¿Dónde y cómo se obtenía la obsidiana en la época prehispánica? La obsidiana es común en flujos riolíticos de los principales campos volcánicos en México y Centroamérica. Su composición de alto contenido de sílice (SiO2 >70%) forma el vidrio tras un proceso de rápido enfriamiento de una lava altamente viscosa (10-15% de aluminio y potasio), creando un material sin estructura cristalina distinguible, pero con excelente filo y fractura concoidea predecible, lo que la hace ideal para la manufactura de artefactos líticos.
Los yacimientos de obsidiana pueden ser muy variados. Por ejemplo, hay áreas donde los nódulos aparecen como cantos rodados de diverso tamaño en el lecho de ríos o valles sin que se pueda determinar el lugar específico donde se originaron, como en el caso de Altotonga, Veracruz, o Fuentezuelas, Querétaro. En otros casos se pueden observar las coladas embebidas en su lugar de formación, ya sea por un corte en una cañada o a la vista en superficie. En ambos casos es posible hacer simple recolección en superficie de los nódulos libres por erosión, como debió darse en los periodos Precerámico y Preclásico Temprano.
Para el Preclásico Tardío y el Clásico ya se advierten actividades de minería mediante socavones superficiales en los yacimientos de fácil acceso, pero en el caso de la obsidiana de mayor calidad de la Sierra de las Navajas, tanto teotihuacanos, toltecas y mexicas, o sus tributarios, debieron organizar una minería a gran profundidad para obtener el volumen y la calidad de obsidiana que se requería para hacer navajillas prismáticas.
Es probable, por otro lado, que también existieran organizaciones de tipo gremial de mercaderes-artesanos que obtuvieran los nódulos mediante intercambio en aquellos sitios que controlaban los yacimientos, como Ucareo en Michoacán o La Joya en Jalisco, y los llevaran a los lugares más distantes para su intercambio, fuera en mercados locales locales o directamente en los pueblos mismos. Estos artesanos itinerantes suplieron el papel que dejó Teotihuacan tras su colapso y explica por qué las navajillas de obsidiana de Ucareo se distribuyeron por todo el Centro de México y sitios del área maya, como Chichén Itzá, sin la necesidad de un gran Estado que controlara su acceso.
El poder de estos comerciantes se mantuvo en el Posclásico Tardío al amparo de los poderes políticos locales, pues incluso obsidiana de la Sierra de las Navajas, controlada por la Triple Alianza, ingresaba a territorios enemigos como Tlaxcala, probablemente al amparo de estos artesanos itinerantes.
Guillermo Acosta Ochoa. Doctor en antropología. Investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM. Ha realizado estudios de procedencia, circulación y huellas de uso de obsidiana en distintas partes de México.
Tomado de Guillermo Acosta Ochoa, “La obsidiana y los sistemas de intercambio en el México antiguo”, Arqueología Mexicana, núm. 198, pp. 36-41.







