Teotenango

Román Piña Chán

Periodo 1 Agua (Rawi Tawi)

Gracias a las exploraciones arqueológicas se sabe que entre 600-750 d. C. ya existía una modesta aldea agrícola en las tierras bajas aledañas al cerro, en su lado norte, en donde había un antiguo manantial que dio nombre al sitio: Ojo de Agua, Esa aldea estaba ocupada por otomíes locales que  vivían en chozas con muros de lodo sobre plataformas, y que hacían cerámica y practicaban algunos oficios.

La población de Ojo de Agua se incrementó con nuevos grupos de otomíes que venían de Teotihuacan. Entonces se construyeron plataformas de piedra y lodo, y cuartos con paredes en talud y ligera moldura saliente (antecedente de la cornisa). Asimismo, se practicaba el sacrificio humano y el desmembramiento, y se enterraba a los muertos con acompañamiento de ofrendas, conformadas en especial por vasijas de color café brillante con pulimento de palillos, rojo pulido, negro y rojo sobre café claro, así como del tipo Anaranjado Delgado. En cuanto a la forma, se fabricaban platos trípodes con soportes de botón, vasos, ollas  con la efigie de Tláloc y figurillas moldeadas con un soporte o pedestal trasero.

Periodo 2 Tierra (Tenowi Hani)

Durante este periodo (750-900 d. C.),  la población de Ojo de Agua se concentró y emprendió la  construcción de un primer a centro ceremonial. Las exploraciones pusieron al descubierto tres estructuras de ese centro, que estaban distribuidas al frente de una pequeña plaza. Hechas de piedra bien cortada con revestimiento de estuco, cubrían a  las construcciones de lodo del periodo anterior.

Al frente de una de estas estructuras se encontró, sobre un piso de piedra pómez, una piedra labrada que tiene dos jeroglíficos con numerales al estilo de Xochicalco, Morelos. La cerámica que predomina en este periodo es de tipo Coyotlatelco, de color rojo sobre amarillo, con pulimento de palillos, y a veces con decoración negativa y con diseños geométricos muy bien ejecutados.

En este periodo,  la misma población de Ojo de Agua y de las aldeas vecinas comenzó a ocupar el cerro Tetépetl. Las exploraciones revelaron que la gente ocupó inicialmente el extremo oriental del cerro, el cual se fue terraplenando con rellenos artificiales para construir plataformas y edificios. Adosado al cantil norte, se construyó la parte frontal de un basamento que tiene varios cuerpos con talud alto y tablero-cornisa, todo hecho de piedra cortada. Asimismo,  se construyeron conjuntos habitacionales de varios cuartos hechos con muros de lodo endurecido al fuego y temazcales o baños de vapor, todo lo cual quedó cubierto por estructuras de periodos posteriores.

Periodo 3 Viento (Roxu Hupi)

Entre 900 y 1200 d, C, se dio el apogeo del Sistema del Norte, centro ceremonial de los otomí-teotenancas, formado por la población original que continuó engrandeciendo el lugar y por un grupo de teochichimecas que se decían eztlapictin cuando salieron de Chicomóztoc.  Al respecto, dice el cronista Chimalpahin: "por eso, porque el nombre es así, porque el lugar se llama Teotenanco, de allí lo toman los viejos teochichimecas Eztlapictín... (y) en el año 3 Calli... llegaron  por camino directo allí a Tizatepec cerca de Tolyehualco, en el país de los Xochimilcas.., los viejos, los que fueron llamados  Eztlapictín Teotenanca..." Estos teotenancas fundaron Tenango del Aire, cerca de Chalco, en 1162 d.C. El Sistema del Norte ocupó todo el borde oriental  del cerro Tetépetl. Aprovechando los desniveles del terreno, se construyeron plataformas ascendentes de este a oeste y de norte a sur, muy espaciosas, para poder levantar las estructuras. Al mismo tiempo, se revistieron los cantiles y laderas del cerro con altos muros de contención, que le dieron al lugar el aspecto de ciudadela fortificada.

 Allí se encuentra la Plaza A, en la que se localiza un basamento que tiene al frente cuerpos escalonados con talud y cornisa, y un alto muro posterior liso. De allí se asciende a la Plaza B, que tiene dos estructuras. Por la Plaza C se asciende al Juego de Pelota, el cual tenía anillos de piedra, Asimismo, hay calles, altares, habitaciones con hogares para el fuego, conjuntos de cuartos alrededor de pequeños patios, mercado y otros edificios, que terminan en la llamada Calle de la Rana, avenida por la que se entraba a la ciudad.

En este periodo aumentó la población de la parte baja y la que vivía alrededor del centro religioso administrativo. Las artes y los oficios tuvieron un gran desarrollo y se inició el comercio foráneo, En el aspecto religioso sobresalió el culto a Venus o Quetzalcóatl.

Comenzó el uso del calendario y la numeración de puntos y barras. Asociada a la arquitectura, floreció la escultura, especialmente el bajorrelieve, florecimiento que se observa en una lápida de sección triangular, en una de cuyas caras está grabada la figura de un cozcacuauhtli o zopilote real con cuerpo de mariposa, y en la otra, un jaguar, los que se refieren a Venus matutino y vespertino, respectivamente. En la Estela de Teotenango se pueden ver los cuatro portadores de los años del calendario.

También en la escultura aparecieron  glifos como calli (casa), tochtli (conejo), cóatl (serpiente),  mázatl (venado),  atl (agua), ehécatl (ojo  de serpiente), ácatl (caña),  xóchitl (flor), y motivos como el glifo del año -representado como un trapecio y un ángulo entrelazados-, el lazo para indicar  la atadura de año, la flecha -como símbolo de conquista-, ojos venusinos, estrellas, etc.  La cerámica continuó la tradición Coyotlatelco, aunque variaron los diseños y ahora se hicieron platos, ollas, cuencos y soportes con bandas rojas y manchas redondeadas rojas. Se fabricaba además un tipo cerámico con franja sellada y pintada de blanco, principalmente incensarios con soportes y mango, así como algunas vasijas con líneas ondulantes de estilo Mazapa.

Román Piña Chán. Doctor en arqueología. Investigador emérito del INAH.

Piña Chán, Román, “Teotenango”, Arqueología Mexicana, núm. 43, pp. 38-43.

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