• 20-sep-2019

Chimalli. Escudos mexicas emplumados

María Olvido Moreno Guzmán, Renée Riedler, Melanie Ruth Korn y Laura Filloy Nadal

Los chimallis llegan a Europa

Desde que en 1518 Juan de Grijalva reportó la obtención de escudos en las costas del Golfo de México, el envío al Viejo Continente de esos objetos en los años subsecuentes fue frecuente. Centenares de piezas emplumadas –penachos, capas, mantas, abanicos y divisas– llegaron a Europa como regalo y muestra de las “rarezas” de América. Destacan decenas de escudos o rodelas con diseños de monstruos, hombres, cabezas, serpientes, águilas, mariposas, abejones y flores. En un lapso de seis años (1519- 1524) se documentó el traslado de 184 rodelas, de las que sólo se han conservado cuatro. Su destrucción se debe a que se elaboraron con materiales orgánicos perecederos y a que combinaban figuras, lazos, bandas y caracolas hechas de oro, metal codiciado por los conquistadores y que era extraído para ser fundido.

Por un lado, Hernán Cortés consideró que estas piezas eran dignas de su emperador Carlos V y de su corte, de obispos, cardenales, almirantes, comendadores, condes, iglesias y monasterios, y a ellos las destinó. Por el otro, en el contexto de la conquista y del discurso triunfalista de los soldados españoles, se destacan dos aspectos: por un lado la similitud práctica de los chimallis con los escudos metálicos y adargas de piel usados por los hispanos; y por el otro, el éxito de una empresa que, por medio de la violencia simbólica, hacía alarde del despojo impuesto a los ejércitos indígenas vencidos. Los locales no sólo perdieron sus armas defensivas, sino que éstas, al ser exportadas masivamente, fueron tomadas como estandartes que representaban la rendición del imperio de Moctezuma.

Los cuatro chimallis emplumados en la actualidad

A la fecha se conocen cuatro chimallis emplumados que en el siglo XVI se encontraban en Europa y que en el curso del tiempo han recibido diferentes nombres. La información sobre sus trayectorias es parcial, se desconocen las fechas, los nombres de las embarcaciones, rutas y puertos de su llegada a Europa. Actualmente se encuentran en museos públicos. En un primer acercamiento, la percepción probable de los cuatro escudos es que son ligeros y un tanto frágiles, dado su espesor (2.5 cm en promedio), poco peso y materiales de origen orgánico. A pesar de que guardan similitudes en la decoración, técnicas, formales y estructurales, sus diferentes calidades no nos permiten afirmar que fueron elaborados por el mismo grupo de especialistas.

¿Cómo se hicieron los chimallis emplumados?

El estudio interdisciplinario de los chimallis nos permite comprender con qué y cómo se elaboraron. Primero fue necesario armar un soporte cuyas dos esteras están conformadas por centenares de finas varillas de otate (bambú mexicano) que se unían entre sí con fibras de agave. Una vez que se recortaba en círculo (en promedio 70 cm de diámetro, suficiente para cubrir el brazo flexionado de un hombre adulto), la doble capa se reforzaba con cuatro travesaños de la misma planta y se ajustaba con tiras de piel de venado cosidas alrededor. Para los tensores, empuñaduras, abrazaderas y percha se añadían fragmentos de piel, a veces combinados con fibras vegetales.

 

María Olvido Moreno Guzmán. Restauradora y doctora en historia del arte. Titular del seminario “Plumaria de México: arte y tecnología” en la UNAM. Desde 2014 forma parte del proyecto de investigación “Estudio integral del chimalli mexica del siglo XVI”.

Renée Riedler. Maestra en estudios literarios e historia del arte por la Universidad de Viena, y en conservación y restauración por la Academia de Bellas Artes de la misma ciudad. Realizó el estudio y restauración del escudo del Cánido Emplumado.

Melanie Ruth Korn. Maestra en conservación-restauración por la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berlín, Alemania.

Laura Filloy Nadal. Restauradora por la Escuela Nacional de Conservación, así como una maestría y un doctorado en arqueología por la Sorbona de París. Trabaja en el Laboratorio de Conservación del Museo Nacional de Antropología.

 

Moreno Guzmán, María Olvido et al., “Chimalli. Escudos mexicas emplumados”, Arqueología Mexicana, núm. 159, pp. 54-58.

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