• martes, 20 de noviembre de 2018

Petición de lluvia y fertilidad de la tierra en el paisaje ritual xochimilca

Araceli Peralta Flores

Los lugares sagrados del paisaje ritual xochimilca se encuentran en los sitios arqueológicos de la zona cerril y de montaña, son espacios que están relacionados con la petición de agua, lluvia y fertilidad. Si bien la realización de las prácticas tradicionales ha adquirido nuevos significados, como el de reforzar la identidad y el sentido de pertenencia a la comunidad, aún subyace el sentido ancestral y ritual que le dio origen.

 

Xochimilco es un territorio que cuenta con una gran diversidad de testimonios culturales tangibles e intangibles. La población oriunda de esta demarcación ha tenido desde tiempos ancestrales un fuerte vínculo con dos elementos fundamentales para la vida: el agua y la tierra. Ambos fueron determinantes en la conformación del paisaje ritual, es decir, los lugares de culto ubicados y construidos en las montañas y los cerros colindantes a la región lacustre de Xochimilco. Estos espacios fueron propicios para llevar a cabo rituales vinculados con la petición de lluvia y fertilidad de la madre Tierra, dualidad conceptual que se relaciona con el dios Tláloc.

Los santuarios que conforman el paisaje ritual xochimilca se identifican por la presencia de peñas, rocas, petrograbados y basamentos prehispánicos. Su ubicación sugiere que sus antiguos habitantes hicieron una cuidadosa selección de los sitios, ya que todos presentan la relación santuario-referente natural, es decir, hay un alineamiento visual entre el santuario con respecto a alguna elevación montañosa de la Cuenca de México: Iztaccíhuatl, Popocatépetl, Teutli, Ajusco, cerro de la Estrella y cerro Xochitepec.

Los rituales que se realizan actualmente en Xochimilco tienen su origen en la época prehispánica; antiguamente se creía que las montañas y los cerros estaban llenos de cuevas –consideradas entradas a las entrañas de la tierra–, en cuyo interior abundaba el agua y el maíz. A este espacio subterráneo se le conocía como Tlalocan, “néctar de la tierra”, que era considerado el paraíso del dios Tláloc, pues de ahí surgían los ríos, manantiales, lagos y el mar. Johanna Broda señala que la tríada cerro-lluvia-maíz formó una unidad en la cosmovisión y en el ritual prehispánico.

Fray Bernardino de Sahagún, cronista del siglo XVI, relata que antiguamente a las montañas se les concebía “como si fueran vasos grandes de agua o como cajas llenas de agua”. Actualmente, los geólogos han comprobado que, efectivamente, algunos cerros son verdaderos “jarrones de agua”, porque pueden almacenar agua en su interior y aflorar como manantiales o ríos, sobre todo en la temporada de lluvia. El corredor Xochimilco-Chichinautzin-Teutli es un macizo de cordillera con características de almacenaje de agua y, por lo tanto, es la principal área de recarga de los mantos acuíferos del sureste de la Cuenca de México.

 

El paisaje ritual xochimilca

Los principales espacios que conforman lo que he nombrado como corredor del paisaje ritual xochimilca se encuentran en la cima del cerro Xochitepec, ubicado entre los pueblos de Santiago Tepalcatlalpa y Santa Cruz Xochitepec; las cruces del Xilotepetl, “cerro del maíz”, en San Gregorio Atlapulco, las cuales están muy cercanas a dos petrograbados; el basamento prehispánico de El Mirador, en los límites de San Lucas Xochimanca y San Andrés Ahuayucan; el paraje Tepoyoloca, en Santiago Tepalcatlalpa; y el volcán inactivo del Teutli, donde se realizaba el ritual del palo volador desde la época prehispánica hasta que se prohibió en el siglo XVIII –actualmente algunos pobladores de Milpa Alta y Xochimilco están tratando de rescatar esta tradición.

Mención especial merece el pueblo de Santa Cruz Acalpixca, ya que presenta el mayor número de lugares de culto, entre ellos: la cima del cerro Tlacuayeli, donde están las cruces más importantes del pueblo; el montículo prehispánico del paraje La Planta, que también tiene cruces; la piedra-marcador para la observación del solsticio de invierno (21 de diciembre), situada a unos 500 m del paraje Piedra Larga, sobre una pequeña loma; la gran peña ubicada en el paraje de Piedra Larga, donde se realiza un cambio de mayordomía; y los petrograbados del sitio arqueológico de Cuahilama. Todos esos lugares están asociados a rituales de fertilidad y de veneración al agua.

 

La celebración de la Santa Cruz

En la actualidad, una de las celebraciones más importantes del paisaje ritual xochimilca es el de la Santa Cruz (3 de mayo), que fusiona el culto prehispánico agrario con la liturgia católica. Esta fecha marca el final de la temporada seca y el inicio de la estación de lluvias, por ello, en la cima de los cerros se levantan cruces adornadas con flores y cendales a manera de ofrenda, para pedir una temporada de lluvias favorables. La cruz, como refiere Johanna Broda, es el “árbol cósmico” ligado al agua, lluvia y cultivo del maíz; también delimita físicamente terrenos, da nombre a los pueblos y, en algunos casos, alude a un suceso milagroso (por lo general desvinculado de su verdadero origen), como es el caso del pueblo de Santa Cruz Xochitepec, donde la gente del pueblo refiere que:

 …hacia 1890, un hombre fue llevado a la cárcel en Tlalpan por haber salido después del toque de queda y obligado a trabajar en el camino real a Cuernavaca. Aprovechando un descuido se dio a la fuga, los soldados lo persiguieron desde San Pedro Mártir hasta el cerro Xochitepec, en cuya cima existía una pequeña cruz a la que abrazó y pidió que lo protegiera. El milagro ocurrió cuando llegaron los soldados, pasaron a su lado y no lo vieron. Después de un rato el prófugo se fue y le platicó a su familia lo sucedido. En agradecimiento erigieron una cruz monumental y empezaron a celebrar cada 3 de mayo la fiesta de la Santa Cruz, por eso el nombre antiguo del pueblo, La Magdalena, cambió por el de Santa Cruz Xochitepec.

De las celebraciones ofrecidas a la Santa Cruz, la que más destaca en Xochimilco es la del pueblo de Xochitepec. La veneración de la cruz principal comienza el 2 de mayo, con una gran procesión que la baja de la cima del cerro Xochitepec hasta el pueblo; esta enorme cruz de encino, con 8 m de altura y 4 de ancho, es velada entre sahumerios, alabanzas, cantos, danzas, quema de cohetes y rezos. Durante la “velación” que es en la madrugada se reparte a los asistentes tamales, atole, cocoles, café o té; asimismo, la cruz es decorada con flores y cendales de colores, por lo que su peso puede llegar a alcanzar 900 o 1 000 kilos. A la mañana siguiente se celebra una misa y la cruz permanece en el templo del pueblo para ser adorada en la fiesta patronal, festividad que siempre se celebra en domingo. Al día siguiente, la cruz es cargada por más de 50 hombres hasta el pedestal ubicado en la cima del cerro de Xochitepec.

En el pueblo de Santa Cruz Acalpixca, la celebración de la Santa Cruz es similar a la de Xochitepec, con la diferencia de que aquí se suben tres cruces a la cima del cerro Tlacuayeli en día martes, una semana después de la fiesta patronal, que siempre es en domingo. Dos son cargadas por hombres y una por mujeres. Al atrio de la iglesia llegan los concheros que cantan y sahúman las cruces, al tiempo que las personas colocan cendales de colores o besan las cruces. La procesión empieza en el atrio, continúa hacia la capilla de San Salvador del barrio de Tepetitla, y unos metros más adelante inicia el ascenso al camino procesional marcado por 14 cruces de concreto, donadas por los vecinos del pueblo; varias de estas cruces forman parte de las 14 estaciones del viacrucis cristiano. Al llegar a la cima del Tlacuayeli se celebra una misa al aire libre, y al término las cruces son paradas sobre su base. Durante la ceremonia religiosa hay bandas de música, danzantes y salvas de cohetes.

El día de la fiesta del pueblo de Santa Cruz Acalpixca, los habitantes del barrio La Planta también llevan sus cruces al atrio de la iglesia, horas más tarde, las suben y colocan sobre un montículo prehispánico, el cual forma parte de un gran sitio arqueológico conformado por otros montículos, plataformas, plazas y terrazas; estos vestigios arqueológicos han sido alterados o destruidos por el crecimiento urbano irregular. Aunque el nombre del paraje La Planta se debió a su cercanía con la casa de bombas del Acueducto de Xochimilco, construida donde había un manantial, algunos habitantes del pueblo refieren que originalmente el lugar se conoció como El Huacal, que deriva de la palabra oaxcal, “cabeza de sangre”. Relatan igualmente que en el hueco que hay en el montículo –hoy tapado por un piso de cemento– vivía el Nahual, un hombre que vestía sarape amarrado con cuatro nudos, y que al revolcarse en un hormiguero se convertía en un gran perro negro. El Nahual era considerado un sabio, lector del cielo y de la naturaleza, pronosticaba la sequía y el mal tiempo, tenía el don de transformarse en animal, atraer o alejar la lluvia y podía conjurar heladas y granizadas.

 

Araceli Peralta Flores. Historiadora (UNAM) y arqueóloga (ENAH). Investigadora de la Coordinación Nacional de Antropología e Historia del INAH. Sus líneas de investigación abordan el patrimonio natural, arqueológico, arquitectónico, intangible (tradiciones, fiestas y leyendas) y gestión cultural en Xochimilco.

 

Peralta Flores, Araceli, “Petición de lluvia y fertilidad de la tierra en el paisaje ritual xochimilca”, Arqueología Mexicana núm. 125, pp. 80-85.

 

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