• domingo, 16 de junio de 2019

El carácter sagrado del xoloitzcuintli entre los nahuas y los mayas

Mercedes de la Garza

 

En este trabajo se presenta la significación simbólica del perro xoloitzcuintli en las culturas náhuatl y maya prehispánicas. Por ser un perro anormal, el xoloitzcuintli fue considerado sagrado, con las funciones de representar a los hombres en el sacrificio y conducir a sus espíritus al inframundo. Y como deidad, fue Xólotl, el hermano gemelo de Quetzalcóatl, el encargado de conducir al Sol en su viaje por el inframundo y patrón de todo lo doble, considerado anormal.

 

El animal más cercano a los seres humanos, que los ha acompañado en su vida cotidiana quizá desde la aparición del Homo sapiens sapiens, es el perro. Y en las culturas mesoamericanas no sólo ha sido compañero por excelencia del hombre, sino también su sustituto ante los dioses en el sacrificio, su antepasado, su conductor al más allá, el proveedor del fuego y, con ello, de la civilización.

En Mesoamérica había distintas clases de perros antes de la llegada de los españoles con sus canes, pero los conquistadores debieron sorprenderse grandemente al conocer a los xoloitzcuintli. En la Relación de la Ciudad de Mérida se afirma: “Hay perros naturales de la tierra que no tienen pelo ninguno, y no ladran, que tienen los dientes ralos y agudos, las orejas pequeñas, tiesas y levantadas… y también los indios tienen otra suerte de perros que tienen pelo, pero tampoco ladran y son del mismo tamaño que los demás”.

Estos perros son, respectivamente, el k’ik’bil pek, perro nativo sin pelo, el kus y el tsom, perros con pelo. Los nahuas, por su parte, llamaban al perro pelón xoloitzcuintli, que es descrito por el médico Francisco Hernández como el más grande de los perros autóctonos sin pelo, de piel suave y lisa, manchada de leonado y azul. Sahagún, por su parte, proporciona varios otros nombres de perros, entre ellos, los nombres genéricos chichi e itzcuintli, y añade que tienen las cualidades de nobleza y cariño por sus amos que tiene cualquier perro. O sea que había itzcuintlis que no eran pelones, que no eran xolo.

De los xoloitzcuintli, el fraile dice que los cubrían con mantas para dormir y que no nacían así, sino que de pequeños los untaban con una resina llamada óxitl para que se les cayera el pelo. Obviamente no era así, pues esta clase de perro, que ha sobrevivido hasta hoy y que se conoce como “pelón mexicano” o Canis africanus, es un can muy peculiar, ya que en la misma camada algunos nacen con pelo y otros, pelones, por lo que hay quienes no lo consideran propiamente una raza. Los pelones tienen rasgos muy distintivos: les faltan muchos de los dientes, tienen un grado más de temperatura corporal que la normal y sudan copiosamente del vientre. Casi no ladran ni gimen, por lo que los conquistadores les llamaron “perros mudos”. Estos rasgos se deben a un gen semiletal homocigótico que se transmite a los hijos. Ese gen es el dominante, pero tienen otro recesivo que produce hijos con pelo. De este modo, los xoloitzcuintli siempre son heterocigotos. Sus hermanos que nacen con pelo tienen la dentadura completa y la temperatura normal, y si se cruzan con otros peludos todos sus hijos serán peludos porque carecen de ese gen. Hoy existen tres tamaños, que los criadores denominan “miniatura”, “toy” y “estándar”, y tienen todos los rasgos descritos en las fuentes. Esa clase de perros sin pelo no sólo ha existido en Mesoamérica, sino también en Perú, Etiopía, Turquía, China, El Congo, Paraguay y Argentina.

Los nahuas sabían muy bien que este perro constituía una anormalidad, de ahí su nombre, xoloitzcuintli, ya que xolo significa deformidad, monstruosidad; eran xolo los jorobados, los enanos y todo lo doble, como los gemelos, por eso se dice que mataban a uno de ellos.

 

De la Garza, Mercedes, “El carácter sagrado del xoloitzcuintli entre los nahuas y los mayas”, Arqueología Mexicana, núm. 125, pp. 58-63.

 

Mercedes de la Garza. Doctora en historia, investigadora emérita de la UNAM e investigadora emérita del Sistema Nacional de Investigadores. Especializada en historia de las religiones náhuatl y maya. Ha publicado 23 libros y más de 170 artículos y capítulos de libros. Libros más recientes (2012): Sueño y éxtasis. Visión chamánica de los nahuas y los mayas y Palenque-Lakamhá. Una presencia inmortal del pasado indígena (en colaboración con Guillermo Bernal y Martha Cuevas).

 

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