• sábado, 11 de agosto de 2018

Las Bocas. El infierno de
 los coleccionistas

Eric Taladoire

Los objetos procedentes supuestamente de Las Bocas comparten únicamente dos características comunes: ninguna procede de excavaciones controladas y todas pasaron primero por el mercado del arte, colecciones privadas, galerías y casas de subasta, antes de encontrar un abrigo en una institución pública, en algunos casos.

 

En las colecciones de numerosos museos, tanto de Estados Unidos como de Europa y de América Latina, destacan los objetos de estilo olmeca procedentes de un sitio comúnmente identificado como Las Bocas, situado cerca de Izúcar de Matamoros (Puebla). Entre las instituciones públicas poseedoras de tales objetos “prestigiosos”, contamos con el Museo del quai Branly en París, el Metropolitan Museum de Nueva York, los museos de Princeton y de Dallas, la Dumbarton Oaks en Washington, el Museo Amparo de Puebla, con tres piezas, y el propio Museo Nacional de Antropología de México, sólo por mencionar algunas.

Pero la inmensa mayoría de las piezas de Las Bocas pertenece a colecciones privadas, como la colección Ligabue en Italia y la colección Barbier Mueller en España, o a algunas galerías privadas que no queremos mencionar, para no darles publicidad. La totalidad del corpus transitó por casas de subasta como Christie’s, para sólo mencionar una no especializada en arte prehispánico. Cabe subrayar que se trata, en su inmensa mayoría, de recipientes y de figurillas. Entre los objetos documentados encontramos botellas, vasijas y recipientes de formas diferentes, cuencos (a veces con restos de cinabrio), baby face sentados, de pie o en actitudes extrañas, máscaras de piedra y hasta de jade y representaciones de patos, de tlacuaches o de insólitos jaguares, animales que incidentalmente no existen en Izúcar de Matamoros ni en el estado de Puebla.

 

Un sorprendenterepertorio iconográfico

El conjunto presenta una impresionante diversidad de formas y de representaciones que ilustran un sorprendente repertorio iconográfico, mucho más diversificado que el corpus documentado en los sitios olmecas de la zona nuclear como La Venta o San Lorenzo, a excepción de los monumentos de piedra. Debemos de entrada subrayar que todas esas piezas comparten únicamente dos caracteres comunes: ninguna procede de excavaciones controladas y todas pasaron primero por el mercado del arte, colecciones privadas, galerías y casas de subasta, antes de encontrar abrigo en una institución pública, en algunos casos.

Según los catálogos de venta y de subastas, el nombre de Las Bocas constituye una atribución genérica, una designación prestigiosa, para hablar de un conjunto de sitios de los estados de Puebla y Morelos, que incluiría otros sitios con influencia olmeca como Yautepec, Gualupita, Chalcatzingo y Puebla misma, donde se encontraron objetos olmecas en salvamentos arqueológicos. Es el caso del restaurante El Mural de los Poblanos, donde el contenido de una sepultura “olmeca” está expuesto en la entrada.

A veces, para “ubicar” esas piezas, se utiliza el nombre compuesto de Las Bocas-Gualupita, como
si ambos sitios hubieran pertenecido a la misma esfera geográfica, pero Gualupita se localiza en Cuernavaca, a más de 100 km de Izúcar.
O sea que el nombre Las Bocas es una aproximación geográfico-cultural inventada por el mercado de arte para denominar un estilo olmeca que abarcaría los estados de Puebla, Morelos, Guerrero y la parte meridional del antiguo Distrito Federal. En una perspectiva diferente, la imprecisión del término resulta cómoda para disimular la falta de datos sobre la procedencia de esas piezas, que provienen todas de saqueos. Tales aproximaciones no impidieron que, desde los años setenta del siglo pasado, el “estilo” olmeca de Las Bocas adquiriera un prestigio excepcional no sólo entre los coleccionistas, sino también en algunas publicaciones profesionales, como las de Michael Coe (1965) y en numerosos catálogos de museos o de exposiciones (Taube, 2004). La inclusión de tales piezas en publicaciones científicas, sin verificar su autenticidad ni su procedencia, posiblemente ha contribuido a una distorsión de nuestra percepción del arte olmeca original.

Aunque hacen falta excavaciones científicas controladas en numerosos sitios de la supuesta área de Las Bocas, disponemos a la fecha de trabajos de excelente calidad, bien documentados, para sitios como Chalcatzingo, Gualupita, Teopantecuanitlán, Tlatilco o Tlapacoya, sin hablar de otros sitios como Yautepec.

 

Eric Taladoire. Profesor emérito de arqueología de las Américas en la Universidad de París 1, y miembro de la Unidad de Investigaciones de Arqueología de las Américas. Su especialidad es el juego de pelota en Mesoamérica.

 

Taladoire, Eric, “Las Bocas. El infierno de
los coleccionistas”, Arqueología Mexicana núm. 151, pp. 80-83.

 

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