• 27-nov-2020

La muerte en la época prehispánica

Patrick Johansson K.

La muerte en Mesoamérica

El duelo

Una vez realizadas las exequias, e incinerado o enterrado el cuerpo, comenzaba el trabajo de duelo, fase funcional inmediata de la “conmemoración” del difunto que buscaba facilitar su acceso al espacio escatológico que le correspondía, y procuraba sanar catárticamente a la colectividad afectada por su muerte. Se distinguen dos modalidades del duelo: una que atañe a la Luna y otra al Sol.

El duelo lunar. Este duelo, a cargo de las mujeres, duraba 80 días, es decir, cuatro meses del calendario o cuatro veces 20 días. Durante este tiempo las mujeres debían proseguir con sus lamentos, plañir y mantener a la comunidad de los deudos en un estado funcional de “dolor y tristeza”. Durante este lapso las mujeres no podían lavarse la cara ni el cabello, ni cambiarse de ropa, si bien podían asear su cuerpo. Al cabo de los 80 días, unos sacerdotes llamados cuauhhuehuetqueh recogían la mezcla de polvo y lágrimas acumulada sobre los rostros y la envolvían en papeles previamente recortados para este efecto. Dichos papeles eran luego solemnemente incinerados, con lo cual se ponía fin a la primera parte del duelo. La índole catártica de este acto ritual es manifiesta. El dolor exacerbado hasta el agotamiento durante ochenta días se veía redimido por el fuego, limpiándose asimismo los dolientes de las “escorias” letales que podrían haber permanecido en su psique.

El duelo solar. Realizado en distintos meses, según la modalidad específica de la muerte del individuo, el duelo solar se efectuaba durante cuatro días. Cada año, durante cuatro, los deudos realizaban ritos mortuorios parecidos a los que habían hecho en las exequias. El duelo consistía en ofrendas de comida, cantos, bailes, y llantos que se hacían delante de una “imagen” del difunto hecha con palos de ocotes y masa de bledos (semillas de amaranto) o de maíz, según el tipo de muerte y, consecuentemente, del lugar donde había ido a parar el difunto.

En la cronología náhuatl prehispánica, cada cuatro años se cumplía un microciclo espacio-temporal, en el que habían aparecido sucesivamente los cuatro entes simbólicos representativos de los años: caña, pedernal, casa y conejo, con lo cual se daba un nuevo comienzo del microciclo. Cabe señalar que esta última modalidad de duelo subsistió, con algunos cambios, en la fiesta mexicana del día de muertos.

 

Patrick Johansson K. Doctor en letras por la Universidad de París (Sorbona). Investigador en el Instituto de Investigaciones Históricas y profesor de literatura náhuatl en la Facultad de Filosofía y Letras, ambos en la UNAM. Profesor del Instituto Mexicano de Tanatología.

Johansson K., Patrick, “La muerte en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana, núm. 60, pp. 46-53.

Si desea leer el artículo completo, adquiera nuestras ediciones impresa o digital:

Ciclo de la vida. Versión impresa.