• viernes, 16 de noviembre de 2018

Elementos mayas en la arquitectura y el culto del siglo XVI

Luis Alberto Martos López

Aunque es muy evidente la continuidad y el sincretismo de ciertos aspectos del culto maya a lo largo del siglo XVI, la presencia de elementos formales indígenas en la arquitectura, la escultura y la pintura es menos clara. Es probable que la sobriedad de la arquitectura yucateca obedezca a una deliberada concepción de los franciscanos para contrarrestar, de alguna manera, la tendencia indígena hacia la exuberancia en la antigua arquitectura.

 

Como bien afirmaba el maestro Constantino Reyes-Valerio, quizá la conquista espiritual del México antiguo fue aún más perturbadora que la militar, porque significó la total destrucción y aniquilamiento de un complejo sistema de pensamiento que, por centurias, había normado la vida social, moral y religiosa del indígena, para imponer uno completamente ajeno y nuevo.

A pesar del esfuerzo y esmero de los religiosos por inculcar y propagar la nueva fe cristiana, en la mente del indígena no sólo se preservaron ciertos resabios de antiguas creencias, sino que incluso se fusionaron con los nuevos conceptos religiosos.

Para construir templos y conventos a lo largo y ancho del territorio recién conquistado, los frailes recurrieron a las habilidades de alarifes y artesanos indígenas. Por ello no resulta extraño que tanto en la arquitectura como en la escultura y la pintura del siglo XVI se vislumbren de pronto algunos conceptos indígenas. De hecho, hay en esas obras una peculiar manera de expresión e interpretación temática y, en no pocas ocasiones, se incluyeron en ciertas composiciones, de manera sutil, elementos, símbolos e iconos de la época prehispánica, los que son especialmente abundantes en el Centro de México y más bien escasos en Yucatán, aunque esta ausencia quizá sea resultado de la notable carencia de este tipo de estudios para el área maya.

El proyecto de evangelización en Yucatán comenzó hacia 1544-1545. Los franciscanos establecieron numerosas fundaciones, con un convento sede para atender numerosas iglesias de visita o visitaciones. Una vez consolidadas, se avanzaba hacia provincias cada vez más distantes y, así, para 1559 la evangelización prácticamente cubría toda la península y se había constituido la provincia religiosa de San José de Yucatán

La vastedad del nuevo territorio y el escaso número de sacerdotes obligó a la formación de un cuerpo especial de auxiliares religiosos nativos, conocidos como aj cambesaj o maestros cantores, indígenas fieles a la doctrina que asistían a los padres en la catequesis y daban atención en las numerosas capillas de visita mediante cultos cotidianos sencillos. Sin embargo, esta forma de organización fue causa de una cada vez más aguda tendencia hacia la ortodoxia cristiana y al sincretismo, en el que los cultos ancestrales se mezclaban con las prácticas cristianas. Y es que las raíces de la religión maya eran muy profundas y estaban fuertemente arraigadas; así, en vez de ser eficazmente erradicadas por los franciscanos, afloraron y se manifestaron en diversos momentos, principalmente a lo largo del siglo XVI y, sin duda alguna, el caso más célebre es el episodio del auto de fe de Maní, Yucatán.

 

Martos López, Luis Alberto, “Elementos mayas en la arquitectura y el culto del siglo XVI”, Arqueología Mexicana núm. 88, pp. 51-56

 

Luis Alberto Martos López. Arqueólogo y doctor en antropología por la ENAH. Director de Estudios Arqueológicos del INAH. Director del Proyecto Arqueológico Plan de Ayutla. Ha trabajado en varios proyectos en Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Belice y El Salvador, y ha publicado numerosos artículos y tres libros.

 

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