El tesoro de Monte Albán. Oro. Pequeños pectorales

Alfonso Caso

“Pequeños pectorales (núms. 322-I y II y 238). El número 322-I representa a Tlaloc, dios de la lluvia. Sobre el rostro se ve la máscara, símbolo de la nube, que consiste en dos serpientes entrelazadas, pero que aquí ha quedado reducida a dos anillos alrededor de los ojos y las volutas en la nariz y sobre el labio superior.

Tlaloc lleva sobre la cabeza un gorro cónico (copilli), del que salen dos bandas con rosetas.Este tocado es extraordinario en Tlaloc, pues más bien pertenece a Quetzalcoatl y a los dioses asociados con él, por ejemplo, los del pulque; puede tratarse entonces de un estilo local, que sería interesante investigar. Como adornos lleva unas orejeras redondas y un collar con esferitas que representan cascabeles de oro.

Como el gran pectoral número 26, éste, lo mismo que los otros dos que estamos describiendo, tiene abajo dos plaquitas rectangulares, pero sin ninguna decoración.

El número 322-II representa un tigre y, exceptuando la cabeza del animal, es por lo demás idéntico al que acabamos de describir.

El número 238 es probablemente un tlacuache (opossum), animal que representa a la tierra y tiene la misma forma y adornos que los otros descritos. Los tres pequeños pectorales formaban sin duda parte de un solo adorno.

Pendientes de faisanes y lunas (núms. 113 y 139). Pueden haber servido para llenar la parte hueca que dejan las orejeras en forma de carrete que encontramos en la tumba hechas de diversos materiales. Representan también cabezas de faisanes que salen de discos solares. De los picos cuelgan pendientes sostenidos por ganchos y no por argollas, lo que permitia quitarlos y usar las cabezas de faisanes sin este aditamento. En esos pendientes, la figura que está unida al gancho es la más importante y, según creo, representa la luna. De las figuras de lunas, en los adornos que estamos examinando, cuelgan dobles hileras de plumas, articuladas por medio de argollas, y, de las últimas, cuatro cascabeles también articulados.

Pectoral de varias secciones (núm. 167). Este gran pectoral, formado por varias secciones fundidas y unidas entre sí por argollas de oro, es una de las piezas de la colección que une, a su belleza y exquisito trabajo de orfebrería, el interés científico que poseen los jeroglíficos que contiene y que, como vamos a verlo, es una muestra de la concepción cosmológica que tenían los antiguos mixtecos.

En la primera sección de este pectoral aparece representado un tlachtli o juego de pelota indígena,. En este juego de pelota hay dos dioses. Uno lleva en el tocado la venda de chalchihuites rematada con el pájaro estilizado, que es característica de los dioses solares y del fuego, mientras que el otro lleva una máscara bucal en forma de mandíbula descarnada. Ambos tienen en las manos pelotas de hule, y en medio de ellos se ve un cráneo humano con un agujero en el occipital y un cuchillo de piedra insertado en el hueco de la nariz, como el cráneo cubierto de turquesas que encontramos en la tumba y que es una representación de Tezcatlipoca. A ambos lados de las paredes del tlachtli, en el lugar en que generalmente se ven los anillos de piedra por los que se hacía pasar la pelota, encontramos dos cabezas de serpiente.

La segunda sección está constituida por el disco solar, pero rodeado de una corriente de sangre y con un cráneo en el centro.

La tercera sección está formada por un cuadrado dentro del que aparece un cuchillo de pedernal con ojos y mandíbulas, y del que salen llamas. El cuchillo de pedernal es una representación de la luna, como lo vemos en varios casos en el Vaticano B, el Códice Borgia y también en los frescos de Cempoala.

Por último, en la cuarta sección del pectoral vemos una figura con la boca muy abierta que representa a Tlaltecuhtli “el señor de la tierra”, que en los manuscritos y en las esculturas aparece como una figura fantástica de sapo, con la boca armada de dientes y las manos y pies de garras. Abajo de esta sección cuelgan cuatro rosetas terminadas en plumas, y unidas por medio de argollas a cascabeles esféricos que a su vez están unidos a cuatro largos cascabeles que rematan este bellísimo pectoral, que tiene en la parte superior un pequeño gancho de oro para suspenderlo.

Las representaciones que aparecen, de arriba abajo, significan, en consecuencia, el cielo de las estrellas, el sol, la luna y la tierra, es decir el orden del universo, tal como está explicado por ejemplo en el Códice Ríos. La pieza es un modelo de cómo una concepcion abstracta, cosmológica y religiosas, se puede expresar plásticamente, con el bello lenguaje de esta pequeña obra maestra.

 

Caso, Alfonso, “Oro”, Arqueología Mexicana, edición especial, núm. 41, pp. 24-25.