Pocas regiones mesoamericanas tienen la profundidad histórica que posee el territorio que ahora ocupa el estado de México: en él se encuentran vestigios que conservadoramente abarcan alrededor de 22 000 años.
Este sitio fue uno de los numerosos centros ceremoniales situados alrededor de los lagos de la Cuenca de México que dependían de algunas de las capitales que integraban la Triple Alianza.
En esta zona arqueológica cubierta casi totalmente por la mancha urbana se conserva un buen ejemplo de los palacios del Posclásico Tardío en la Cuenca de México.
Es uno de los sitios que tuvieron su apogeo en la época posterior al declive teotihuacano y, muy probablemente, servía de enlace entre el Altiplano Central y regiones de Guerrero y Michoacán.