• viernes, 22 de marzo de 2019

El Castillo de Chichén Itzá

Agustín Peña Castillo

En el marco del convenio mediante el cual la Carnegie Institution de Washington obtuvo permiso para llevar a cabo trabajos arqueológicos en Chichén ltzá durante diez años, el gobierno mexicano se obligó a intervenir en algunos de los principales edificios.

El 22 de febrero de 1927, se inició la exploración del Castillo, de cuyos trabajos quedó a cargo Eduardo Martínez Cantón, en su calidad de inspector de monumentos arqueológicos en Yucatán, y José Erosa Peniche, como inspector auxiliar y responsable de campo. La primera actividad consistió en corregir la escalera poniente del basamento, la cual, según noticias, había sido intervenida previamente por un tal subinspector Bolio, quien no tomó en cuenta la información que aporta Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán respecto al número de peldaños en cada una de las cuatro escalinatas, que deberían ser 91 en cada costado, para sumar 364, a lo que se añade la base sobre la que se desplanta el templo superior y. así, alcanzar los 365, correspondientes al año solar. El problema en cuanto al número de escalones creó cierta polémica acerca del valor del basamento piramidal como símbolo calendárico y en la actualidad algunos investigadores han sugerido que las coincidencias se deben más bien a la mano del restaurador que a la intención del constructor maya.

Lo cierto es que, fuera del asunto de los escalones, existió suficiente información in situ para restaurar los cuerpos del basamento, incluida la decoración de los mismos. En todo caso, la intervención fue únicamente en los costados poniente y norte, mientras que los otros dos quedaron sin tocar hasta años recientes, cuando se completó la restauración de ese importante edificio.

En 1931, Erosa Peniche pudo iniciar la exploración dentro del basamento, idea que debió de tener desde tiempo atrás. Partiendo del centro del lado sur, excavó un túnel sobre la escalinata y, 13 metros adelante, encontró el basamento de una subestructura de base cuadrangular más pequeña que el edificio exterior. Siguió la base hacia el poniente y, más adelante, al norte. En este último costado, descubrió una escalinata que, según se vería después, conducía a dos cuartos abovedados en su parte superior.

En 1932, se inició la excavación de un túnel desde la alfarda poniente del costado norte del edificio exterior que condujo directamente hasta los cuartos que, sobre la escalinata de la subestructura, conforman el templo superior. En el arranque se encontró como ofrenda una caja cilíndrica de piedra que contenía objetos de jade, coral y obsidiana; entre ellos sobresalían dos discos de turquesa muy semejantes al rescatado en el Templo de los Guerreros. El túnel fue consolidado con un techo abovedado y muros laterales de mampostería.

El acceso y liberación de los cuartos superiores -que se encontraban rellenos cuidadosa e intencionalmente y fueron llamados Sala de Ofrendas y Sala de Sacrificios, respectivamente- se llevó a cabo con todo éxito. En el primero de ellos se encontró un monolito de los conocidos como Chac Mool que aún mostraba parte de los colores que alguna vez lo cubrieron totalmente y, en el segundo, la escultura de un tigre pintado de rojo con las manchas de la piel simuladas por 74 discos de jade incrustados. El trabajo arqueológico de Erosa Peniche en el Castillo de Chichén Itzá es valioso sobre todo por la exploración de la subestructura, en la que fue necesario avanzar con gran cuidado, apuntalando y consolidando los diversos túneles excavados. Mención aparte merece el procedimiento de vaciado de los dos cuartos superiores, ya que el relleno cumplía una función estructural como soporte de la etapa más tardía, por lo que fue necesario identificar los puntos débiles, sobre todo las bóvedas, para prevenir un colapso. En septiembre de 1936 concluyeron nueve temporadas de trabajo y aunque Erosa Peniche continuó su labor tanto en Chichén ltzá como en Uxmal su participación más reconocida por el grado de complejidad que implicaba es sin duda la que acabamos de comentar.

Agustín Peña Castillo. Arqueólogo. Director, en 1998, del Museo Regional de Antropología Palacio Cantón, Mérida,Yucatán.

Peña Castillo, Agustín. “El Castillo de Chichén Itzá”, Arqueología Mexicana, núm. 30, pp. 38-41.

 

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