• 18-sep-2020

El fresco teotihuacano

Diana Magaloni Kerpel

Técnicas de la pintura mural en Mesoamérica

Un tipo especial de fresco

Los artistas de Teotihuacan, como los de casi toda el área mesoamericana, conocían muy bien cómo trabajar la cal. Aquello que los distingue, sin embargo, es el uso de ciertos minerales –como el tezontle, el cuarzo volcánico y las arcillas–, los cuales, al ser combinados con la cal mejoran la calidad material de sus pinturas, creando así una manera particular de pintar al fresco. La técnica al fresco –empleada también por los antiguos griegos y romanos, por los pintores renacentistas y manieristas italianos, y por algunos muralistas mexicanos en el siglo XX– es considerada como el paradigma técnico en pintura mural. Una pintura al fresco no contiene ningún tipo de materia orgánica que sirva de aglutinante a los pigmentos. Para que el diseño pueda llevarse a efecto, éstos se aplican suspendidos en agua sobre un enlucido de cal que esté húmedo. El enlucido es la última capa o estrato que se aplica al muro; es el que recibe a la pintura y, por lo tanto, le imprime sus cualidades de textura y color. Los colores quedan fijos porque el líquido que permanece dentro del enlucido busca un frente de evaporación; al llegar a la superficie el agua se evapora, pero el hidróxido de calcio contenido en ella se deposita en la superficie y comienza a reaccionar con el bióxido de carbono del aire, hasta construir una red microcristalina de carbonato de calcio. La capa pictórica que resulta de este proceso consiste en partículas de pigmento rodeadas por cristales de carbonato de calcio, de ahí su excepcional durabilidad.

Los pintores teotihuacanos fueron encontrando, a través de los años, una manera ideal de trabajar sus soportes de cal para pintar al fresco. En efecto, los estudios por microscopía electrónica de barrido –hechos en colaboración con el doctor R. Siegel y con el microscopista R. Lee, en el Argonne National Laboratory– muestran que durante los 750 años de realización continua de pintura mural en la gran Teotihuacan, se dio un proceso de experimentación incesante. Las pinturas de los primeros tiempos, alrededor del 200 d.C., presentan soportes de cal con una tecnología muy simple, que utiliza como material de carga trozos compactos de cal y, eventualmente, algunas arenas duras –como feldespatos. A partir de 350 d.C. el empleo del cuarzo volcánico refleja un avance sustancial en la técnica, la cual va perfeccionándose hasta llegar a su punto más alto en calidad, hacia el 500 d.C. Por una parte, y en virtud de su morfología, estas arenas de cuarzo volcánico son capaces de repartirse en la matriz de cal como si tejiesen una estructura, otorgando gran resistencia mecánica y dureza a los enlucidos; por otra parte, son minerales translúcidos y semicristalinos que reflejan la luz, lo cual proporciona a los frescos teotihuacanos su gran luminosidad.

Los fresquistas supieron, además, perfeccionar el proceso de bruñido y pulimento de los soportes y de las capas de color. Antes de pintar, a los enlucidos húmedos se les aplicaba una fina capa de arcilla blanca, generalmente mezclada con mica y haloisita, las cuales cumplen dos funciones técnicas de importancia para el fresco. En principio, las arcillas permiten el bruñido de las superficies por ser partículas de forma laminar que tienen la capacidad de resbalar una sobre otra. Con ello, se logra la uniformidad y lisura características de los murales. Asimismo, por su gran capacidad de absorción de agua, ayudan a prolongar el tiempo de ejecución del pintor, manteniendo la superficie del enlucido con la humedad requerida, es decir, “fresca” –de ahí el término que define a esta pintura. Adicionalmente, este proceso de compactación de arenas y enlucidos mediante la acción de bruñir, genera una superficie óptima para pintar. (Vitruvio, en el Libro VII de la Arquitectura, recomienda a los pintores de frescos pulir los soportes para dar vigor y brillo al color; utiliza el símil de los espejos de plata para explicar el efecto que ello tiene: el espejo de lámina delgada –comenta– producirá un reflejo con poca definición, mientras que aquel con el suficiente espesor, puede ser bruñido de forma que refleje las imágenes con exactitud y luminosidad.) En resumen, los frescos teotihuacanos logran la calidad compacta y lustrosa de su policromía, que es el soporte material de su expresión artística, sobre la base de una técnica al fresco que utiliza el principio de bruñir los estratos de soporte y la capa pictórica utilizando arcillas y piedras duras para el efecto, así como mediante morteros y enlucidos de cal y cuarzo volcánico.

 

Diana Magaloni Kerpel. Restauradora de la Escuela Nacional de Restauración, Conservación y Museografía del INAH, investigadora del IIE de la UNAM.

Magaloni Kerpel, Diana, “Técnicas de la pintura mural en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana, núm. 16, pp. 16-23.

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