• viernes, 16 de noviembre de 2018

Conquistas lacustres. Tenochtitlan (1519-1521), Tayasal (1525-1696)

Pablo Escalante Gonzalbo

Este ensayo es un acercamiento a las circunstancias lacustres de las ciudades capitales de mexicas e itzaes, y un reconocimiento de la influencia que estas circunstancias tuvieron en el tipo de aproximación y conquista que los españoles realizaron de ellas.

 

La laguna es inmensa, como un brazo de mar. Desde lejos, la isla mayor parece blanca, por estar cubierta de casas y templos. Sus habitantes tienen fama de ser gente muy ejercitada en la guerra, e infunden temor en los pueblos de las riberas, muchos de los cuales se identifican como sus vasallos. Hoy el señor de aquella ciudad ha venido a recibir a los visitantes en son de paz; les lleva comida, ofrece conducirlos a través del lago, y obsequia a Cortés un sartal de caracoles colorados "que ellos tienen en mucho".

El señor no se muestra hostil a
los cristianos, incluso declara que
ya tenía noticia, por sus libros, de
que ellos llegarían, y parece dispuesto a colocar una cruz en algún
recinto de la ciudad. Pero esta parada ha sido sólo una escala en la
expedición al Golfo de Honduras.
Así que no hay rito político ni religioso que selle la amistad con Canek, señor de Tayasal. (La isla donde se alojaba la ciudad de Tayasal descrita en las fuentes coloniales corresponde con la que hoy se denomina Flores, en el lago Petén Itzá. Allí parece haber estado la capital occidental de los itzaes, pero hay indicios de otra capital, acaso más importante, hacia el oriente: la isla de Topoxté, en el lago Yaxhá.) Después de la visita. Cortés y sus hombres abandonan la isla y se alejan del lago Petén Itzá, sin dejar más rastro de su presencia que un caballo herido cuyo cuidado encomiendan a Canek.

Años atrás, Cortés había sido recibido en Tenochtitlan con similares muestras de amistad: los mismos caracoles colorados, alimentos y buena disposición para hospedarlo en la ciudad. En ambos casos, Cortés y sus hombres "fueron conducidos", llevados de las orillas al interior de la ciudad, y en ese solo hecho ya se ponía de manifiesto la  ventaja defensiva de estas ciudades insulares; ambas accesibles por vía navegable, y Tenochtitlan, además, como sabemos, por sus cuatro calzadas principales. Mientras se adentraba en Tenochtitlan, Cortés no dejaba de percibir la astucia del emplazamiento para efectos defensivos, y pasa de la admiración al nerviosismo al observar esos puentes de madera que se quitan y se ponen. En su arribo a Tayasal, seis años después, subido en una piragua y rodeado de guerreros itzaes, parece bastante tranquilo; todo su afán está en llegar a la costa y castigar a Olid, y no tiene ninguna ambición puesta en este lago.

 

Laguna y marineros

La prisa que se da Cortés en mandar hacer cuatro bergantines, tan pronto como llega a Tenochtitlan, nos habla de la rapidez con que comprendió que sólo podría controlar la situación con un ejército capaz de moverse por el agua. Estos primeros barcos fueron destruidos por los mexicas cuando se iniciaron las hostilidades, tras la matanza perpetrada por Alvarado, y por eso los españoles y sus aliados se vieron obligados a huir por tierra, utilizando la calzada de Tacuba, con un resultado catastrófico.

Los acercamientos españoles a la isla de Tayasal, desde 1525 hasta 1696, tienen más de visitas diplomáticas que de verdaderos intentos de sometimiento, si bien hubo un par de ocasiones en que los indios atacaron a los advenedizos. La visita ele los frailes Orbita y Fuensalida, en 1618, concluyó con una amable despedida del señor de los itzaes, quien declaró que todavía no estaban listos para e l cristianismo y puso a sus visitantes de nuevo en la orilla del lago. Fray Andrés de Avendaño, en 1696, obtuvo mejores resultados, pues logró bautizar a unos trescientos itzaes y enseñar algo de catecismo, gracias a su buen conocimiento del maya yucateco, hasta que llegó el momento de despedirse y volver a tierra firme. La condición insular de Tayasal y su entorno selvático exigían algo más que entrevistas ocasionales para producir una subordinación efectiva. En los meses posteriores a la visita de Avendaño, cuando el general Ursúa se propuso someter definitivamente a los itzaes, hizo lo mismo que Cortés había hecho casi dos siglos atrás: puso barcos en la laguna, y en pocos días terminó con la independencia del último señorío mesoamericano.

 

Pablo Escalante Gonzalbo. Doctor en historia por la UNAM. Se interesa especialmente por temas de historia de la cultura e historia del arte. y se ha ocupado de procesos que arañen a los grupos indígenas de la meseta central de México antes y después de la conquista. Es investigador de la UNAM .

 

Escalante Gonzalbo, Pablo, “Conquistas lacustres. Tenochtitlan (1519-1521), Tayasal (1525-1696)”, Arqueología Mexicana núm. 68, pp. 45-49.

 

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