• sábado, 17 de noviembre de 2018

Espejos de San Lorenzo, Veracruz

Anna Di Castro Stringher

Un objeto llamativo de la cultura olmeca es el espejo. Los que fueron recuperados en las ofrendas de La Venta tal vez sean los más conocidos, pero el inicio de esta tradición se remonta a la fase de apogeo de San Lorenzo, primera capital olmeca.

 Gracias a las nuevas exploraciones realizadas por el Proyecto Arqueológico San Lorenzo Tenochtitlán se encontraron casi medio centenar de fragmentos de espejos: 11 grandes y 38 ejemplares planos de tamaño pequeño y miniatura. Hay además 56 fragmentos de espejos compuestos, conformados por teselas y láminas, los cuales posiblemente fueron usados para elaborar adornos para el cuerpo y en vestimentas, así como para hacer resplandecer ciertos objetos. Las teselas y láminas seguramente se utilizaron también para confeccionar espejos de mosaico más grandes, con soporte de madera u otro material perecedero.

Los materiales utilizados, como hematita, magnetita e ilmenita, se obtuvieron de fuentes de materia prima en Niltepec, Loma Salinas y Huitzo, Oaxaca. La elaboración de espejos se llevó a cabo mediante procesos de corte y el lento desgaste de su superficie con abrasivos.

Cada uno de esos tipos de espejos tuvo un uso específico por ciertos segmentos de la población. El arte monumental de San Lorenzo y las figurillas de terracota nos ofrecen algunas sugerencias de su empleo. Así, el Monumento 34 de San Lorenzo y las figurillas de jugadores de pelota muestran que los espejos cóncavos se usaron como pectorales. Su utilización en dicho juego señala el importante papel del Sol en su simbolismo y tal vez la participación del gobernante. Además, la ubicación del espejo en puntos específicos del cuerpo pudo estar relacionada con las entidades anímicas relacionadas con ellos.

Los espejos cóncavos grandes, cuya hechura a partir de un único bloque implicó grandes destrezas artesanales, tienen la virtud de mostrar imágenes invertidas, una poderosa metáfora sobre otras realidades paralelas. Éstos debieron ser utilizados por los sacerdotes y los gobernantes.

 

Anna Di Castro. Arqueóloga por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y maestra en estudios mesoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

 

Di Castro, Anna, “Espejos de San Lorenzo”, Arqueología Mexicana núm. 150, pp. 48-49.

 

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