• 26-oct-2020

Taxidermia y cautiverio de águilas en Tenochtitlan

Osiris Quezada Ramírez, Norma Valentín Maldonado, Amaranta Argüelles Echevarría

En dos ofrendas del Templo Mayor se encontraron 14 ejemplares de águila real, cuyos esqueletos revelaron que la piel de estas grandiosas aves había sido tratada y preservada con métodos muy similares a los de la taxidermia actual. Por otro lado, algunos huesos de las patas y alas mostraron enfermedades que se asocian directamente con la vida en cautiverio de esa especie. La crianza del ave por individuos especializados y la preservación de su piel por hábiles artesanos, permiten vislumbrar una parte del complejo sistema de organización involucrado en la preparación y obtención de los dones que eran utilizados en las ofrendas de la antigua Tenochtitlan.

 

En el Centro Histórico de la ciudad de México, exactamente en la intersección de las calles de Guatemala y Argentina, fue descubierto el monolito de la diosa Tlaltecuhtli el 2 de octubre de 2006 por el equipo de arqueólogos del Programa de Arqueología Urbana del Templo Mayor, supervisados por Álvaro Barrera, bajo la dirección de Eduardo Matos Moctezuma. Esta escultura de proporciones gigantescas se encontraba bajo el predio que alguna vez ocupó el Mayorazgo de Nava Chávez, justo al pie de la plataforma del Templo Mayor correspondiente a la sexta etapa constructiva (ca. 1486-1502 d.C.). En este escenario, los integrantes del Proyecto Templo Mayor, dirigido por Leonardo López Luján, comenzaron una nueva temporada de excavación en marzo de 2007. Desde entonces se ha recuperado un total de 16 ofrendas.

Las ofrendas del recinto sagrado de Tenochtitlan son conjuntos de objetos preciosos deliberadamente colocados entre los cimientos de los edificios, ya ocultos en cajas de piedra bajo los pisos, o directamente enterrados en el relleno constructivo del Templo Mayor. Tales objetos son regalos y peticiones que los mexicas hacían a sus deidades y con los que, a través de complejas ceremonias rituales, creaban un vínculo entre lo terrenal y lo divino. Los depósitos pueden estar integrados por miles de dones manufacturados en distintas materias primas, como copal, hule, madera, concha, basalto, obsidiana, pedernal, jadeíta y cerámica, entre otras. Suelen contener también minerales, vegetales, restos humanos y una gran diversidad de fauna, como moluscos, equinodermos, crustáceos, anfibios, reptiles, aves y mamíferos, muchos de ellos traídos de provincias lejanas. Aunque esos depósitos poseen una fuerte carga simbólica, son también un reflejo del poderío político y económico del Estado mexica, así como de su extenso sistema de intercambio y tributo.

Próximas al monolito de la diosa Tlaltecuhtli se encontraron las ofrendas 120 y 125, las cuales destacaron por su enorme riqueza material, por la variedad de objetos que contenían y por su inusitada diversidad en especies animales. En el primero de estos depósitos se localizaron 12 águilas reales (Aquila chrysaetos), algunas de ellas ataviadas con ajorcas de cascabeles de cobre en las patas y pectorales de madera y concha en el pecho. Superpuestas y con los huesos de sus alas semiflexionadas, las águilas cubrían el resto de los dones presentes en la caja. Desde el momento de su excavación fue sorprendente descubrir tal concentración de aves rapaces en un solo depósito de no más de un metro de largo por 50 cm de ancho, formando parte de un único evento ritual.

En la ofrenda 125 se hallaron dos ejemplares más de águila real (Aquila chrysaetos), los cuales fueron analizados en conjunto con los de la 120, ya que compartían particularidades en sus esqueletos que llamaron nuestra atención. De las 14 aves, sólo la mitad habían sido depositadas completas. A siete de los esqueletos se les habían quitado todos los huesos de la caja torácica, la mayoría de las vértebras y parte de los huesos de las alas y las patas. Algunos de los cráneos de estas rapaces estaban cortados o perforados en la nuca y en la base de la cabeza, y sus huesos largos tenían marcas de desuello y descarne.

Tales evidencias sugerían que las aves habían recibido algún tratamiento para preservar piel y plumas, ya que todas las características antes mencionadas pueden observarse también en esqueletos de aves modernas que han sido preparadas taxidérmicamente.

 

Quezada Ramírez, Osiris, y Norma Valentín Maldonado, Amaranta Argüelles Echevarría, “Taxidermia y cautiverio de águilas en Tenochtitlan”, Arqueología Mexicana núm. 105, pp. 18-23.

 

• María Castañeda de la Paz. Doctora en historia de América por la Universidad de Sevilla. Investigadora en el Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM.

 Osiris Quezada Ramírez. Pasante en arqueología por la ENAH y colaboradora del Proyecto Pirámide del Sol; actualmente desarrolla el proyecto de investigación “Sistemas constructivos en el Templo Mayor de Tenochtitlan”.

 Norma Valentín Maldonado. Bióloga por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN; investigadora de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH; colaboradora del Programa de Arqueología Urbana y del Proyecto Templo Mayor.

 Amaranta Argüelles Echevarría. Pasante en arqueología por la ENAH; colaboradora del Proyecto Templo Mayor desde 2007.

 

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