• 19-jul-2019

Chapultepec, espacio ritual y secular de los tlatoani aztecas

Felipe Solís Olguín

El Chapultepec de Moctezuma I y el Tetzcotzinco de Nezahualcóyotl fueron sitios con características similares: estaban orientados en relación con sus ciudades capitales, poseían obras hidráulicas y monumentos, y su uso era más como espacios rituales que como baños o jardines de recreo.

 

En la memoria colectiva de los mexicanos, el cerro de Chapultepec, con sus hermosos bosques y jardines, aparece como el lugar de recreo de Moctezuma, donde se le puede imaginar bañándose en las albercas que se habían construido para tal propósito. Esta idílica visión se explica por la abundancia de agua en aquel lugar. Asimismo, tal exuberancia también aparece en el topónimo de Chapultepec, que está formado por una prominencia montañosa por encima de la cual se posa un saltamontes, y en la pictografía del “cerro del chapulín”, del cual brota el chorro de agua de los manantiales que se hallaban en las faldas del lado este del cerro, de donde provenía el agua potable que se consumía en la ciudad de México. Del insecto del cual toma su nombre el bosque conservamos una extraordinaria escultura elaborada en carneolita, piedra de un intenso color rojo, que fue descubierta en el interior de la alberca principal.

 

Origen del cerro de Chapultepec

Este cerro corresponde a una formación geológica muy antigua, de origen volcánico, que sirvió de asentamiento a los mexicas en la etapa final de su migración, cuando iban en busca de su futura urbe. Los cronistas nos relatan los intensos trabajos del pueblo para fortificar su cúspide con algunas albarradas, para protegerse del ataque de los pueblos vecinos a los que incomodaba su presencia. Después de 47 años de su asentamiento en Chapultepec, los mexicas fueron atacados por una coalición comandada por los tepanecas de Azcapotzalco, apoyados por los de Xaltocan, y los seguidores de Huitzilopochtli fueron derrotados. Los mexicanos expresaron así su amargura en los Anales de Cuauhtitlan: “Con los escudos al revés, fuimos los mexicanos vencidos en el Pedregal de Chapultepec. ¡Ah! Hacia las cuatro partes llevaron a los hijos. Va llorando Huitzilihuitl; otros pendones en sus manos, desmochados fueron en Culhuacan”. En efecto, el viejo Huitzilíhuitl, hasta entonces su guía, fue sacrificado junto con su mujer en Culhuacan.

Después de los diversos episodios que llevaron a este valeroso pueblo a fundar su ciudad en el año 2 casa (1325 d.C.), que condujo al establecimiento del linaje gobernante con Acamapichtli, el nieto de éste, Chimalpopoca, logró que su abuelo materno le otorgara en propiedad permanente los manantiales de Chapultepec, para proveerse de agua potable. No obstante que el agua de la laguna de México era dulce, no se podía beber por la cantidad de lodo e inmundicias que contenía.

 

El acueducto

Fue hasta el floreciente reinado de Moctezuma I o Ilhuicamina (1440-1469 d.C.) cuando se llevó a cabo la construcción del impresionante acueducto que conducía el agua desde los manantiales de Chapultepec hasta México-Tenochtitlan. En varias crónicas y códices pictográficos se menciona a Nezahualcóyotl, señor de Texcoco, como el autor del diseño y director de los trabajos del acueducto, que fueron realizados en el año 13 conejo (1466 d.C.). Esta magnífica obra hidráulica asombró a los españoles por el ingenio con el que se edificó, pues aún no se conocía el arco de medio punto, aplicado por los romanos para los mismos fines. El acueducto era de doble vía, con el propósito de que uno de los duetos estuviera en funciones mientras el otro se limpiaba y recibía los adecuados trabajos de mantenimiento.

 

Felipe Solís Olguín. Arqueólogo. Director del Museo Nacional de Antropología, INAH.

 

Olguín, Felipe, “Chapultepec, espacio ritual y secular de los tlatoani aztecas”, Arqueología Mexicana núm. 57, pp. 36-40.

 

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