• martes, 18 de septiembre de 2018

El calendario ritual y la astronomía

Mis investigaciones acerca del significado de las fiestas del calendario mexica me han llevado a proponer que existía una correspondencia entre el año trópico, los ciclos naturales y los ritos mexicas. Las crónicas del siglo XVI nos brindan abundantes testimonios al respecto. Hay que concluir, por lo tanto, que si existía tal relación (la función del culto consistía precisamente en reforzarla), entonces debe de haber existido algún método, aún desconocido, para mantener el calendario en concordancia con el año solar. La correlación con el año cristiano que da Sahagún para los meses mexicas permite establecer esta correspondencia entre los ciclos naturales y las fiestas.

La interpretación presentada aquí se basa en Sahagún. Sin embargo, subsiste entre los estudiosos un problema polémico y no resuelto respecto de si se hacían o no correcciones periódicas en este calendario ritual, y de qué manera se mantenía la concordancia de las fiestas con el año trópico.

La observación del curso anual del Sol era la base del calendario y de la astronomía prehispánicos. Así, es posible establecer una cierta relación simbólica entre los fenómenos solares y las fiestas mexicas que caían en los equinoccios (tlacaxipehualiztli, ochpaniztli), los solsticios (atemoztli, tecuilhuitontli) o los pasos del Sol por el cenit (tóxcatl, huey tecuílhuitl). Sin embargo, no debemos ver una correspondencia directa o un reflejo automático de los eventos astronómicos en los ritos. La relación era más compleja: era dialéctica y de un simbolismo exuberante. Además del referente solar, la estructura del calendario festivo se derivaba de los ciclos estacionales y agrícolas. La división dual del año en estación seca (tonalco) y de lluvias (xopan) era fundamental. Las ceremonias de los dioses de la lluvia y de las deidades del maíz y de la tierra constituían el ciclo calendárico básico.

Mesoamérica se encuentra en la latitud tropical donde el Sol pasa dos veces al año por el cenit (la latitud respectiva), en su camino aparente hacia el Trópico de Cáncer (23° 27’ N) y al regreso de él. Al respecto, los antiguos nahuas decían que el Sol entraba al Mictlan, la morada de los muertos, situada “al norte”. Sólo en el periodo comprendido entre los dos pasos del Sol por el cenit, el astro pasa a estar al norte a mediodía, y no al sur como durante el resto del año.

Del paso del Sol por el cenit depende también el fenómeno climatológico de la estación de lluvias. El primer paso cenital anuncia en Mesoamérica que pronto caerán las lluvias, las que, a su vez, son la condición necesaria para iniciar la siembra del maíz. Este vínculo causal encontró su expresión en el mito y el ritual, en ceremonias relacionadas con el agua y el maíz.

 

Tomado de Johanna Broda, “Ciclos de fiestas y calendario solar mexica”,  Arqueología Mexicana núm. 41, pp. 48-55.

 

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