• 26-may-2020

Arqueología de Campeche

Luis Millet Cámara

Los grandes exploradores recorren Campeche

Stephens y Catherwood

Luego de visitar Kabah, Uxmal y otros importantes sitios de la región del Puuc, Stephens se dirigió a Bolonchén y en su camino atravesó por una parte del famoso sacbé o “camino blanco” que une a Kabah con Uxmal. Ya cerca de Bolonchén, visitó las ruinas de Chunhuhub y luego las de Itzimté, con las cuales inició su recorrido por Campeche. Muy pronto pudo percatarse de que la obtención de agua fue uno de los problemas más graves que enfrentaron los habitantes de esa zona, y que todavía estaba vigente. Stephens visitó la cercana gruta de Xtacumbilxunan y la dio a conocer, junto con un interesante grabado de su compañero Catherwood; esta gruta abastecía de agua a los pobladores de la zona de Bolonchén durante los meses de sequía.

Estando en esta población les informaron de las ruinas de Xtampak, y de que ahí existía un gran edificio en cuyo nivel superior se encontraba “la Casa Cerrada”, que atraía la curiosidad y fantasía de la gente por la impresión que daba la fachada oriente del Palacio de Tres Pisos, en la cual predominan los muros y casi no hay accesos. Después se trasladaron a Iturbide, y cerca de allí Stephens conoció una aguada, o depósito natural de agua, que unos años antes había sido rehabilitada con el esfuerzo de cerca de mil quinientos trabajadores; durante estos trabajos se habían encontrado numerosos vestigios de obras realizadas en la época prehispánica, cuyo fin era mejorar la conservación del agua. Visitaron el sitio de Dzibilnocac, uno de los exponentes más importantes del estilo arquitectónico del Yucatán Central, y luego Macobá, donde acababan de poner en funcionamiento dos grandes chultunes, o depósitos subterráneos de agua, de fabricación prehispánica. De ahí se encaminaron a Tekax, luego de haber permanecido durante casi dos semanas en esta parte de Campeche.

Maler y Charnay

En esta misma región de Los Chenes, Teoberto Maler pasó largas temporadas a finales del siglo XIX, recorriendo de manera más intensa sus sitios arqueológicos y dando a conocer importantes construcciones, como las Torres de Nocuchich, o las fachadas con mascarón de Hochob; realizó múltiples planos de los edificios más notables, y tomó numerosas fotografías de gran calidad. Ya en el presente siglo, H. Pollock, investigador de la Carnegie Institution de Washington, amplió de manera más sistemática los conocimientos arqueológicos.

En 1886, el viajero francés Désiré Charnay llegó al puerto de Campeche; atraído por la belleza de algunas piezas arqueológicas que ahí le mostraron, e informado de que muchas de ellas provenían de la cercana isla de Jaina, se trasladó allí y durante su estancia realizó algunas excavaciones, encontrando algunas de las figurillas que tanta fama le han dado a este sitio.

Perigny y la Carnegie Institution

Pero el sur del estado aún permanecía completamente ignorado, y fue hasta la visita del explorador francés M. de Perigny, en 1906-1907, cuando se dio a conocer el sitio de Río Bec, que luego visitaron Merwin y Hay. Durante la década de los años treinta de este siglo, la Carnegie Institution de Washington realizó varias expediciones por esta región, y las publicaciones de K. Ruppert y J. Denison, y de W. Andrews IV resultaron de gran importancia para el conocimiento de sitios como Xpuhil o Becán, reportándose en este último la presencia de un dique y una muralla que rodeaban al recinto ceremonial.

La ingeniería hidráulica en el Preclásico

Los asentamientos mayas más tempranos en Campeche pueden fecharse para el Preclásico Medio (550-50 a.C.), y ello nos indica que ya eran pueblos sedentarios que practicaban la agricultura en el bosque tropical lluvioso. Tanto en Edzná como en Becán, Xpuhil o Dzibilnocac se han encontrado vestigios de estos primeros sitios, cuyos pobladores seguramente llegaron allí buscando tierras agrícolas de buena calidad y se asentaron de manera permanente para aprovechar la existencia de algunas aguadas cercanas que les permitían contar con agua en la época de sequía, ante la ausencia de cenotes o ríos en esa región. En Becán se han localizado algunas construcciones que pueden ser fechadas para el Preclásico, como son pequeñas plataformas con escalinatas remetidas, las cuales ya cuentan con pisos de estuco donde es evidente el uso del color, y que se agrupan en plazoletas o patios. Sobre algunas plataformas se han encontrado restos de cuartos con muros de mampostería de hasta un metro de altura, que seguramente contaban con un techo de materiales perecederos.

El Preclásico Tardío (50 a.C.-250 d.C.) fue una época de gran crecimiento demográfico, así como de intensa actividad constructiva en los sitios mayas, en muchos de los cuales comenzaron a surgir grandes obras que sugieren la existencia de un grupo con una influencia y poder que ninguno había tenido antes, y que era el que se encargaba de dirigir estos trabajos.

En Edzná, la construcción de numerosos canales y de grandes depósitos de agua a cielo abierto requirió de un esfuerzo notable y una dirección muy cuidadosa, pero finalmente les permitió a los habitantes de la ciudad resolver de manera satisfactoria el grave problema del abastecimiento de agua durante los meses de mayor sequía, y además pudieron controlar el exceso de agua en la época de lluvias. También a este periodo corresponde la construcción de un gran canal de 12 km de largo y cerca de 50 m de ancho que se dirige hacia el sur del valle; aparentemente en su parte media existe un cambio de nivel en el terreno, que hacía que una parte del agua fluyera rumbo a la ciudad y la otra en dirección a una gran aguada situada en el sur del valle, y que nutre al pequeño río Champotón. Llegando a la ciudad, el canal forma una laguna artificial que rodea a un islote, al cual se le ha llamado la Fortaleza y que presuntamente tuvo un carácter defensivo por el hecho de estar rodeado de agua, por los montículos construidos en las esquinas, los muros de tierra que lo protegen por dos lados y el tener un solo acceso.

La inseguridad y la guerra

Igualmente en Becán, durante el Preclásico Tardío, tenemos evidencias de este auge constructivo. La ciudad fue erigida aprovechando la parte más alta de un terreno que se encuentra rodeado casi por todos lados de un gran bajo o terreno anegadizo: en ese periodo se construyó un dique que rodeaba la parte central del sitio y el material obtenido de la excavación permitió la construcción de una elevada muralla, en su lado interior, de cerca de dos kilómetros de longitud, y en la cual se abren siete accesos, con sus correspondientes terraplenes, que permiten cruzar el dique. La superficie que encierra la muralla es de 19 ha, y durante el Clásico Tardío se levantaron grandes edificios, que seguramente cubrieron a los más tempranos.

El carácter defensivo de estas obras ha sido señalado por diversos autores desde la época de su descubrimiento, y la época temprana de su construcción pone en evidencia el estado de inseguridad que imperaba en muchos de los grandes sitios mayas. Se ha sugerido que la influencia cultural que se percibe en la parte oriental de la península yucateca, proveniente de la región de Belice y que no está presente en Becán, pudo ser una de las causas para emprender en ese momento estas grandes obras de defensa.

Para el Clásico (250-900 d.C.), tenemos en Campeche regiones culturales bastante diferenciadas, y así, los sitios del sur como Calakmul o La Muñeca comparten más estrechamente las manifestaciones culturales presentes en el Petén guatemalteco, aunque esta influencia se deja sentir con bastante fuerza en sitios del oeste del estado, como Balamkú y Edzná. En la arquitectura y la escultura de este último sitio se hacen evidentes tales influencias, y desde los comienzos del Clásico está presente la costumbre de levantar estelas en conmemoración de algún acontecimiento relevante.

 

Luis Millet Cámara. Investigador del Centro INAH-Yucatán. Dirigió los trabajos que se realizan en Izamal, Yucatán.

Millet Cámara, Luis, “Arqueología de Campeche”, Arqueología Mexicana, núm. 18, pp. 6-15.

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