• jueves, 19 de julio de 2018

Chupícuaro, Guanajuato

Chupícuaro es una cultura del Preclásico para la cual disponemos de buenos ejemplos de figurillas en contextos de enterramiento. A pesar de las intensas actividades de saqueo que ha sufrido toda la región, las excavaciones arqueológicas en el Valle de Acámbaro y en zonas adyacentes del estado de Querétaro han permitido conocer de una mejor manera las diversas formas en que fueron inhumadas.

Al igual que en otras partes de Mesoamérica, la gran mayoría de las colecciones recuperadas en excavaciones controladas pertenece a contextos domésticos. En tales casos, las figurillas suelen reducirse a simples fragmentos. Esta observación es válida para las tres fases de desarrollo de la cultura Chupícuaro, es decir las fases Chupícuaro Temprano (600-400 a.C.), Chupícuaro Reciente (400-100 a.C.) y Mixtlán (0-250/450 d.C.), a lo largo de las cuales las figurillas fueron muy populares. En este amplio intervalo, los tipos fueron transformándose: no se utilizaron siempre los mismos yacimientos de arcilla, ni se emplearon las mismas técnicas de producción, ni se perpetuó la morfología de las representaciones humanas. En cambio, el uso que se hizo de estos artefactos sí parece mantenerse estable durante casi un milenio. Asociados principalmente con la esfera doméstica, una gran cantidad de fragmentos fueron encontrados sobre los pisos de ocupación de casas sencillas, en los rellenos constructivos y en las zonas de desecho. Las figurillas representan sobre todo a individuos de sexo femenino con rasgos de género muy explícitos y que en ocasiones muestran señales de un embarazo avanzado. Las figuras masculinas son menos frecuentes y llevan por lo general atuendos especiales, aún si se encuentran también algunas representaciones totalmente desnudas. Con frecuencia, las figurillas están fracturadas al nivel del cuello y de la parte inferior del abdomen, lo que podría significar que fueron rotas de manera voluntaria, probablemente al terminar el evento ritual durante el cual fueron manipuladas.

Hasta la fecha, los conjuntos de figurillas de Chupícuaro sólo han sido documentados en contextos funerarios, ya que no se han encontrado otros tipos de depósito; por ejemplo, no existen indicios de depósitos de fundación asociados a estructuras arquitectónicas. En las excavaciones realizadas en el marco del proyecto de salvamento durante la construcción de la Presa Solís, encabezado por Daniel Rubín de la Borbolla en la década de 1940, un importante número de sepulturas fue excavado y una descripción de ellas fue publicada por Muriel Porter Weaver (en Frierman, 1969). El catálogo de las sepulturas permite conocer a grandes rasgos la composición de las ofrendas que acompañaban a los difuntos y por lo tanto reconstituir el contexto de depósito de las figurillas antropomorfas. De las 396 sepulturas excavadas, 34 contenían figurillas, entre las cuales estuvieron tanto sepulturas de adultos como de niños. En la mayoría de los casos, las figurillas formaban parte de grupos de dos a 31 piezas, mientras que en el resto de sepulturas, una sola pieza (o uno de sus fragmentos) fue encontrada cerca del difunto. Es notable que las sepulturas de la fase Chupícuaro Temprano (600-400 a.C.) sean las que contengan el mayor número de piezas (hasta 34) y que éstas últimas hubieran sido depositadas dentro de un recipiente cerámico. El número de piezas por sepultura es más estable en Chupícuaro Reciente (400-100 a.C.), fase en la que se encuentran con mayor frecuencia grupos de cinco a ocho pie- zas. Desafortunadamente, es muy difícil reconstituir a posteriori la composición exacta de cada grupo para tratar de identificar a los diferentes protagonistas. De igual manera, tampoco se puede saber cuál era la disposición de las figurillas en relación con el cadáver, como tampoco entre sí dentro de los recipientes cerámicos. Sin embargo, es muy probable que cada una haya sido elegida porque representaba un protagonista específico y que haya sido dispuesta en relación con las demás.

Un hallazgo espectacular realizado por Juan Carlos Saint-Charles y su equipo durante los trabajos de salvamento en el sitio de Cerro de la Cruz, en Querétaro, confirma la existencia de escenas con numerosas figurillas de la fase Chupícuaro

Reciente (400-100 a.C.) (Saint-Charles Zetina et al., 2005). Acompañando a un niño de muy corta edad, un grupo de 22 figurillas fue encontrado en muy buen estado de conservación, pues presentaba aún vestigios de pigmentos rojo y blanco en la cara y en los ornamentos, aretes, collares y pulseras. Lamentablemente, las obras comenzaron antes de la llegada de los arqueólogos y la sepultura en cuestión fue alterada, lo cual impidió obtener una información completa, en particular sobre el contexto de la ofrenda. De hecho, la disposición de las figurillas en relación con el cuerpo no pudo ser determinada y tampoco fue posible determinar la edad y el sexo del niño sepultado. Al menos, el registro permitió saber que las figurillas estaban asociadas entre sí en un grupo compacto, cada una de ellas participando en una escena colectiva. Entre los personajes identificamos varias mujeres sentadas, una con un niño en brazos, otra en posición de parto y una más de pie; tres hombres de pie, con el cuerpo desnudo y con tocados muy particulares en forma de gorros cuya extremidad se inclina hacia adelante, además de dos individuos que parecen llevar un traje completo y que los autores identifican como posibles gemelos deformes. La escena incluía también una figurilla antropomorfa bicéfala y en posición sedente. La falta de información sobre la correlación de las piezas dificulta en gran medida la interpretación del conjunto. Sin embargo, la presencia de personajes sentados (mujeres) y personajes de pie (hombres y una sola mujer) permite pensar que se trata de la representación de una ceremonia ritual, en la cual unos protagonistas actúan y otros sólo asisten. La ceremonia estaría relacionada con el parto, el nacimiento y el ciclo de la vida. Vale la pena mencionar que en la actualidad estas piezas forman parte de las colecciones en exhibición en el Museo Regional de Querétaro.

 

Tomado de Brigitte Faugère, “Las figurillas de barro de Chupícuaro, Guanajuato. Imágenes aisladas y escenas”,  Arqueología Mexicana núm. 129, pp. 24-29.

 

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