• miércoles, 21 de noviembre de 2018

La caja de agua del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco

Salvador Guilliem Arroyo

La caja de agua del Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco –que proveía el líquido vital a la población tlatelolca– resguardaba evidencias arqueológicas que manifiestan la fusión de las culturas mexica y europea. Destacan sobre todo las pinturas murales, únicas en su género.

 

La caja de agua del imperial Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco fue descubierta en 2002 al pie de la fachada oeste del Convento de Santiago Tlatelolco, durante una obra de urbanización. La caja –localizada al levantar los adoquines del piso circundante del edificio, cerca de la esquina del sur– albergaba en su interior evidencias arqueológicas que manifiestan la fusión de las culturas mexica y europea durante los albores novohispanos.

La caja fue construida para que la población de la república de indios instituida en Mexico-Tlatelolco bajo el mandato de Cuauhtémoc tuviera agua potable. Quienes la construyeron pensaron en dos funciones primordiales: proveer el líquido vital y expresar el nuevo orden religioso impuesto por los conquistadores españoles mediante el bello mensaje pintado en sus muros. Se trata, hasta el momento, de pinturas únicas en su género que tienen gran parentesco con las ilustraciones del famoso Códice Florentino de fray Bernardino de Sahagún, el Mapa de Upsala y otros códices como el Azcatitlan y el Cozcatzin.

Caja de agua o pila son nombres populares asignados a los depósitos que se nutren mediante canales llamados apantles en los que, generalmente, el agua siempre está en movimiento. De acuerdo con el Mapa de Upsala, la que ahora nos ocupa fue construida entre el Convento de Santiago y el Colegio de la Santa Cruz; el agua ingresaba en ella y posteriormente continuaba su recorrido hacia el oriente, hasta el tecpan (palacio), donde abastecía a sus ocupantes y regaba las huertas reales.

La caja de agua se encontraba bajo el pesado muro oeste y, en su mayor parte, en la habitación suroeste del Convento de Santiago. Aquí debe señalarse que de acuerdo con Fernando de Ocaranza (1934), fue fray Juan de Dios Rivera quien planeó el actual claustro, en 1728, que al paso del tiempo fue convertido en prisión militar, función que tuvo hasta 1944, cuando el equipo de arqueólogos dirigido por Pablo Martínez del Río y Antonieta Espejo logró que el ejército lo cediera para poder realizar exploraciones, que culminaron con el descubrimiento del Templo Mayor de México-Tlatelolco. Este grupo de investigadores terminó sus trabajos en 1956 y dos años más tarde el presidente de la República, Adolfo López Mateos, ordenó la construcción de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco. Los arquitectos dirigidos por Mario Pani hicieron la remodelación del edificio para convertirlo en el Museo del Anáhuac, donde se exhibiría todo el material arqueológico recuperado, tanto prehispánico como colonial. Desafortunadamente, carecemos de una memoria de los trabajos que aclare cuándo se demolieron las crujías occidentales, se cegaron los tres arcos de la receptoría de peregrinos y se dejó el muro interno como fachada principal, el mismo que está sobre la caja de agua. El 2 de octubre de 1968 cambió radicalmente los planes y el edificio fue cedido en comodato a la Secretaría de Relaciones Exteriores.

 

Guilliem Arroyo, Salvador, “La caja de agua del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco”, Arqueología Mexicana núm. 89, pp. 62-65.

 

Salvador Guilliem Arroyo. Arqueólogo por la ENAH y pasante de la maestría en estudios mesoamericanos por la UNAM. Miembro del Proyecto Templo Mayor desde 1978. Director de la zona arqueológica de Tlatelolco.

 

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