• viernes, 19 de octubre de 2018

Medicina y salud en Mesoamérica

Bernard Ortiz de Montellano

La salud de la sociedad depende de su alimentación, de la asistencia pública y de sus conocimientos médicos. Sin embargo, para un mejor entendimiento la medicina mesoamericana se debe de conocer su cosmovisión, para comprender tanto las causas sobrenaturales como las naturales de las enfermedades que aquejaban a la población.

 

Condiciones de salud

Durante millones de años, la defensa estaciona contra las enfermedades infecciosas fue el sistema inmunológico natural, y lo fue hasta mediados del siglo XX, cuando se desarrollaron por primera vez los antibióticos. La aparición del sida nos obligó a recobrar la importancia de este sistema inmunológico, incluso cuando hay un avanzado desarrollo en la ciencia médica: la salud pública no depende exclusivamente de dichos avances.

Uno de los sustratos fundamentales de la salud es una dieta adecuada; algún sumo de proteínas, sobre todo se considera fundamental para que exista un sistema de defensa adecuado. La dieta azteca como lo he señalado en ocasiones anteriores (Medicina, nutrición y salud aztecas), era bastante buena. Las más recientes investigaciones sobre los mayas contradicen la hipótesis de que durante el Clásico Tardío hubo una mala alimentación en general; la estructura promedio de los mayas ha disminuido sobre todo, en los últimos 500 años.

Un segundo requisito para una buena salud son servicios públicos adecuados, que incluyen agua potable, drenaje e higiene pública y personal. Teotihuacan, varias ciudades mayas y Tenochtitlan tuvieron agua potable y drenaje. Los habitantes de Tenochtitlan recolectaban la basura y lavaban las calles diariamente. La higiene personal también era muy importante, como muestran las referencias a la higiene en el Códice Badiano y las recetas para jabón desodorante, dentífricos y productos para refrescar el aliento ahí mencionadas. En Mesoamérica no hubo epidemias de enfermedades infecciosas asociadas al ganado, como la viruela y el sarampión, aunque tenemos información sobre epidemias de disentería, influenza y neumonía, reumatismo, artritis y tuberculosis. Una muestra de salud en Mesoamérica es que su esperanza de vida fue de 37 +- 3 años, que sobrepasa el promedio de Francia en 1800, que era alrededor de 29 años.

 

Tipos de sistemas médicos

George Foster y Bárbara Andderson (Medical Anthopology) consideran que hay sistemas médicos que comparten características universales. Los autores creen que los sistemas médicos comparten medidas preventivas y curativas que son parte integral de las culturas. La enfermedad se define culturalmente y es usada para ejercer control sobre la sociedad. De acuerdo con Foster y Anderson, hay dos grandes sistemas médicos no occidentales: el sistema personalista y el naturalista. Los sistemas médicos personalistas consideran que las enfermedades son causadas internacionalmente por algún agente que puede ser sobrenatural (dios), alguna entidad no humana (fantasma, espíritu malévolo o ancestro) o alguna persona (brujo o hechicero). En los sistemas naturalistas la enfermedad se atribuye a causas naturales. Estos sistemas explican la enfermedad como una pérdida del equilibrio del paciente, ya sea en su interior o respecto a su entorno social o natural. Foster y Anderson opinan que aunque ambos sistemas no se excluyen, uno de los dos será el predominante según la cultura. Si bien este modelo puede resultarnos útil en el análisis de medicina mesoamericana debemos aplicarlo con cautela; no debemos incluir la medicina mesoamericana en ninguno de los modelos sin reticencias; más aún, como veremos, hay un rango importante de enfermedades causados por fuerzas anímicas que no fueron contempladas por los autores en sus modelos.

Podríamos analizar y estudiar los sistemas médicos desde una tercera postura: atendiendo a la forma de curación, que prescribe un remedio atendiendo a una presunta etiología. Por ejemplo: si un azteca atribuía la infección de ojos a las acciones de Xipe-Tótec, el remedio para comprometerse a usar la piel de un desollado durante la fiesta de tlacaxxipehualiztli. Si un dolor era causado por objetos pequeños introducidos bajo la piel por un chaman esto tendrá que curarlo otro chaman, debía chupar los objetos dañinos. Las fiebres, en cambio, que los aztecas atribuían a flema “caliente” con el pecho, debían expulsarse mediante una diaforesis, el vómito o la diuresis.

 

Cosmovisión

Alfredo López Austin ha demostrado en Los mitos del tlacuache que en Mesoamérica hubo una cosmovisión común, con una amplia gama de temas ideológicos, que persistió durante miles de años antes de la llegada de los españoles y en un vasto territorio, que abarcaba desde el Norte de México hasta el Salvador. Un buen número de estas creencias fundamentales son importantes para analizar y entender la salud y las enfermedades en Mesoamérica. Algunos ejemplos serían la división del mundo en pares complementarios (tierra/cielo, frío/caliente, macho/hembra, etc.); el animismo; la visión del cuerpo humano como un microcosmos que refleja el universo; las creaciones cíclicas; un sustrato chamánico (que si bien generalmente sólo se encuentra en las sociedades cazadoras-recolectoras persistió en las sociedades estatales mesoamericanas), la creencia de un universo tripartita conformado por el cielo, la tierra y el inframundo, así como la comunicación de los tres niveles mediante estados de trance obtenidos con la ingestión de alucinógenos; la existencia de fuerzas anímicas en el cuerpo humano.

Mesoamérica posee también un calendario común, que se caracteriza por la combinación de un ciclo sagrado de 260 días con un calendario solar de 365 días. Este calendario ejercía influencia sobre los seres del universo regulando el flujo de las fuerzas anímicas del mundo superior hasta la tierra a través de un centro (axis mundi) y cuatro puntos cardinales. Se sabe que el chamanismo, el calendario y el árbol del mundo se remontan hasta los olmecas del Preclásico; pero la información más amplia y precisa sobre las prácticas y creencias médicas provienen de los aztecas, cuyas creencias se explotan con frecuencia hacía otras sociedades mesoamericanas. A pesar de sus peculiaridades espaciales y temporales, nos parece que la medicina azteca es un buen ejemplo de la medicina mesoamericana. Otros artículos de esta misma revista se ocuparán detalladamente de algunos de estos aspectos que aquí apuntaremos solamente.

Algunas características fundamentales de la visión del mundo mesoamericano no corresponden al sistema de Foster y Anderson. La creencia de las fuerzas anímicas como motor esencial para el funcionamiento de los hombres y el universo proviene de un fondo chamánico mesoamericano poco usual. El tonalli, fuerza anímica relacionada con el Sol y el calor -si atendemos a su raíz tona, “calor”-, se consideraba en la coronilla. El tonalli desempeño un papel complejo, que no podemos agotar en este texto; permitía el crecimiento y la vitalidad de los hombres, y su ausencia causaba enfermedad y hasta la muerte. En términos naturalistas el tonalli era clave para conservar el balance y el equilibrio. El buen desempeño de un cargo, sobretodo el de una autoridad o un noble, por ejemplo, fortalecía su tonalli; la vida sexual precoz o excesiva lo mermaban y provocaba enfermedades. Así, el cuerpo humano era rehén de una fuerza impersonal y no era necesario la intervención divina para imponer a los hombres la conducta deseable. Si usamos la definición personalista de Foster y Anderson, los dioses podían afectar a las personas mediante el tonalli. El calendario encarnaba un mecanismo importante de destino/fuerza/tiempo, como lo llama López Austin, puesto que una deidad particular regia sobre cada una de las unidades de tiempo calendáricas. El calendario regulaba la naturaleza y cantidades de fuerza anímica que descendía de la Tierra, como dijimos, e influencia en las personas y demás seres. El tipo de influencia dependía de quien fuera el rector de la unidad determinada. Este destino del individuo dependía del ciclo del día de su nacimiento, que era establecido por las fuerzas anímicas que regían sobre ese día. Y si bien el destino implicaba una predisposición en el individuo, el resultado dependía de su comportamiento personal a lo largo de su vida. Gran parte estos signos se referían a la salud: entre los mayas, una persona nacida en días cauac era enfermiza; los nacidos 7 quauhtli, según los aztecas tendrían corazones débiles. Una segunda fuerza anímica era el teyolía, ubicado en el corazón. Al dañar el teyolía y afectar el corazón sobrevenía la enfermedad o la locura. El teyolía corresponde al concepto cristiano de alma, que va al “más allá” tras la muerte. El destino particular del teyolía depende sobre todo de la forma en que murió el individuo. El ihíyotl es una tercera fuerza anímica localizada en el hígado. Los brujos nanahualtin podían evitar su ihíyotl a voluntad contra otros para dañarlos; las transgresiones sexuales también podían alterar el hígado de los infractores, hacían salir su ihíyotl y dañaban a las personas u objetos con los que se topaban. Este es otro ejemplo de control social impersonal.

 

Bernard Ortiz de Mentellano. Profesor emérito de antropología en la Wayne State University. Su especial es la antropología médica y ha publicado numerosos artículos sobre medicina azteca y medicina tradicional contemporánea.

 

Ortiz de Montellano, Bernard, “Medicina y salud en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana núm. 74, pp. 32-47.

 

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