• 19-nov-2019

¿La primera lápida heráldica de Tollan Cholollan Tlachihualtépetl?

Patricia Plunket Nagoda, Gabriela Uruñuela Ladrón de Guevara

Entre los materiales sustraídos de Cholula durante el siglo XIX, el escudo de la Colección Petich (lápida de Cholula) es uno de los más relevantes, pues junto con la Historia Tolteca-Chichimeca y la Relación de Cholula contribuye para evaluar el proceso sincrético del cual surgió una nueva identidad bicultural.

 

Cuando el teniente Luigi Petich fue encontrado muerto a los 65 años, en el baño de su departamento en la 9ª Avenida de Nueva York, en 1903, nada quedaba de su gran colección de antigüedades reunida durante su gestión como ministro de Italia ante varios gobiernos latinoamericanos, incluidos los de México y Perú. Las autoridades de Manhattan sólo hallaron 13 centavos, un reloj de plata, una espada incrustada con joyas, un sombrero, y 5 000 baterías médicas de bolsillo de su propia invención, que él pretendía vender para recuperar la fortuna perdida en la bolsa tras finalizar sus cargos diplomáticos.

En agosto de 1893, la prensa neoyorquina reportó que el Cavagliere Petich y su esposa se hospedaban en el Hotel Vendome. El matrimonio viajaba con sus diez perros chihuahueños, cuya raza era poco conocida en esas latitudes, causando todo un espectáculo cuando los paseaban (fig. 1). En ese mismo año Petich perdió su patrimonio en una crisis financiera y, para enero de 1895, se vio obligado a poner en venta en las American Art Galleries de Nueva York su colección formada por 1 620 piezas, que incluían reliquias prehispánicas, así como muebles, esculturas y elementos arquitectónicos de estilo hispano. El anuncio publicado por el periódico The Sun, el 1 de febrero de 1895, las proclamaba como “Los tesoros de un diplomático italiano”.

Petich era uno de varios anticuarios dedicados a la adquisición, exhibición y tráfico de objetos arqueológicos y etnográficos en las postrimerías del siglo XIX. Entre ellos había ilustres personajes como Joseph Dorenberg, cónsul belga en Puebla cuya colección adquirió el Museo Nacional de México, y Eugène Boban, quien hizo su debut en este país como el “anticuario del emperador Maximiliano” y en 1885 abrió un Museo Científico en la Ciudad de México para exhibir las piezas que al año siguiente subastó en Nueva York. Esta transferencia de colecciones privadas a museos era práctica común, así que entre 1875 y 1925 cuantiosos artefactos prehispánicos ingresaron al Museo Nacional de México y a las más prestigiosas instituciones de Estados Unidos y Europa.

El Metropolitan Museum of Art de Nueva York fue uno de los involucrados en comprar esas colecciones y, tras exhibir la de Petich en 1894, adquirió la mayor parte de ella en 1900, colocándola en la nueva extensión que abrió en 1902. En 1914 muchos de esos objetos fueron trasladados al American Museum of Natural History y otros cuantos al Smithsonian Museum de Washington, D.C. El catálogo del American Museum of Natural History no identifica a ningún artefacto como parte de la colección de Petich, sólo registra como “préstamos permanentes” a éstos y otros que el Metropolitan le entregó, así que no es posible saber cuáles formaban parte de los “tesoros” del diplomático italiano.

 

La lápida de Cholula

Algunas de las piezas de Petich permanecieron en las bodegas del Metropolitan y continúan ahí hasta hoy. La que aquí nos interesa es una de ellas, una lápida de basalto de 45.72 por 66.04 por 17.78 cm, con un escudo de armas de Cholula (fig. 2). Según la curadora emérita Julie Jones, pese a haber sido quemada, la piedra conserva restos de estuco y pigmentos, y su cédula museística anota que fue elaborada en la primera parte del siglo XVI. A nuestro parecer, hay indicios que pueden ayudar a precisar su fecha de manufactura  y, de ser así, constituiría un ejemplo de la transición entre los emblemas de la Cholula prehispánica y los que la urbe virreinal tendría tras recibir la cédula real que el emperador Carlos V expidiera en 1535.

La cara con talla se divide en cuatro cuadrantes. En el superior izquierdo (en relación al lector) se aprecia una plataforma de cuatro cuerpos reticulados, una referencia al Tlachihualtépetl o “cerro hecho a mano” que hoy se conoce como la Gran Pirámide. En la esquina superior opuesta, a través de un vano en forma de hongo se distingue un travesaño del cual pende una campana inscrita con una cruz; este motivo, además de indicar la evangelización del señorío de Cholula, quizás aluda a la gran campana bendita que, según Motolinia, colocaron los franciscanos sobre el montículo en 1535, para proteger de los rayos y tempestades a una cruz que habían levantado ahí. En la esquina derecha inferior el artesano talló la palabra “Tollan” y los tules que forman parte del topónimo de la antigua urbe, Tollan Cholollan Tlachihualtépetl. La esquina izquierda inferior presenta la voz “Cholollan” bajo una montaña que enmarca a una trompeta, que podría tener un doble significado: ser una referencia a las trompetas de caracoles que los frailes encontraron al excavar bajo la cruz y, a la vez, una alusión bíblica que evoca el regreso de Jesucristo y el establecimiento de su reino justo en la Tierra. Sobre los vocablos, una cenefa ondulada sugiere agua, elemento omnipresente en otras imágenes coloniales de Cholula.

 

Patricia Plunket. Doctora en arqueología. Catedrática-investigadora en el Departamento de Antropología de la Universidad de las Américas-Puebla.

Gabriela Uruñuela y Ladrón de Guevara. Doctora en arqueología. Catedrática-investigadora en el Departamento de Antropología de la Universidad de las Américas-Puebla.

 

Plunket Nagoda, Patricia, Gabriela Uruñuela Ladrón de Guevara, “¿La primera lápida heráldica de Tollan Cholollan Tlachihualtépetl?”, Arqueología Mexicana núm. 137, pp. 16-19.

 

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