• viernes, 19 de octubre de 2018

Arte rupestre en el estado de Hidalgo

Carmen Lorenzo Monterrubio

Además de figuras humanas y de animales, y en ocasiones de plantas, los motivos rupestres que se encuentran con mayor frecuencia en cuevas o abrigos rocosos del estado de Hidalgo son elementos astronómicos, como soles, lunas y estrellas, lo que nos indica claramente la preocupación del hombre por observar y registrar aquellos fenómenos celestes que influían directamente en su vida diaria, y cuya normalidad aseguraba una vida regular y, por ende, la sobrevivencia del grupo.

 

Luego a la entrada de esta sierra está una, que dió harto que pensar a los que vieron por estar señalada con la señal de salud, que es el Tao tan bien cortado y en una punta tan elevada, que no parece que la pudieron labrar otros que los ángeles; a su lado está una Luna de la misma obra...

Juan de Grijalva, Crónica de la Orden de N.P.S. Agustín...

 

Es así como el cronista Juan de Grijalva hace una de las primeras referencias a pinturas rupestres en el estado de Hidalgo, específicamente en la región de Metztitlán, donde en una peña se observaron una cruz y una luna, lo cual fue motivo de exaltación de los primeros frailes agustinos que llegaron a la zona en el año de 1536.

Tanto las pinturas rupestres como los petrograbados o petroglifos (unas y otros formas de expresión que conforman el llamado arte rupestre) se encuentran profusamente en el actual territorio hidalguense. Generalmente relacionamos estas manifestaciones con grupos que habitaron el norte del país; sin embargo, en el centro también están presentes, y se caracterizan por una gran cantidad y diversidad de motivos.

En el estado de Hidalgo, las pinturas rupestres están generalmente asociadas a cuevas o abrigos rocosos, lugares que debieron de ser sagrados o bien servir como sitios de habitación o refugio. Es frecuente la relación de las pinturas con alguna fuente de agua, como arroyos, ríos o lagunas, lo que nos permite suponer que los grupos que las realizaron buscaban lugares con abundantes recursos. También es común que las pinturas se localicen en peñas y formas rocosas. Los municipios en que hay gran cantidad de pinturas rupestres son: Huichapan, Tecozautla, Alfajayucan, Metztitlán y Tepeapulco, aunque también se encuentran en Ajacuba, Actopan, Agua Blanca, El Arenal, Atotonilco de Tula, Cardonal, Cuautepec, Chapantongo, Epazoyucan, Huasca, Ixmiquilpan, Juárez Hidalgo, Metepec, Metzquititlán, Progreso, San Salvador, Santiago de Anaya, Santiago Tulantepec, Tepeji,å Tepetitlán, Tezontepec de Aldama, Tlahuiltepa, Tulancingo, Zacualtipán y Zimapán. Fue sólo en los municipios de la región de la Huasteca hidalguense donde no se localizó este tipo de expresión artística.

Los petrograbados, por su parte, se localizan en su mayoría asociados a sitios arqueológicos, lo que nos sugiere que fueron elaborados por los grupos que habitaban esos sitios en un determinado momento. Sin embargo, también encontramos petrograbados en lugares aislados. Municipios como Acatlán, Huazalingo, Metztitlán, Mixquiahuala, Tepeapulco, Tepeji del Río, Tula y Tulancingo presentan esta forma de arte rupestre.

La elaboración de pinturas rupestres requirió de un buen conocimiento de las materias primas minerales, vegetales y animales, de su forma de extracción u obtención y de su mezcla para la aplicación sobre la piedra. La tecnología, a pesar de ser sencilla, fue eficaz para hacer perdurar los motivos hasta nuestros días. Es seguro que se usaron pinceles, huesos planos, lajas de piedra a manera de espátulas y, en algunos casos, andamios para pintar los techos de los abrigos rocosos. Los colores más frecuentemente utilizados fueron el blanco y el rojo (obtenidos posiblemente de cal o ceniza volcánica solidificada y de óxidos minerales, respectivamente), aunque en ciertos lugares del estado encontramos policromía.

Por otra parte, para realizar los petrograbados o petroglifos seguramente se golpeó la piedra con una especie de cincel o martillo de un material pétreo de mayor dureza, y se emplearon técnicas de incisión o punteado para lograr así los motivos deseados. Muchos de éstos muestran la importancia de la observación y el registro de fenómenos y cuerpos celestes, que marcaban ciclos agrícolas y calendáricos precisos.

 

Motivos Rupestres

Los motivos rupestres se presentan tanto en conjunto como de manera aislada, y sus dimensiones varían de escasos centímetros a algunos metros. Suelen ser de dos clases: 1) de carácter geométrico o abstracto, y 2) de carácter naturalista. En el primer rubro se incluyen, como su nombre lo indica, formas geométricas como círculos, cuadrados, rectángulos, líneas, puntos, etc., y el segundo comprende figuras de hombres, animales, plantas y cuerpos celestes, entre otros.

Los motivos rupestres que se repiten con mayor frecuencia son los elementos astronómicos, como soles, lunas y estrellas (representadas a través de puntos), lo que nos indica claramente la preocupación del hombre por observar y registrar aquellos fenómenos celestes que influían directamente en su vida diaria, y cuya normalidad aseguraba una vida regular y, por ende, la sobrevivencia del grupo.

Otros elementos que se repiten son las figuras humanas, diversas en su trazo y estilo. Generalmente son figuras esquematizadas, en las que se delinea el cuerpo humano a través de líneas simples. Se representan tanto de manera aislada o individual como en conjunto, y son en su mayoría de sexo masculino. En pocos ejemplos se revela cierta animación, ya que el estilo es en general estático. Las actitudes que presentan las figuras son muy variadas: de adoración, con los brazos extendidos hacia arriba; de guerra, con hombres que portan escudos, flechas o lanzas; de caza, en las que los hombres apuntan a venados con arcos y flechas; de ceremonias o festividades, como las de hombres con instrumentos musicales (por ejemplo, tambores, sonajas y flautas), y de algún rito especial, como las que nos muestran hileras de hombres tomados de las manos. Existen, además, otras escenas en las que se incorpora la figura humana, como las de hombres que montan animales o presentan atributos animales, y algunas en que aparecen extremidades como brazos y piernas. Son frecuentes también las manos impresas de niños o adolescentes, que podrían indicar una especie de pertenencia al grupo o algún rito de iniciación.

De las formas animales, la que más se representa es la de los venados, que son en general objeto de cacería, es decir, están asociados a los cazadores. Sin embargo, la fauna es rica y variada, y está formada por serpientes, mariposas, peces, renacuajos, lagartijas, águilas, garzas, tlacuaches, armadillos, conejos, gatos monteses, ocelotes, coyotes y una extensa gama de animales o insectos raros. Estos elementos muestran la importancia que la fauna tenía en ese entonces, tanto para fines alimenticios como para elaborar vestidos de sus pieles y herramientas de sus huesos.

Aunque las representaciones de plantas no son frecuentes, no dejan de ser interesantes. Muestran el tallo y las hojas extendidas lateralmente o formando vainas y tal vez frutos, señalados por pequeñas volutas, todo lo cual seguramente estuvo relacionado con alguna ceremonia de fertilidad de la tierra. Los elementos cristianos, a pesar de ser poshispánicos, se incluyen dentro del arte rupestre. En este rubro se representan cruces asociadas generalmente a basamentos e iglesias.

 

Carmen Lorenzo Monterrubio. Arqueóloga egresada de la ENAH y pasante de maestría en historia de México por la UNAM. Investigadora del Centro de Investigación del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes del Estado de Hidalgo.

 

Lorenzo Monterrubio, Carmen, “Arte rupestre en el estado de Hidalgo”, Arqueología Mexicana núm. 36, pp. 60-65.

 

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