• 12-dic-2019

Los barrios de Tula. Estudios en la Zona Urbana Norte

Fernando Getino Granados

Con base en investigaciones en la Zona Urbana Norte de Tula, se plantea que los barrios de la ciudad estaban conformados por conjuntos habitacionales, que podían ser residencias de la elite o grupos de casas más comunes, ambos construidos cerca de los templos, que simbolizaban el centro religioso de cada barrio. Los palacios eran construcciones mayores, relacionadas directamente con los templos, en las que se seguía el modelo del recinto principal de la ciudad.

 

Estudios sobre la extensión y estructura interna de la antigua ciudad de Tula permitieron establecer que el asentamiento original se remonta al siglo VII y que abarcaba un área aproximada de 3 km2 alrededor del centro ceremonial de Tula Chico. A lo largo de 500 años la ciudad fue creciendo y ocupando parte del valle, al oriente, y las faldas de los cerros, al poniente, siguiendo el cauce del río Tula, hasta alcanzar los 15 km2. Durante este crecimiento su traza se transformó (Mastache et al., 2002).

A partir del siglo X, Tula Grande fue el eje de la segunda traza. Su orientación se determinó mediante la observación de fenómenos estelares y a partir de ella se proyectaron las edificaciones rectoras de la ciudad (Getino, 2007). La población se agrupó en barrios, y se construyeron templos y palacios que funcionaron como referentes ideológicos y políticos de cada uno de ellos (Mastache y Cobean, 2003). En cada barrio se erigieron conjuntos habitacionales de dos tipos, de acuerdo con la jerarquía de sus residentes (Healan, 1989).

Los conjuntos habitacionales eran aquellos en que las familias desarrollaban su vida en común y constituían el núcleo principal en la organización espacial del asentamiento urbano. Ya fueran residencias de la elite o los grupos de casas más comunes, ambos se construyeron cerca de los templos localizados sobre altos basamentos, los que a su vez simbolizaban el centro religioso de cada barrio. Los palacios eran construcciones de mayor envergadura, vinculadas directamente con los templos, en las que se seguía el modelo del recinto principal de la ciudad (Getino, 2007).

Los conjuntos arquitectónicos se construyeron sobre terrenos nivelados cubiertos con empedrados que conformaban plazas y calles, las cuales separaban los barrios. Éstos se identificaban por el culto a sus deidades y por los oficios particulares de cada familia extensa (Morales, 1993).

Durante los trabajos del proyecto “Salvamento arqueológico en la carretera de libramiento norte de la ciudad de México”, realizados entre 2004 y 2005, se descubrieron conjuntos arquitectónicos que representan los componentes principales de un barrio característico de Tula. La investigación sigue su curso y aquí se presentan algunos avances del proyecto.

 

Templo doble

 

Los templos de barrio descubiertos hasta ahora en Tula muestran diferencias en el diseño de sus basamentos, pero siguen los principios constructivos de la arquitectura tolteca en sus revestimientos y decoraciones. Destacan los basamentos cuadrangulares con pórticos o de forma circular, como el edificio de El Corral. El templo doble localizado en la Zona Urbana Norte es el ejemplo más antiguo en su tipo (siglos X-XI), anterior a los basamentos similares de Tenayuca, Tlatelolco y Tenochtitlan (siglos XIII-XV).

En uno de los barrios del norte de la ciudad se erigieron suntuosas construcciones, sobre un amplio espacio cubierto por un empedrado, de lo cual quedan como vestigios un templo doble y parte de un palacio (parcela 6), ambos resultado de un largo proceso constructivo. El templo doble tuvo cuatro etapas principales. El edificio localizado al norte fue el primero en levantarse; se trata de una construcción pequeña cuya forma original se desconoce, aunque se sabe que fue construida a partir de un núcleo de tierra. La edificación corresponde a la fase Corral Terminal (850-900 d.C.) y es contemporánea de la última época de Tula Chico.

 

Getino Granados, Fernando, “Los barrios de Tula. Estudios en la zona urbana norte”, Arqueología Mexicana, Núm. 85, pp. 58-63.

 

• Fernando Getino Granados. Arqueólogo por la ENAH. Candidato a maestro en estudios mesoamericanos por la UNAM. Investigador de la Dirección de Salvamento Arqueológico, INAH. Director del proyecto “Salvamento arqueológico en la carretera de libramiento norte de la ciudad de México”.

 

 

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