Una panorámica de los peces fósiles de México

Katia A. González Rodríguez, Ihory J. Ponce Bustos

El registro fósil de peces en México es extenso, comprende desde el Paleozoico hasta el Pleistoceno. Esto se debe a que, durante millones de años, el territorio mexicano estuvo cubierto por mares someros que permitieron su diversificación. Cuando estos mares se retiraron y emergió el territorio como lo conocemos actualmente, se formaron grandes cuerpos de agua dulce que, a su vez, albergaron gran diversidad de peces. La mayoría de las especies que han sido descritas son nuevas para la ciencia y representan una fauna endémica de México. Aquí se presenta un panorama general del registro fósil del grupo en el país.

Los peces son el grupo de vertebrados más numeroso y diverso que existe, con más de 37,000 especies fósiles y recientes. El registro fósil de peces en México es significativo, ya que se han encontrado diversos sitios de ambientes dulceacuícolas, marinos y mixtos que datan del Paleozoico hasta el Pleistoceno. Esto se debe a que la configuración de los continentes y, por consiguiente, la de los océanos, ha cambiado a través de millones de años gracias al movimiento de las placas tectónicas que forman la corteza terrestre.

Los registros más antiguos de peces en México datan del Paleozoico (Pérmico, hace 280 millones de años), en Puebla, Coahuila y Chihuahua, y pertenecen a tiburones extintos como Helicoprion. En esa época México formaba parte de una gran masa continental llamada Pan-gea y sólo algunos mares epicontinentales con plataformas calcáreas lo rodeaban.

Los peces fósiles están mejor representados en la era Mesozoica, que abarca de 248 a 65 millones de años aproximadamente y está dividida en tres periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico. No se han encontrado localidades con peces en el Triásico, tal vez debido a que el supercontinente Pangea permanecía y México era en su mayor parte un territorio emergido con sólo unas pocas bahías estrechas. A finales del Triásico e inicios del Jurásico inició la fragmentación de Pangea, que se separó en dos grandes masas: Laurasia, al norte, y Gondwana, al sur, y en medio de ellas se dio una transgresión marina (aumento en el nivel del mar) que originó el Mar de Tetis y, junto con movimientos tectónicos, llevó a la formación del golfo de México y del océano Pacífico, que estaban conectados con el oeste del Tetis. En el Jurásico (240 a 143 millones de años) se dio una gran diversificación de fauna marina en los nuevos mares epicontinentales que se formaron en México y es en este periodo donde se han encontrado los registros más antiguos de peces holósteos y teleósteos.

La diversidad de peces fósiles en México está lejos de ser conocida completamente. Aquí se presenta sólo una pequeña muestra de los registros que se conocen hasta ahora. Cada año se descubren nuevos sitios de distintas edades y ambientes y los peces que contienen, que en su mayoría corresponden a nuevas especies.

Katia Adriana González Rodríguez. Doctora en ciencias. Profesora- investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Especialista en peces óseos cretácicos.
Ihory J. Ponce Bustos. Ingeniera geóloga por la Universidad de San Luis Potosí. Estudiante de la maestría en ciencias en biodiversidad y conservación de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Para leer más...
Alvarado Ortega, Jesús, et al., “Paleocene fishes from Palenque, Chiapas, southeastern Mexico”, Palaeontología Electrónica, 18.2.39a, 2015, pp. 1-22. 
Guzmán, Ana Fabiola, “El registro fósil de los peces mexicanos de agua dulce”, Revista Mexicana de Biodiversidad, vol. 86, 2015, pp. 661-673, http://dx.doi.org/10.1016/j.rmb.2015.05.003
Sour Tovar, Francisco, Sara Quiroz Barroso, Shelton P. Applegate, “Presence of Helicoprion (Chondrichthyes, Elasmobranchii) in the Permian Patlanoaya Formation, Puebla, Mexico”, Journal of Paleontology, vol. 74, núm. 2, 2000, pp. 363-366.

Tomado de Katia Adriana González Rodríguez e Ihory J. Ponce Bustos, “Una panorámica de los peces fósiles de México”, Arqueología Mexicana, núm. 196, pp. 43-49.