• 27-nov-2020

Las cofradías novohispanas y su relación con la enfermedad y la muerte

Marcela Salas Cuesta, María Elena Salas Cuesta

El importante y variado universo documental en torno a las cofradías y su organización constituye una fuente valiosa para la antropología física y la historia, entre otras disciplinas. Se trata de información directamente relacionada con la institución eclesiástica –catedrales, parroquias, capillas urbanas y rurales, tanto de españoles como de indígenas– que hace posible adentrarse en la importancia, dimensión y repercusión que tuvieron tales organizaciones religiosas. Cada registro constituye un dato cualitativo del comportamiento y las actividades del clero y los fieles, de las experiencias cristianas cotidianas de los feligreses, de su condición social y el tipo de población que se congregaba en las cofradías.

 

El siglo XVI marcó el despertar de las cofradías. Fundadas inicialmente por el clero regular, fueron uno de los medios para la evangelización y pronto se adoptaron tanto en la república de españoles como en la de indios: los primeros, organizados en torno a iglesias fundadas por órdenes mendicantes –franciscanos, dominicos y agustinos–, en tanto que, para la población indígena, al desempeñar el papel de protectoras de los bienes comunales, se creó un vínculo indivisible entre la cofradía y la comunidad durante prácticamente todo el virreinato y parte del siglo XIX.

A mediados del siglo XVII se reforzaron algunos de los cultos de origen medieval y se desarrollaron con gran fuerza las devociones tridentinas, heredadas del Concilio de Trento (1545-1563), en torno a la Virgen María y Cristo. Esto se debió en gran medida a la renovación religiosa que al interior de la Iglesia católica marcó el movimiento de Contrarreforma, que dirigía la devoción hacia Dios, el Todopoderoso, y a su Madre, la Virgen, como Intercesora en sus diferentes advocaciones (Bazarte Martínez y García Ayluardo, 1992, pp. 115-141).

En esa centuria, las cofradías tuvieron gran auge como una forma de manifestación del catolicismo postridentino, que adquirió rasgos singulares en la Nueva España, más allá del hecho que en las tierras conquistadas esas instituciones se establecieron a imagen y semejanza de las europeas, con la obligación estatutaria de otorgar ayuda material a las catedrales, iglesias, parroquias y capillas. Se dio preferencia a las de la ciudad de México, que fueron construidas y engalanadas con altares, retablos, pinturas e imágenes costeadas por los cofrades; de ahí que las bulas y los breves acordados desde Roma llegaran acompañados con un cúmulo de indulgencias para la salvación de las almas. La amplitud de las indulgencias dependía de la ayuda material que cada feligrés aportaba.

Poco a poco, mediante diferentes actos litúrgicos y ceremoniales, se estableció el calendario social y devoto en las diversas poblaciones novohispanas de indígenas y mestizos, más los negros y orientales llegados a estas tierras a lo largo del virreinato. Cada grupo se volcó frente a los diversos santos que conformaban los patronazgos y de esta manera la práctica se arraigó cada vez más, al grado que los habitantes con poder económico y social dieron en pertenecer simultáneamente a varias cofradías, con resultados que es fácil observar en la riqueza de los templos de los siglos XVII y XVIII –y especialmente en los barrocos.

 

Salas Cuesta, Marcela, y María Elena Salas Cuesta “Las cofradías novohispanas y su relación con la enfermedad y la muerte”, Arqueología Mexicana núm. 112, pp. 78-83.

 

• Marcela Salas Cuesta. Historiadora por la UNAM. Investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH, donde coordina los proyectos: “México en el siglo XVIII. Costumbres funerarias. Un estudio de salud pública” e “Investigación, conservación y difusión de materiales fotográficos”. Ha realizado estudios sobre arquitectura y pintura virreinal, así como de materiales arqueológicos de Tlatilco, estado de México, y de Jaina, Campeche.

• María Elena Salas Cuesta. Maestra en ciencias antropológicas, con la especialidad en antropología física. Investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH, donde coordina el proyecto “Rasgos no-métricos o discontinuos en cráneos prehispánicos y coloniales (parentesco). Diferentes trabajos sobre osteología antropológica, antropología forense histórica, osteopatología e historia de salud pública en el México virreinal”.

 

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