• sábado, 17 de noviembre de 2018

Cara a cara con los antiguos mexicanos . Bioarqueología del cuerpo humano

Vera Tiesler

Modelo del cosmos mesoamericano, el cuerpo indígena constituía un singular espacio en el que convergían y se exhibían las insignias que indicaban la condición y adscripción de su portador. La bioarqueología nos acerca a la apariencia real de los indígenas de antaño y a las formas y significados de su arreglo cultural.

 

Cuerpo humano, sociedad y cosmos

El organismo humano es sede física de nuestra vida y reconcilia toda interacción con el mundo que nos rodea. Por eso no sorprende que las sociedades se hayan esmerado para explicar la existencia del cuerpo humano y de sus componentes. Sin duda, la compenetración filosófico-religiosa con lo corpóreo llegó a los extremos entre los antiguos mesoamericanos, quienes concebían el cuerpo humano como contenedor de componentes anímicos, a la vez que modelo del universo.

Según el epigrafista Erik Velásquez García, los mayas pensaban que seres numinosos, de carácter telúrico, ocupaban el epigastrio. Los grupos nahuas consideraban que el palpitante corazón cargaba el teyolía, el alma-semilla-pájaro. Se suponía que esa esencia anímica, tras la muerte natural, transitaba gradualmente hacia la vida ultraterrestre. Más abrupta era su disipación durante el rito sacrificial, al ser arrancado del cuerpo junto con el corazón. En ambos casos, el teyolía se disipaba para alimentar las potencias sacras y así renovaba la vida terrestre. Otra energía-calor sagrada, el tonalli, se concentraba en la cabeza y era consagrado al Sol.

En esta cartografía corpórea, la cabeza y en especial el rostro cobraban especial importancia al concentrarse ahí las vías de comunicación activa con el entorno. Orificios como las fontanelas “húmedas”, la boca, las orejas, los ojos y las fosas nasales eran considerados portales que canalizaban la comunicación del hombre con el ámbito mundano y telúrico. Ese intercambio podía mediarse por gestos, calor, aromas, respiración o los propios sentidos. La voz cargaba el sonido y la palabra, mientras que el semblante confería al individuo un lugar frente a la sociedad y el cosmos, afianzaba su identidad y su personalidad.

Puesto en escena, el cuerpo del hombre mesoamericano constituía un espacio privilegiado de convergencia y de exhibición, un lienzo orgánico para expresar creencias y conducir prácticas que en realidad estaban destinadas a la persona y al colectivo. Las maniobras sobre el cuerpo debían proteger y estabilizar, enaltecer y en ocasiones, forzar su penitencia, castigar o destruir (fig. 2). Así, el cuerpo mostraba la condición social, el género, la edad o la adscripción étnica.

 

La bioarqueología del cuerpo humano

Sin duda, la bioarqueología enriquece el estudio cultural en torno al cuerpo humano, ya que permite conocer la apariencia real de los actores humanos, más allá de las descripciones históricas y los retratos: se trata de una mirada decididamente humana a nuestro pasado. Al situarse en el intersticio de la arqueología y la antropología biológica (además de otras, como la medicina, la odontología, la historia y la iconografía), esta línea de estudio invita a transitar entre las disciplinas y entre diferentes niveles de aproximación: toma como punto de partida el escrutinio de los vestigios mortales de niños, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, para luego rastrear en los registros funerarios aquellos que suponemos formaban familias y grupos de vecinos. En otra escala, el estudio regional da cuenta de las continente americano, el profesor Romano se convirtió en la máxima autoridad sobre modelado cefálico infantil, costumbre milenaria que el maestro supo interpretar culturalmente al combinar sus estudios craneológicos con la imaginería y las fuentes históricas (fig. 3). Así, dio cuenta de la variedad de formas, técnicas y motivos que las madres indígenas empleaban para preparar la cabeza de los menores.

Recientemente, la bioarqueología ha aprovechado los esfuerzos pioneros del siglo pasado. En la interpretación de las modificaciones culturales del cuerpo la bioarqueología busca explicaciones relacionadas directamente con la mentalidad indígena. Más allá del resultado visible, ha dado fruto estudiar las concepciones frenológicas y propiamente sensoriales de las modificaciones corporales, así como los aspectos rituales y la cotidianidad. Así, surgen preguntas sobre el papel de las concepciones corpóreas en las prácticas cefálicas y dentales, cuál era la relación con lo sagrado, cuáles eran las técnicas empleadas, cuáles eran las restricciones.

 

Vera Tiesler. Maestra en arqueología (ENAH), doctora en antropología (UNAM), con estudios en historia del arte, medicina y antropología física. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Yucatán. Su obra se centra en la corporeidad, la vida y la muerte entre los mayas.

 

Tiesler, Vera, “Cara a cara con los antiguos mexicanos . Bioarqueología del cuerpo humano”, Arqueología Mexicana núm. 143, pp. 43-49.

 

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