• 16-ago-2019

Domesticación y rasgos genéticos del perro

Ana Fabiola, Joaquín Arroyo-Cabrales

El perro fue uno de los primeros animales domesticados, aunque aún persiste la incertidumbre referente a dónde comenzó el proceso de domesticación y si el mismo sucedió en múltiples ocasiones en el hemisferio norte. Un aspecto que parece claro es que este animal doméstico se originó de una población de lobo silvestre, por lo que actualmente se le ubica en la especie Canis lupus familiaris, aunque la duda continúa pues habría que considerar si las diferentes razas se comportan como poblaciones o subespecies aisladas. Aunque existen varias hipótesis, se considera de manera general que la domesticación se dio en el sureste asiático hace aproximadamente 30 000 años.

En relación con México y en general en el Nuevo Mundo, los estudios moleculares de ADN antiguo y moderno han sido de gran utilidad como una poderosa herramienta que permite responder a las preguntas arriba señaladas. Al examinar los aspectos temporales, se deberán distinguir entre dos distintas posibilidades que frecuentemente se consideran como si fueran lo mismo: uno es que los genomas de los perros y los lobos están separados, excepto en los casos de hibridación ocasional por circunstancias idiosincráticas. El otro es cuando las relaciones de domesticidad comenzaron realmente. Ambos aspectos no son lo mismo.

Las secuencias de ADN mitocondrial aisladas a partir de restos de perros antiguos de Latinoamérica y Alaska, demostraron que los perros nativos americanos tuvieron su origen en diversos linajes de perros del Viejo Mundo que acompañaron al hombre del Pleistoceno que cruzó el estrecho de Bering. Cabe señalar que la propuesta más aceptada es que las poblaciones de Asia fueron las contribuyentes principales de las razas nativas, pero muchas de ellas han sido sustituidas por aquellas que llegaron desde Europa. De hecho, un estudio inicial ha demostrado que existe una gran diversidad de haplotipos (conjunto de alelos, genes o polimorfismos que se heredan como un bloque) en los ejemplares criollos de diversas áreas de Latinoamérica.

 

Ana Fabiola Guzmán. Doctora en biología. Laboratorio de Arqueozoología “M. en C. Ticul Álvarez Solórzano”, Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico, INAH.

Joaquín Arroyo-Cabrales. Doctor en biología. Laboratorio de Arqueozoología “M. en C. Ticul Álvarez Solórzano”, Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico, INAH.

Tomado de Guzmán, Ana Fabiola y Joaquín Arroyo-Cabrales, “Razas de perros mesoamericanos. Características morfológicas y moleculares”, Arqueología Mexicana, núm. 125, pp. 38 – 41.