• viernes, 15 de marzo de 2019

Balamkanché reevaluado. Observaciones preliminares

James E. Brady, Guillermo de Anda y Melanie Saldaña

Con el descubrimiento de José Humberto Gómez de los pasajes sellados detrás de un bloqueo intencional de la cueva en 1959, Balamkanché se convirtió en la cueva maya preeminente y la monografía de E. Wyllys Andrews IV (1970) sigue siendo un clásico en la arqueología de cuevas mayas. Sin embargo, la transformación de la cueva en una atracción turística impidió la investigación, aún inconclusa, de este sitio.

La exploración del Cenote Holtún documentó que el nivel freático durante el Clásico Terminal en Chichén Itzá había sido por lo menos seis metros menor que en la actualidad (De Anda et al., 2016). Esto pudo haber provocado que algunos pasajes inundados de Balamkanché se secaran, exponiendo así otros pasadizos hacia galerías más bajas. En el verano de 2017, gracias al proyecto Gran Acuífero Maya (GAM) se exploró Balamkanché para realizar mapas de nuevos pasajes sumergidos. Una cuidadosa exploración subacuática de estos pasajes evidenció cuando menos dos vasijas sumergidas no documentadas previamente en el pasaje más profundo. No se descubrieron pasajes nuevos, en parte por la dificultad de trabajar con la extremadamente pobre calidad del aire y la densa sedimentación subacuática, por lo que se harán esfuerzos adicionales para extender la longitud conocida de la cueva.

Mediante el proyecto también se exploraron pasajes al lado este del túnel central y se reportaron fuertes concentraciones de cerámica sobre la superficie. Un área en particular llamó mucho la atención debido a la presencia de una columna de piedra caliza. Aunque no es un espeleotema, su forma sugiere la de la columna estalagmítica en la parte posterior de la cueva, que fue el foco de la actividad ritual. El complejo alrededor de esta columna se encuentra ampliamente modificado. La columna se despliega hacia el centro del túnel y se divide en dos pasajes paralelos. El límite norte del complejo está marcado por una pared de tres escalones de altura. En la base de la pared del túnel oeste hay una poza de 230 x 127 cm y 24 cm de profundidad, y se observaron crustáceos endémicos dentro de la poza. El complejo termina en un muro de contención. A juzgar por los niveles de agua marcados en la columna, después de las lluvias, estas pozas pueden tener entre 50 y 60 cm de profundidad. Las modificaciones extensas y la alta concentración de objetos sugieren que se trataba de una parada en un circuito ritual dentro de Balamkanché.

 

James E. Brady. Arqueólogo con doctorado en antropología por la UCLA. Profesor del Departamento de Antropología en California State University, Los Ángeles.

Guillermo de Anda. Investigador de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH y director del proyecto Gran Acuífero Maya. Arqueólogo subacuático con estudios de maestría en antropología esquelética (UADY) y de doctorado en estudios mesoamericanos (UNAM).

Melanie Pasqua Saldaña. Maestra en arte por la California State University, Los Ángeles, donde también es profesora de antropología. Ha participado en numerosos proyectos de arqueología de cuevas en Guatemala, Belice y México.

 

James E. Brady, et al., “Balamkanché reevaluado. Observaciones preliminares”, Arqueología Mexicana, núm. 156, pp. 49-55.

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