• 11-dic-2019

El ámbar de Chiapas una gema con historia

Lynneth S. Lowe

A lo largo de la época prehispánica el ámbar fue un producto mineral sumamente valorado en la elaboración de ornamentos. Se trata de una gema de origen orgánico, producto de la fosilización de una resina vegetal ocurrida durante más de veinte millones de años en las tierras altas del norte de Chiapas.

 

El ámbar es una resina fósil de gran transparencia y brillo cuyos únicos yacimientos conocidos en Mesoamérica se localizan en las tierras altas del norte y centro de Chiapas. Desde la época prehispánica fue sumamente apreciado para la elaboración de ornamentos y en los intercambios comerciales; según las evidencias arqueológicas y la información registrada en las fuentes históricas, llegó a regiones lejanas como el Altiplano Central, Oaxaca la costa del Golfo, la región zoque del occidente de Chiapas y el área maya.

 

Los yacimientos de Chiapas

Aunque hay yacimientos en otras partes del mundo, el ámbar de Chiapas presenta características especiales. En su estado natural aparece en forma de nódulos de color amarillo, rojizo o dorado, dentro de estratos de areniscas calcáreas marinas y capas de lignito en formaciones geológicas correspondientes a la parte final del Oligoceno y principios del Mioceno, con una antigüedad de 22.5 a 26 millones de años. Se ha determinado que su origen paleobotánico fue la resina de una leguminosa del género Hymenaea, ancestro del árbol conocido localmente como guapiñol.

Para que una resina se transforme en ámbar son necesarios diversos factores. En primer lugar, al ser cubierta rápidamente por la vegetación y el suelo, resiste a la descomposición producida por el sol, la lluvia, el aire, las temperaturas extremas y los microorganismos. Después de millones de años, la resina se endurece y los aceites esenciales se reducen, y se convierte en ámbar.

Los yacimientos explotados en la actualidad se localizan en zonas de barrancas que se deslavan periódicamente con las lluvias, con lo cual quedan expuestos los estratos ambaríferos. Especialmente famosa por su producción es la región de Huitiupan-Simojovel, en las montañas del norte de Chiapas. Otra fuente importante se localiza en Totolapa, en el descenso hacia la Depresión Central, y se han reportado más yacimientos en Ostuacán  y Mal Paso, hacia el occidente. Hoy en día los amuletos de ámbar se siguen utilizando en forma tradicional entre diversos grupos indígenas de la región para proteger a los niños contra el “mal de ojo”, aunque durante la época colonial su función primordial era la confección de rosarios.

Respecto a los yacimientos, resulta de interés el comentario de fray Francisco Ximénez sobre la piedra de ámbar en su Historia Natural del Reino de Guatemala, redactada en Sacapulas en 1722:

Esta que entre españoles se llama reuma la hay en la América. Es mineral, de adonde se saca, o cantera. Y la hay en aqueste Reyno de Guatemala en la Provincia de Chiapa en un pueblo llamado Totolapa, y entiendo que la hay en Chiapa de Indios. Lábrase muy bien por aquellos indios, de que hacen rosarios, y ymagines [imágenes], y muchas curiosidades, y guele mucho, en especial en refregándolo que se caliente, y entonces levanta una paxa en alto.

En este caso Ximénez se refiere al yacimiento de Totolapa; es posible que efectivamente existiera algún tipo de control de la explotación del ámbar de esta fuente por parte de la antigua capital chiapaneca. Destaca la completa integración del ámbar al culto cristiano en la época colonial pues con él se elaboraban rosarios e imágenes, y se le reconocía la capacidad de adquirir una carga eléctrica por frotación.

 

El ámbar en la época prehispánica

 Sin duda la descripción más completa que ha llegado hasta nosotros acerca del ámbar prehispánico es la registrada por fray Bernardino de Sahagún hacia mediados del siglo XVI en el Códice Florentino,  su magna obra bilingüe:

El ámbar desta tierra se llama apozonalli. Dícese desta manera porque el ámbar desta tierra o estas ansí llamadas son semejantes a las campanillas o enpollas del agua cuando las da el Sol en saliendo, que parece que son amarillas claras, como oro. Estas piedras hállanse en mineros en las montañas. Hay tres maneras destas piedras: la de una manera dellas se llama ámbar amarillo. Estas parecen que tienen dentro de sí una centella de fuego. Son muy hermosas. La segunda manera se llama quetzalapozonalli. Dícese desta manera porque son amarillas, con una mezcla verde claro. La tercera se llama iztacapozonalli. Dícese así porque son amarillas blanquecinas. No son transparentes ni son muy preciosas.

En una de las imágenes que ilustra el texto se representó una piedra de forma circular, a la cual se le agregó en la parte superior una corriente de agua, característica de la iconografía nahua, con pequeños caracoles y chalchihuites en los extremos.  Representaciones similares aparecen en la Matricula de Tributos y  en la segunda parte del Códice Mendocino, en la lámina correspondiente al Soconusco; ésta era la única provincia que tributaba ámbar en bruto al imperio mexica, cada año dos piezas grandes “de ámbar claro, del tamaño de un ladrillo”, además de dos bezotes largos engastados en oro. Otras provincias que tributaban estos adornos eran Cotaxtla y Tuxtepec, que posiblemente las conseguían, a su vez, por medio de intercambios.

De acuerdo con las evidencias arqueológicas, la pieza de ámbar más antigua procede del sitio olmeca de La Venta y está fechada hacía 700 a.C. Sin embargo, es durante el periodo Posclásico (900-1521 d.C.) cuando se observa una distribución más extensa del uso de esta resina fósil en Mesoamérica, que abarca desde el Centro de México hasta la península de Yucatán y las tierras altas de Guatemala.

 

Lynnerh S. Lowe. Arqueóloga por la ENAH y maestra en estudios mesoamericanos por la UNAM. Investigadora del Centro de Estudios Mayas de la UNAM y profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad.

 

Lowe, Lynnerh S., “El ámbar de Chiapas una gema con historia”, Arqueología Mexicana núm. 74, pp. 66-69.

 

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