• 18-sep-2020

¿De dónde viene el jade?

Laura Filloy Nadal

El jade en Mesoamérica

A la fecha, sólo se conocen algunos ejemplos de áreas de producción de objetos e implementos en Mesoamérica. Cerca de los yacimientos del Motagua hay evidencias de producción de jade en aproximadamente 30 asentamientos (Rochette, 2009), pero aún es escasa la información de las técnicas empleadas para la transformación de la materia prima en la antigüedad. Por estudios recientes sabemos que los habitantes de esos sitios participaban en la elaboración de objetos sencillos, como cuentas, orejeras y placas, y contribuían, a través de diversas redes regionales, a la distribución de la materia prima hacia el resto de Mesoamérica (Rochette, 2009), donde se producirían distintos tipos de artefactos. Por ejemplo, en el sitio de Nativitas, Tlaxcala –con ocupación desde el Preclásico Tardío (550-150 a.C.)–, se han encontrado en contextos domésticos más de 4 600 piezas de jadeíta, varias de ellas en proceso de trabajo (Hirth et al., 2009), cuya materia prima sólo pudo llegar desde los Altos de Guatemala. La existencia de una sola fuente geológica y la escasez de materia prima, influyó sin duda en el valor que se otorgó al jade en Mesoamérica desde tiempos remotos.

Lejos de los yacimientos, pero aún en el área maya, se han excavado zonas de actividad dedicadas a la producción de objetos de jade durante el Clásico en sitios como Kaminaljuyú, Guaytán, Tikal, Copán y Calakmul, donde existen cantidades importantes de desecho de la talla, lo que puede ser un indicio de que en estos centros se produjeron piezas de jade. Destaca el taller localizado en Cancuén, sitio ubicado en el margen del río de La Pasión, único ejemplo excavado en las Tierras Bajas mayas y a cientos de kilómetros de distancia de los yacimientos de la Falla de Motagua. En este taller se encontraron in situ no sólo fragmentos de jade en bruto, desechos de talla y objetos en distintas fases de trabajo, sino también los implementos utilizados para cada una de las etapas del proceso creativo, lo que nos permite conocer, por un lado, algunos pasos de la cadena operativa y, por el otro, las opciones tecnológicas que eligieron los artesanos que trabajaban la lítica pulida en este taller.

Imagen: Izquierda: Orejera de K’inich Janaab’ Pakal. Arriba: En la parte del frente tiene tallada una flor de cuatro pétalos. Abajo: En la parte posterior tiene tallada una inscripción glífica de ocho cartuchos de trazo delicado. Los glifos parecen haber sido tallados por el mismo artista, ya que son homogéneos. Fotos: Laura Filloy Nadal, Laboratorio de Conservación del Museo Nacional de Antropología. Derecha: Máscara de jade. Tumba 4, Subestructura IIB, Calakmul, Campeche. Foto: Jorge Pérez de Lara / Raíces.

 

Laura Filloy Nadal. Maestra y doctora en arqueología por la Université de Paris i-Panthéon-Sorbonne. Restauradora perito del Museo Nacional de Antropología, INAH.

Filloy Nadal, Laura, “El jade en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana, núm. 133, pp. 30 – 36.

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