• sábado, 15 de junio de 2019

Las misiones de Sonora. Arquitectura e historia

Clara Bargellini

La arquitectura de las misiones virreinales de Sonora es poco conocida, a pesar de que se usa repetidamente para ilustrar la historia del estado. En este ensayo se esbozan las características de algunas construcciones misionales y se sugiere cómo pueden iluminar aspectos de ese desarrollo histórico.

 

Desde las primeras publicaciones sobre las misiones de Sonora, la arquitectura ha servido para ilustrar ideas generales acerca de la historia del estado. Por ejemplo, en su libro Spanish Borderlands, de 1921, el gran historiador Herbert E. Bolton no dudó en utilizar la misión de San Xavier del Bac de la Pimería Alta (ahora en Arizona) como testimonio material de la “civilización” que el renombrado padre jesuita Eusebio Francisco Kino había llevado al lejano norte. Si bien es cierto que Kino fundó la misión de San Xavier del Bac, además de muchas otras, la imponente y justamente admirada iglesia que hoy atrae a visitantes de todo el mundo tiene muy poco que ver con el famoso jesuita, quien estuvo en Sonora entre 1687 y 1711. Fundar una misión no es lo mismo que construir una iglesia, y menos una iglesia monumental, y hoy sabemos que el templo de Bac fue construido en el periodo franciscano, alrededor de 1800.

¿Cuál fue, entonces, la arquitectura de Kino? ¿Qué nos puede enseñar acerca de sus logros y sus anhelos? ¿Y los franciscanos? ¿Y todos los demás en los cuatro siglos que han pasado desde la fundación de las primeras misiones: indígenas, colonos, soldados, gobernados y gobernantes, mujeres y hombres? ¿Cómo eran las misiones que construyeron y conocieron y cuáles eran sus experiencias en ellas? En este breve ensayo no pretendo, por supuesto, contestar estas preguntas, ni las muchas otras que se podrían hacer. Por una parte, los estudios de historia de la arquitectura no han avanzado al mismo ritmo que otras áreas del conocimiento en el caso de las misiones del norte novohispano; por otra, no todo se puede saber con las evidencias que nos quedan. Entre estas evidencias, las más visibles son, efectivamente, los restos arquitectónicos. Llama la atención, sin embargo, que en casi todos los estudios sobre las misiones la arquitectura se sigue usando, como hizo Bolton, para ilustrar ideas generales preconcebidas, no para construir conocimientos a partir de ella. Mientras tanto, la arquitectura de las misiones va desapareciendo, y con ella las oportunidades para entender más del pasado. La caída de parte de una pared lateral de la iglesia de Ónavas en septiembre de 2008 es sólo un episodio reciente de una historia de destrucciones que se ha acelerado en los últimos 50 años. En las líneas que siguen voy a exponer, con ejemplos, algunos conocimientos acerca de las misiones que se basan en la investigación de su arquitectura, y sugerir algo de lo que queda por hacer.

 

Expansión territorial y establecimiento de las misiones

 

No cabe duda que las primeras incursiones misionales no empezaban con proyectos arquitectónicos, pero sí con afanes de apoderarse del territorio. Así, los misioneros, apoyados por guías locales, seguían ríos, atravesaban llanuras y cerros, y registraban sitios y les ponían nombre, uno de los medios humanos más básicos para tomar posesión de cualquier cosa. Algunos, Kino entre ellos, elaboraron mapas en los que se iban asentando esos nombres. Esta actividad cartográfica de los jesuitas, especialmente en Sonora, fue parte central de la empresa misionera, y el antecedente de la construcción de verdaderas misiones. De hecho, esos registros que asociaban un nombre, generalmente de un personaje sagrado –Dios, la Virgen María o un santo– a un sitio, eran actos de fundación de misiones que se concretaban con el tiempo en edificios, cuando un misionero podía vivir ahí o por lo menos visitar el lugar regularmente.

 

Bargellini, Clara, “Las misiones de Sonora. Arquitectura e historia”, Arqueología Mexicana núm. 97, pp. 66-70.

 

 Clara Bargellini. Doctora en historia del arte por la Universidad de Harvard e investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Es especialista en historia del arte y de la arquitectura virreinal con particular interés en el norte novohispano.

 

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