• martes, 20 de noviembre de 2018

El Tajín

Rex Koontz

El Tajín llegó a albergar entre 5 000 y 20 000 habitantes. Su centro urbano estaba conformado por un conjunto monumental de pirámides, juegos de pelota y palacios que ocuparon el 10 por ciento de su superficie. En ese centro urbano se llevaban a cabo grandes rituales y demás acontecimientos colectivos que permitían a la comunidad congregarse y reconocerse a sí misma.

 

Al mencionar El Tajín, situado en las laderas norcentrales de las tierras bajas de Veracruz, lo primero que nos viene a la mente es la Pirámide de los Nichos más que la ciudad. El sitio llamó la atención de los estudiosos; a finales del siglo XVIII se publicaron por primera vez imágenes de la Pirámide de los Nichos, reconocida por sus bellas proporciones y finos acabados. Durante el siglo xix, quienes visitaron el sitio quedaron tan sorprendidos por la belleza del monumento que prestaron poca atención a los numerosos montículos que lo rodeaban. También los antiguos habitantes del lugar, sin duda, debieron haber mostrado reverencia por esta joya arquitectónica, dándole un lugar preponderante y de ricos significados –pero siempre dentro de un complejo de edificios, arte público y vida urbana que nosotros apenas comenzamos a entender.

La más importante adición al acervo arquitectónico de El Tajín se dio con el descubrimiento de las canchas para el juego de pelota. La gran cantidad de canchas (11 en el centro de la ciudad y seis más en áreas adyacentes) y su rica decoración (numerosos tableros y otras esculturas) parece indicarnos que el juego fue parte integral de la vida de la ciudad en su periodo de apogeo (600-1000 d.C. aproximadamente). Los relieves de las canchas son tan detallados y escasos que su programa iconográfico se ha utilizado desde hace más de medio siglo para entender el juego de pelota y los rituales asociados a él en toda la zona del Golfo y áreas cercanas. Resalta, sobre todo, la información que ha logrado obtenerse de las representaciones de las canchas acerca de las esculturas llamadas yugos, hachas y palmas –aún rodeadas de misterio y de una deslumbrante belleza. Durante siglos, fueron utilizadas por las elites gobernantes del sitio en un complejo sistema de rituales, como las canchas mismas. Las esculturas dejaron de hacerse tras el colapso de El Tajín, después del año 1000 d.C., cuando los juegos de pelota del sitio fueron abandonados.

 

El centro urbano

 

Un visitante prehispánico, al acercarse a El Tajín en su época de esplendor, habría contemplado una ciudad de entre 5 000 y 20 000 habitantes que se extendía sobre más de 1 000 hectáreas. El centro urbano estaba conformado por un conjunto monumental de pirámides, juegos de pelota y palacios que ocuparon el 10 por ciento de su superficie. Fue en este centro donde se llevaban a cabo los grandes rituales y demás acontecimientos colectivos, que permitían a la comunidad congregarse y reconocerse a sí misma. Los espacios creados en las canchas y sus alrededores y en las bases de las pirámides fueron importantes lugares de convivencia del centro urbano y gran parte del arte estuvo relacionado con los rituales llevados a cabo en dichos espacios. Más adelante nos ocuparemos de algunos de esos espacios y de los rituales más importantes. Las suaves colinas de esta región de Veracruz permitieron a los urbanistas situar los edificios en distintos niveles, que oscilan entre los 140 y los 200 msnm. La división más importante del sitio es un enorme muro de contención que separa la parte baja del sur de la más elevada, al norte. La parte del sur estuvo abierta hacia la ciudad e incluye pirámides, juegos de pelota y plazas: fue el centro ceremonial público; en cambio, la parte elevada del norte, llamada Tajín Chico, fue de acceso más restringido y en ella estuvieron los palacios y edificios administrativos.

Traducción: Elisa Ramírez

 

Koontz, Rex, “El Tajín”, Arqueología Mexicana núm. 107, pp. 53-58.

 

Rex Koontz. Profesor asociado de la Universidad de Houston, Texas, donde imparte una cátedra de cultura visual latinoamerican y funge como investigador del arte y la civilización del México antiguo. Estudia el conjunto de objetos compuesto por yugos, hachas y palmas y su función en las culturas de la elite durante el Clásico en Veracruz.

 

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