• 22-jul-2019

Testimonios sobre la guerra durante el Clásico maya

David Stuart

Los primeros mayistas y su visión del Clásico maya como una pacífica sociedad guiada por sacerdotes astrónomos arrobados ante el horizonte, nos arrancan a veces una sonrisa burlona. Nos sorprende que hayan podido pasar por alto el carácter belicoso y sanguinario de la civi1ización maya, tan evidente hoy en día a través de su pintura y sus textos. Pero, para hacerles justicia, debemos tomar en cuenta la información que tenían Sylvanus Morley, Eric Thompson y otros destacados mayistas de aquellos tiempos, así como el hecho de que algunas de las pruebas más contundentes acerca de la guerra entre los mayas y de su importancia aparecieron sólo hasta mediados de siglo XX.

Sitios como Palenque y Copán, en los cuales se concentró la atención de los arqueólogos en las décadas de 1020 y 1930, muestran pocos o ningún signo de militarismo; predominan en ellos las imágenes y escenas rituales o los solemnes retratos de reyes en atuendos ceremoniales. El magnífico arte escultórico y las abundantes inscripciones calendáricas de estos sitios -así como de otros- marcaron la pauta para considerar a los mayas del periodo Clásico como pacifistas. Esta versión romántica ejerció gran atracción entre los estudiosos europeos y norteamericanos de la posguerra.

Chichén Itzá, explorado en la década de 1920, era, en cambio, el ejemplo opuesto. Mostraba multitud de guerreros y armas en un estilo artístico y arquitectónico “mexicano”. Los documentos etnohistóricos de Yucatán, con relatos de invasiones recurrentes de forasteros llegados de occidente, permitieron considerar que la pacífica cultura del Clásico maya había sido derrocada por una cultura guerrera a principios del Posclásico.

El descubrimiento de los murales de Bonampak en 1946 cambió radicalmente el panorama, pero el cambio fue paulatino. Tatiana Proskouriakoff fue la primera autora connotada en escribir algo sobre estas pinturas, en 1960. Modificó completamente los estudios mayas al descifrar los nombres de distintos gobernantes y sucesos de sus vidas en los textos de Yaxchilán y Piedras Negras, cercanas ambas a Bonampak, sobre el río Usumacinta. El militarismo maya quedaba representado sin la menor duda en el arte y los textos de estos dos sitios, y los esfuerzos de Proskouriakoff en la década de 1960 fueron los que más que ningún otro caracterizaron significativamente a los mayas del periodo Clásico como guerreros, mucho antes de las incursiones mexicanas registradas durante el Posclásico. El desarrollo de los métodos arqueológicos de esa década permitió que otras disciplinas estudiaran la guerra entre los mayas. Las excavaciones e investigaciones realizadas en Becán, Tikal y otros lugares descubrieron gran número de sitios fortificados.

El papel de la guerra entre los mayas sigue siendo tema de debate y discusiones entre los estudiosos. Si bien se ha usado una gran variedad de métodos y recursos para explicar las guerras, las principales fuentes lo siguen siendo las inscripciones jeroglíficas. Los trabajos de los epigrafistas florecen rápidamente y permiten descifrar detalles y contextos históricos ni siquiera sospechados por Proskouriakoff. Aún quedan muchas interrogantes que no podrán dilucidarse en un futuro próximo.

 

 

David S. Stuart. Arqueólogo. Profesor de antropología y director asistente del Proyecto Corpus de Inscripciones Jeroglíficas Mayas. Universidad de Harvard.

 

Stuart, David, “Testimonios sobre la guerra durante el Clásico maya”, Arqueología Mexicana, núm. 32, pp. 6-13.

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