• sábado, 17 de noviembre de 2018

La técnica de fundición a la cera perdida

Niklas Schulze

La fundición a la cera perdida es una compleja técnica metalúrgica que permite gran libertad en el diseño de las formas que se quieren crear. Fue utilizada en el mundo prehispánico para crear objetos, principalmente ornamentales, que todavía hoy impresionan por su diseño y la consumada aplicación de la técnica.

 

El trabajo de los metales

Los metales son apreciados por los humanos a causa de la gama de propiedades que presentan, y que les proporcionan un valor simbólico, estético y práctico. La posibilidad de dar forma a los objetos de metal a voluntad es, tal vez, su cualidad más importante. En tiempos prehispánicos se utilizaron principalmente el cobre, puro o aleado con estaño, arsénico o plomo, y el oro y sus aleaciones –por ejemplo, la tumbaga, que es una combinación de oro, plata y cobre. Aún en la actualidad se emplean las dos maneras de trabajo básicas con este material: a) Por martillado, tratando el metal como sólido y deformándolo a golpes hasta alcanzar la forma deseada, por ejemplo, una lámina; en los metales trabajados más antiguos de América se usó esta técnica. b) Por vaciado, utilizando el metal fundido en su forma líquida.

En su Historia general de las cosas de Nueva España , fray Bernardino de Sahagún describe a los artesanos que realizan esos trabajos de la siguiente forma (Sahagún, 1989, p. 576): “Los oficiales que labran oro son de dos maneras: unos dellos se llaman martilladores o majadores, porque éstos labran oro de martillo, majando el oro con piedras o con martillos para hacerlo delgado como papel. Otros se llaman tlatlaliani, que quiere decir que ‘asientan el oro’, o alguna cosa en el oro o en la plata. Éstos son

verdaderos oficiales, que por otro nombre se llaman tultécah”.

Para la segunda de tales técnicas se necesitan moldes que reciben el metal y en los cuales se solidifica en la forma deseada. Los moldes pueden ser elaborados de diferentes materiales (por ejemplo, piedra, arcilla, arena) y constar de una o varias partes. A lo largo del proceso de elaboración los artesanos constantemente tienen que tomar decisiones respecto al empleo de diferentes materiales y técnicas, y de esa manera crean el objeto final con las características deseadas. Un caso especial, por su complejidad y versatilidad, es la fundición a la cera perdida, técnica que se ha desarrollado en varios lugares del mundo. En América parece haberse originado en Colombia, aproximadamente hacia 1000 a.C., pero todavía faltan más investigaciones para establecer la fecha con seguridad. La técnica se difundió por el continente, pasando posiblemente por Centroamérica, y por vía marítima desde las   costas de Sudamérica hasta llegar a tierras de lo que hoy es México, más de 1600 años después. Especialmente la zona que hoy ocupa el estado de Oaxaca es reconocida por la cantidad y calidad de objetos de oro y sus aleaciones elaborados por fundición a la cera perdida. En otras zonas de Mesoamérica, particularmente el Occidente, la técnica fue también empleada, pero en mayor grado con cobre y sus aleaciones. Los objetos de metal que se elaboraron en Mesoamérica tenían una amplia gama de formas y funciones, pero en su gran mayoría se utilizaron como ornamentos personales (por ejemplo, bezotes, cuentas y cascabeles) y como objetos rituales (por ejemplo, figurillas). En las fuentes etnohistóricas se menciona que los objetos eran de oro, pero en el contexto arqueológico las hay mayormente de cobre.

 

La fundición a la cera perdida

 La complejidad de la técnica hace necesario el conocimiento profundo de los materiales empleados y de sus propiedades. En el primer paso del proceso se elabora un modelo en cera del objeto que se quiere crear (por eso algunos investigadores sugieren que el proceso solamente se  pudo haber desarrollado en regiones donde había abejas). A veces, para ahorrar metal o para crear un objeto hueco, el modelo se forma alrededor de un núcleo, que según el Códice Florentino se hacía de carbón vegetal y arcilla. El modelo de cera se envuelve a continuación en una capa de arcilla que forma el molde, dejando una apertura para la entrada del metal. Si no hay una conexión directa entre el núcleo y el molde, se recurre a pequeños estaquillos o clavos de madera para inmovilizar el núcleo. Después de haberse secado por completo, se calienta el molde para sacar la cera y quemar sus residuos. Dentro del molde, alrededor del núcleo (si lo hay), se crea así un espacio que será aprovechado en el próximo paso. En efecto, el molde es llenado entonces con el metal fundido, y después de un periodo de enfriamiento se tiene que romper el molde para sacar el objeto. Eso significa que  cada pieza es única. Si se trata de objetos huecos abiertos (por ejemplo, cascabeles), hay que romper el núcleo para extraerlo. Para introducir percutores en objetos huecos, pueden incorporarse en el interior del núcleo al inicio del proceso. Al retirar el núcleo se libera el percutor, el cual tiene que ser ligeramente más grande que la apertura del objeto para que no se salga. Muchos de los objetos elaborados en metal muestran una superficie que semeja una filigrana. Sin embargo, dichos objetos no están hechos con la técnica de la filigrana –con alambres de metal soldados–, sino que son vaciados a la cera perdida para crear una filigrana falsa. Para lograr este efecto, el núcleo del objeto por vaciar se envuelve en alambres o hilos de cera.

 

Niklas Schulze. Doctor en antropología con especialidad en arqueología por la UNAM. Sus campos de trabajo son el análisis de los materiales arqueológicos y el estudio del patrimonio cultural. Trabaja como profesor-investigador en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

 

Schulze, Niklas, “La técnica de fundición a la cera perdida”, Arqueología Mexicana núm. 144, pp. 31-35.

 

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