• viernes, 18 de enero de 2019

Las columnas del cosmos

Alfredo López Austin

Modelos

Yo soy este cuerpo. No han estado jamás las vísceras al alcance de la vista, pero dialogo internamente con una realidad que me conozco formada por imágenes mentales que he forjado a lo largo de la vida. He abstraído; he imaginado entrañas, conductos, ligamentos, la solidez ósea; he analizado ilustraciones anatómicas que me instruyen en formas y fisiologías, y he leído textos sobre procesos físicos y químicos que concibo semejantes a los míos. En resumen, he creado un modelo, y me vivo y entiendo con el modelo que, bueno o malo, es resultado de mis representaciones y complementa el sentido de lo que captan latidos, somnolencias, dolores, hambres y repleciones.

¿Qué sería del ser humano sin modelos? Modelos –buenos y malos– que le permiten sentirse, saberse; enfrentarse al entorno y transformarlo; conocer y comunicarse con el semejante y el extraño; apoyarse en el pasado para lanzarse a la prevención, al proyecto o a las ilusiones. Contar es un acto modélico que nos aparta de manzanas, de ovejas, de monedas para que nos manejemos matemáticamente con número de frutos, tamaño de rebaños o cantidades de dinero. Viajar implica dirigir nuestros pasos con la orientación de un mapa mental por territorios conocidos o ignorados. La experiencia de regularidades nos permite descubrir –o conjeturar o suponer– leyes naturales que nos anticipan acontecimientos, que nos hacen enfrentarnos a presentes nunca iguales, pero suficientemente parecidos a los pasados.

De esto se habla aquí, para precisar un tipo de modelos: los modelos que impulsan al hombre a concebir geometrías. Es posible que en todas las tradiciones culturales se haya recurrido a la geometría en la lucha por la subsistencia. Es posible que hace 200 000 años un ser bípedo y erecto, en el continente africano, con el objeto de desplazarse, alimentarse, defenderse y sirviéndose de la indisoluble mezcla de naturaleza y cultura, se haya proyectado en su entorno hacia delante, hacia atrás, hacia la diestra y siniestra, hacia arriba y abajo, formando un prisma virtual compartido socialmente con sus semejantes. Es posible que haya heredado un modelo que fue creado muchos miles de años atrás por especies ancestrales. Es posible que, en el ejercicio de un arte combinatoria primaria, la cuenta de las caras del prisma haya hecho nacer un 6 al que se agregó un 1, el superior, el 7 del centro, el de la posición de quien proyecta y cuenta.

 

Alfredo López Austin. Doctor en historia por la UNAM. Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

López Austin, Alfredo, “Las columnas del cosmos”, Arqueología Mexicana, edición especial núm. 83, p. 14.

 

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