaban empotradas en el piso de manera cóncava y casi cubrían el monumento en forma de volcán, que su planta era circular y que los dibujos pintados en rojo eran geométricos, tal vez de carácter simbólico, aunque no dio más detalles. Para saber si el monumento sirvió de tumba, excavó dentro de la cámara y vio que el piso estaba limpio, sin ningún tipo de sepultura u otra estructura anterior. Aunque se considera que la kiva corresponde a la época de Cuicuilco, en un informe Noguera mismo aseguró que esta edificación fue construida sobre la capa de lava, por lo que sería posterior a la erupción del Xitle.

Otra de las excavaciones realizadas por Noguera se centró en la cima del Gran Basamento, justamente en el área de los altares descubiertos por Cummings. Aunque no lo menciona, al parecer Noguera desmontó el altar de cantos rodados y realizó una excavación donde descubrió un altar de arcilla compactada y cubierto de cinabrio, así como una subestructura de otro altar, también de arcilla compactada, más abajo de este último. Después de sus trabajos, Noguera reconstruyó el altar de cantos rodados, cubrió el altar de arcilla compactada cubierto con rojo y los techó de manera improvisada para su protección. En ese mismo momento, y junto con Noguera, Ignacio Marquina excavó un túnel al sur del Gran Basamento (en dirección norte-sur) con la idea de conocer los sistemas constructivos y estructurales; por ejemplo, que la pirámide fue edificada en círculos concéntricos utilizando grandes piedras de hasta dos metros de altura por uno de ancho, las cuales fueron empotradas en el piso y sirvieron para evitar el deslave del núcleo de barro con que está hecha.

 

Cuicuilco no sólo era una pirámide

A principios de los cincuenta del siglo pasado, Eric Wolf y Ángel Palerm, dos estudiosos de los sistemas de riego en la época prehispánica, en sus recorridos por la zona del Pedregal dieron cuenta de la presencia de concentraciones importantes de cerámica, de algunos montículos artificiales y de restos de construcciones que una cantera, llamada en ese entonces de Peña Pobre, dejó al descubierto. Esto despertó el interés de Robert F. Heizer y James A. Bennyhoff, en 1957, por explorar el espacio ubicado a 400 m al poniente de la pirámide de Cuicuilco, y realizaron una breve temporada de campo del 28 de mayo al 8 de junio. En estos trabajos reportaron cuatro montículos artificiales (las estructuras C y IV, ya destruidas, además de la VIII y IX, que aún se conservan), cuya cima no fue cubierta por la lava. Al percatarse de que correspondían temporalmente a épocas anteriores a la era cristiana, propusieron que tanto esas estructuras como la pirámide principal formaban parte del mismo sitio, por lo que a este espacio lo llamaron Cuicuilco B. Entre los principales aportes del estudio de Heizer y Bennyhoff destacan: que la Estructura IX (llamada por ellos Montículo 1) fue hecha únicamente de arcilla, de forma ovalada, con una fachada norte escalonada y que la estructura entera fue agrandada por lo menos siete veces. La Estructura VIII (Montículo 1A o 2) fue agrandada tres veces, tiene un núcleo de tierra revuelta con cerámica, es cuadrada y fue revestida con basalto en todas sus etapas constructivas. Aunque la llamada Estructura IV (Montículo 3, hoy destruido) no fue excavada por ellos, sí establecieron que tan- to la cerámica como su fachada son muy parecidas a las de la Estructura IX. La última de las estructuras intervenidas por ellos fue la C (Montículo 4), la cual parece haber sido agrandada dos veces; su núcleo era de arcilla y detectaron la presencia de varios objetos cruciformes como ofrenda en dos entierros. El mayor aporte de este estudio fueron los fechamientos por carbono 14, los cuales establecieron con más detalle la cronología de Cuicuilco, sobre todo entre el Preclásico Medio y Terminal (700 a.C. a 250 d.C.).

Otras siete estructuras descubiertas después de que se dejó de explotar el espacio de Cuicuilco B, en los años sesenta. Aunque el mismo Bennyhoff regresó a trabajar en 1961 otra estructura (la Estructura I), y que lo mismo hicieran P. y R. Kroster en 1962, sus estudios nunca fueron publicados. Sólo hasta que el espacio de Cuicuilco B fue designado por el gobierno federal para construir ahí la Villa Olímpica, para los Juegos Olímpicos de México 68, el INAH intervino por fin en un salvamento arqueológico. Roberto Gallegos y un equipo integrado por Florencia Müller, Ponciano Salazar y Roberto Jiménez Ovando, entre otros, recuperaron información de los montículos que no serían destruidos (estructuras II, VI VIII y IX) y de los que serían arrasados (estructuras I, III, IV, V, VII y plataformas N, A, A-1, B y C). En esta intervención, además de obtener datos relacionados con la funcionalidad de los edificios, etapas y sistemas constructivos, entierros, ofrendas y formaciones troncocónicas, los trabajos permitieron conocer el tamaño y la importancia de Cuicuilco, ya que hasta ese momento sólo se había explorado parte de lo que se conoce como el espacio ritual y administrativo.

Los trabajos de Sanders, Parsons y Santley permitieron conocer la importancia de Cuicuilco. Los estudios mostraron que esa población fue diferente de las del Preclásico de la Cuenca de México, y los trabajos de patrón de asentamiento lo hacían aún más patente. En su reconocimiento de sitios contemporáneos de Cuicuilco, sólo en un asentamiento se observaban características similares: Teotihuacan. Sólo en esta última población se apreciaba arquitectura a gran escala y en gran número, sólo ahí se ocupaba una gran extensión de terreno. Aunque el territorio de Cuicuilco fue cubierto en gran parte por la lava del Xitle, se infiere que abarcó más de lo que se preservó y de lo que se percibe en la actualidad.

 

Felipe Ramírez. Doctor en estudios mesoamericanos. Director del Proyecto Arqueológico Cuicuilco. Trabaja en la Dirección de Estudios Arqueológicos, INAH.

 

Ramírez, Felipe, “Arqueología de Cuicuilco. Ayer y hoy ”, Arqueología Mexicana núm. 151, pp. 28-33.

 

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