• 17-nov-2019

Bioarqueología de los movimientos poblacionales prehispánicos

Diana Bustos Ríos, Alan Barrera Huerta

La ciencia básica está constantemente preguntándose cómo funciona nuestro mundo, y sus resultados son de utilidad en diversos campos de estudio. La arqueología ha incorporado herramientas de la geoquímica y la genética para explicar cómo ha sido nuestro caminar sobre el planeta.

 

Los desplazamientos poblacionales en el México antiguo han sido frecuentemente abordados por la arqueología. Además del estudio de las fuentes históricas, de las influencias estilísticas en la cerámica, la arquitectura o la iconografía, en la actualidad se ha sumado la bioarqueología. En este campo, la biología y el estudio de la cultura estrechan lazos y conciben al esqueleto como un vestigio de la intensa relación del ser humano con el ambiente que le circunda, situación que deriva algunas veces en la variabilidad poblacional de los grupos humanos. Entre las herramientas de reciente incorporación al quehacer bioarqueológico están los estudios arqueométricos relacionados con marcadores biológicos, como la isotopía de estroncio y oxígeno para identificar individuos migrantes, y la genética de poblaciones para contrastar la diversidad humana en un momento y un espacio determinados.

 

Los estudios de isotopía para entender la movilidad humana

Entre las vertientes de investigación que retoman técnicas de las ciencias exactas para responder preguntas arqueológicas, los estudios de isotopía de estroncio y oxígeno aplicados a restos humanos han sido utilizados con éxito en la identificación de los movimientos migratorios. Análisis en colecciones óseas mesoamericanas, como los realizados por los equipos de investigación liderados por Linda R. Manzanilla en Teotihuacan, Douglas Price en Copán y Christine White en Oaxaca, entre otros, han resultado fructíferos en la identificación de movimientos poblacionales. Además de estas aplicaciones, los análisis isotópicos pueden aportar datos relacionados con la dieta, así como sobre la lactancia y el destete de los niños.

Las firmas isotópicas de estroncio (87Sr/86Sr) obtenidas de hueso y esmalte dental nos brindan indicios de los posibles lugares de origen de los individuos. Mediante la ingesta de una dieta conformada por alimentos producidos localmente, los organismos reflejan el mismo índice isotópico que la región que habitaron.

Para la arqueología esto es de suma utilidad si se busca desentrañar un evento migratorio. Por ejemplo, mediante el estudio de las fuentes históricas y de la cultura material, los equipos de investigación pueden inferir las probables relaciones entre dos regiones y, gracias a los especialistas en geoquímica, es posible conocer las firmas isotópicas de ambas localidades. Así, a partir del análisis de los dientes y los huesos humanos podemos saber si un individuo migró de una región a otra.

El esmalte dental es una estructura inorgánica que al terminar su proceso de desarrollo (en la vida intrauterina) no vuelve a modificarse, y conserva la firma isotópica de la región geográfica donde el individuo vivió los primeros años de su infancia. En contraste, los huesos están en constante remodelación, por lo que conservan la firma isotópica de los alimentos ingeridos durante los últimos años de vida. En un mismo individuo, las diferencias entre ambos índices evidencian un cambio de residencia; de ser idénticas, implicaría su permanencia en su región de origen.

 

Los estudios genéticos y su importancia para entender la migración

La obtención de material genético en los restos biológicos antiguos ha tenido un crecimiento vertiginoso durante los últimos 27 años, lo que generalmente está vinculado al estudio de la diversificación de linajes maternos, mediante el análisis de segmentos del ADN mitocondrial (ADNMT). Esta estructura genética se hereda de la madre a sus hijos e hijas, sin que haya recombinación con la información genética del padre. Además, tiene una estructura circular que la hace más estable a lo largo del tiempo.

A pesar de permitirnos conocer únicamente la filiación materna de un individuo, es de especial importancia en la antropología genética, pues la falta de dicha recombinación hace que el análisis estadístico de los resultados sea menos ambiguo. Esto es de gran ayuda en la reconstrucción de la historia biológica de los linajes maternos. Así, podemos identificar las diferencias genéticas generacionales entre poblaciones biológicas, por lo que es de mucha utilidad en estudios sobre los desplazamientos humanos, cuando se contrastan poblaciones ubicadas en diferentes regiones.

A diferencia de los estudios de isotopía, la genética de poblaciones observa la variabilidad de los grupos humanos entre sí y al interior de ellos. Con este fin, los investigadores establecemos un índice (llamado de heterocigocidad), el cual nos remite al grado de variabilidad que tienen las secuencias genéticas que estudiamos. Para ello, en nuestras investigaciones arqueológicas debemos entender la diferencia entre una población biológica y una cultural. Por ejemplo, puede ser que diferentes pueblos mesoamericanos correspondan a una misma población biológica, por lo que encontraremos escasas diferencias entre sus estructuras genéticas, aunque su diversidad cultural sea notable. Debemos recordar que estos estudios son estadísticos, por lo que es recomendable que el bioarqueólogo conozca aspectos como el sistema de parentesco, las relaciones político-económicas, los fenómenos naturales y la historia demográfica de las poblaciones sobre las cuales quiere investigar su grado de afinidad biológica.

 

Los estudios de migración y de poblaciones en el recinto sagrado de Tenochtitlan

En su calidad de asiento del orden cósmico, en el recinto sagrado se desarrollaron una gran variedad de rituales. Tal es el caso de la oblación, vía de comunicación entre el ámbito divino y la esfera de lo humano, la cual, en palabras de Leonardo López Luján, permite mediante la ofrenda –su expresión material– la obtención de favores o su agradecimiento. En este contexto, uno de los principales dones ofrecidos en ese espacio sagrado era la vida humana. Respecto a las víctimas sacrificiales aún tenemos muchas preguntas por responder: ¿cómo se obtenían?, ¿de dónde provenían?, ¿quiénes eran?

Algunas fuentes documentales hacen mención de estos aspectos. El estudio de marcadores biológicos de los individuos encontrados en las ofrendas del recinto sagrado aporta elementos que nos ayudan a comprender el expansionismo mexica, al esclarecer la procedencia de las víctimas del sacrificio mediante la observación del grado de afinidad genética y sus firmas isotópicas.

El estudio osteológico de esos materiales fue llevado a cabo por la arqueóloga Ximena Chávez Balderas. Sus investigaciones han aportado nuevos datos sobre este tema, pues anteriormente se pensaba que los individuos inmolados eran guerreros capturados en lejanas campañas de conquista. El análisis del perfil biológico emprendido por esa investigadora reveló que de un total de 153 víctimas localizadas en las diferentes etapas constructivas del huey teocalli mexica y sus alrededores, aproximadamente la mitad corresponde a adultos jóvenes masculinos. Más aún, en dicha colección la evidencia de violencia antemortem y perimortem es escasa.

De lo anterior se desprende que
eran muy diversos los mecanismos
de obtención de los individuos destinados al sacrificio, por lo que no todos habrían sido producto de lejanas campañas militares. En efecto, también deben ser tomada en cuenta la procuración de víctimas mediante la esclavitud, la tributación y las redes de comercio. Por ello, consideramos necesario realizar un análisis de la evidencia directa, es decir, del estudio de los huesos a partir de las ciencias experimentales. Como uno de nuestros principales objetivos era obtener mayor certidumbre en la interpretación, decidimos combinar
nuestros resultados con los datos bioarqueológicos y la información documental.

 

Alan Barrera Huerta. Licenciado en arqueología por la ENAH. Mención honorífica Premios INAH 2015 por su tesis “Isotopía de estroncio aplicado a material óseo humano localizado en ofrendas del Templo Mayor de Tenochtitlan”. Estudiante de la maestría en estudios mesoamericanos en la UNAM.

Diana Bustos Ríos. Licenciada en arqueología por la ENAH. Maestra en antropología física por la UNAM. Su línea de investigación son los estudios de antropología genética en materiales prehispánicos.

 

Bustos Ríos, Diana, Alan Barrera Huerta, “Bioarqueología de los movimientos poblacionales prehispánicos”, Arqueología Mexicana núm. 143, pp. 62-65.

 

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