• lunes, 18 de junio de 2018

Indumentaria otopame en el Museo Nacional de Antropología

En el marco de una notable diversidad cultural, los textiles mexicanos poseen distintas formas expresivas, que cohesionan lazos culturales, históricos y económicos. Los elementos de la época prehispánica se transformaron después de la Conquista y la producción textil tuvo diversas adaptaciones e influencias en la manufactura. el uso y el simbolismo. Contactos, intercambios culturales y aspectos ideológicos se integraron a creencias y mitos en la elaboración, la producción y el uso de la vestimenta.

En algunas regiones aún se identifica la tradición atávica del arte textil, principalmente en las técnicas de elaboración de las fibras de algodón e ixtle, en el uso de algunos elementos tintóreos, así como en algunas formas y diseños. En el acervo etnográfico del Musco Nacional de Antropología se resguardan algunos ejemplos importantes; entre salas y anaqueles, las piezas conllevan la memoria tejida de muchas generaciones.

Entre esos textiles se encuentran los de la región otopame. La colección de textiles otopames del museo se comenzó a reunir en 1964, con cinco prendas: una faja, un tlacoyal, una camisa, un quechquémitl y un morral. Actualmente la colección llega a las 1 187 piezas, dentro de un contexto general de 11 842 piezas etnográficas tejidas, cantidad notable que habla de la trascendencia de los textiles en el museo. Como parte del acervo otomiano se encuentran ejemplos de vestimenta femenina, como quechquémitl, enredo, rebozo, enaguas, y masculina, como camisas y ayates. Entre los accesorios que complementan la vestimenta están los morrales, las fajas, los tlacoyales y algunas piezas de uso cotidiano como servilletas dechados, manteles y carpetas.

Las últimas investigaciones sobre la colección otopame fueron realizadas entre 1971 y 2003 por la maestra Beatriz Oliver, quien como etnohistoriadora comprometida con su trabajo sobre las culturas de México consignó parte de su experiencia en el Catálogo de las colecciones etnográficas del Museo Nacional de Antropología, en la parte sobre Textiles otomíes. elaborada en coautoría con Lydia Salazar. A manera de reconocimiento y dando continuidad a su trabajo, seguimos su labor basándonos en la minuciosa información contenida en el catálogo de los pueblos otomianos. También hay aportaciones de la Subdirección de Etnografía, en especial de las investigadoras Lourdes Báez y Beatriz Moreno, quienes apoyaron este trabajo.

 

Otomíes y regiones del quechquémitl

Los grupos indios otopames incluyen a pames, chichimecas, otomíes, mazahuas y matlatzincas, y se localizan en Querétaro, Hidalgo, Guanajuato, estado de México y Puebla. Una región relevante es el Valle del Mezquital; aunque es sumamente árida, sus habitantes otomíes, que se autonombran ñ’yühü en la Sierra oriental y hñähñü (de hñä, “hablar”, y hñü, “maíz”) en el Mezquital (Vázquez, 1994), han aprovechado al máximo los escasos recursos que encuentran en sus tierras para transformarlos en alimento, habitación, vestimenta y en objetos de uso cotidiano o ritual. En esta región el maguey (Agave rigida) ha dado solución a casi todos las necesidades de sobrevivencia. Desde la época prehispánica fue sobresaliente. Considerado por el padre Acosta como "el árbol de las maravillas", se percató que tenía innumerables usos:

...hacen miel, como arrope de Castilla, hacen della vino, vinagre, y beben el agua miel por cocer, que es una bebida muy saludable, purgativa, que engorda y da salud; de las pencas y raíces hacen una comida a su modo, dulce: del zumo de las hojas se curan llagas y herida, que es una medicina que aprovecha mucho y se ha hecho gran experiencia dello; sacan dello nequén con que hacen las mantas, cuerdas y otras jarcias; sirven estas hojas de tablas a manera de tejas con que cubren sus casas para las aguas: sírvenles de canales y de leña; crían estos árboles, en las raíces dellos unos gusanos que los naturales comen... (Castillo, 1986. pp. 801-802)

El maguey ha sido muy importante en la economía de la zona y cubría todas las necesidades: techo, vestido y sustento, por lo cual en la época prehispánica fue divinizado. Había diversas deidades relacionadas con esta planta, entre ellas Mayahuel, que tuvo especial veneración como patrona luna,. de la Tierra y de la fertilidad. Se le representa saliendo de un maguey o junto a él, como actualmente se representa a la Virgen de los Remedios sobre la agavácea, reemplazando a la antigua Mayahuel al convertirse en la protectora de los magueyes.

Entre los otomíes, el maguey se relaciona con la Luna y de sus grandes hojas o pencas se obtienen las fibras de ixtle, o xcanthé en otomí, con las que hay una gran vinculación y con las que producen con gran maestría morrales, ayates, mecates y elementos para lavar como el xixi. En San Pablito, Puebla; Tecozautla, Hidalgo; San Juan del Río, Querétaro; San Nicolás, Hidalgo; Tantoyuca, Veracruz; y Peña Miller, Querétaro, también se elaboran algunos morrales de ixtle. La textura de este material puede ser de finísima calidad cuando ha sido debidamente escogido. Las fibras obtenidas de las pencas interiores del maguey o extraídas del "meyolote", el cono central de hojas, son más finas que las extraídas de las raíces: “Las fibras son muy blancas y tienen la finura y fortaleza de la misma seda [...] calculamos que sacándolas con cuidado, pueden medir cada meyolote muy cerca de media libra. Beneficiada y tejida esta sustancia, sería exactamente igual a las telas de seda” (Orozco y Berra, 1988. p. 87).

El ixtle fue asazmente utilizado en la época prehispánica para elaborar la vestimenta de la mayoría de la gente. Los ayates se elaboran con esta fibra y son un recuerdo de lo que fuera anteriormente la manta o tilma del vestuario masculino y siguen siendo piezas relevantes para los hombres del Mezquital. Algunos ayates, cuyo nombre otomí es sinkwa o ronkwa (Tranfo, 1989, p. 117), están formados por dos lienzos unidos y ornamentados con bandas brocadas en los extremos, y se acomodan y anudan sobre el hombro al estilo antiguo. Actualmente se usan para cargar cosas, pero también servían para cubrir la cabeza en las ceremonias religiosas. Es interesante que en Actopan e Ixmiquilpan, en Hidalgo, esta prenda ancestral sea usada por las mujeres para raparse la cabeza en algunas ceremonias o para cubrir a la Virgen en algunas procesiones.

Después de la Conquista, se incorporaron en los textiles otomíes otras fibras que permitieron conservar y desarrollar técnicas de tejido muy complejas en el telar de cintura. Desde entonces algunos textiles otomíes se elaboran con lana y se adornan a veces con rayas, como algunos quechquémitl de color azul marino, morado o negro, así como morrales de diseños complejos elaborados en tejido doble.

 

Rosario Ramírez. Arqueóloga por la ENAH. Maestra en estudios mesoamericanos por la UNAM . Presidente de la Asociación Mexicana de Investigación Textil “Te'om”.

lrmgard W. Johnson. Maestra, investigadora y estudiosa de los textiles indígenas mexicanos, en especial de los tejidos en telar de cintura.

 

Johnson, lrmgard W., Rosario Ramírez, “Indumentaria otopame en el Museo Nacional de Antropología ”, Arqueología Mexicana núm. 73, pp. 46-51.

 

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