• 28-may-2020

La Triple Alianza

Pedro Carrasco, Jesús Monjarás-Ruiz

La estructura interna de la Triple Alianza

Después de la derrota de los tepanecas de Azcapotzaco, lograda por Itzcóatl, Nezahualcóyotl y sus aliados, hacia 1440 se estableció una alianza en la que además de Tenochtitlan y Tetzcoco, por instancias de Nezahualcóyotl, quedó incluida Tlacopan, con Totoquihuatzin como gobernante. Esta nueva y última Triple Alianza de la región lacustre del Altiplano Central pasó por un periodo de consolidación interna para, a partir de la derrota de Chalco, iniciar un desarrollo expansionista que por medio de las conquistas militares o la adhesión voluntaria la llevaría a alcanzar, si bien con fronteras poco definidas y sin una extensión territorial continua, el dominio político-militar de todo el centro y el sur de México hasta el oeste del istmo de Tehuantepec, al grado de que sus avanzadas llegaron, por la región del Soconusco, hasta la provincia de Chiappan, en los límites con la actual República de Guatemala.

Tomando como centro de un eje la región lacustre central, asiento de las cabeceras del imperio, la frontera noreste de este último estaría señalada por los territorios chichimecas y los señoríos huaxtecos, con los enclaves independientes de los señoríos de Metztitlan y Tototépec. Al noroeste lo limitarían parte de los territorios chichimecas señalados y el Estado purépecha o tarasco, el cual era el confín más importante en la región suroeste, que también albergaba al importante señorío autónomo de Yopitzinco. Hacia el sureste, separados únicamente por la Sierra Nevada, estaban Tlaxcallan, Cholollan y Huexotzinco, integrantes a su vez de otra más antigua y enemiga Triple Alianza. (Como sabemos, este tipo de macroestructura sociopolítica fue característica del periodo Posclásico y no privativa de la región lacustre central. Como reafirmación de lo dicho, sabemos que Tlaxcallan, Cholollan y Huexotzinco formaban una alianza similar, aunque en el momento inmediatamente anterior a la llegada de los españoles, como principal foco de resistencia básicamente quedaba Tlaxcallan. Si bien se trataba de confederaciones más bien regionales, en el caso de la Triple Alianza que ahora nos ocupa, el modelo fue rebasado en gran medida.) Dentro de esta región, la más extensa del imperio, se encontraban además el señorío independiente de Coatlicámac, el reino mixteco de Tototépec en la costa pacífica, el señorío de Coatzacualco en el Golfo y, en el límite más extremo, la provincia de Chiappan. (Sobre la extensión de la Triple Alianza, seguimos las fronteras que fueron establecidas por Carrasco, 1996.)

Integración sociopolítica

Dentro de la Triple Alianza, como en la generalidad de los pueblos mesoamericanos, existió una gran división básica entre la población que integraba sus diferentes unidades sociopolíticas: la nobleza y la gente común, pipiltin y macehualtin, dominadores y dominados, grandes estamentos de los que señalaremos su interrelación tomando como base los rangos jerárquicos del sector dominante, cuyos integrantes estaban ligados entre sí por medio del parentesco. (“Los estamentos son categorías sociales establecidas por una sociedad dada, según las cuales sus miembros están sujetos a distintos derechos y obligaciones. Clases son categorías establecidas por el investigador según su análisis de la diferenciación desigual del poder en la sociedad que estudia”, Pedro Carrasco, 1995.)

El tlatoani o soberano era el gobernante de una ciudad o altépetl (plural, altepeme), también llamado tlatocáyotl, o de un señorío, y como autoridad suprema ejercía funciones civiles, religiosas, militares, judiciales y legislativas. Asimismo, regía la organización económica del reino: recibía los tributos y los servicios personales de la gente común o macehualtin, y los productos de las tierras asignadas para su sustento, las tlatocamilli (milpas del tlatoani). Comúnmente era noble de nacimiento y pertenecía a una tecalli o casa señorial.

En los casos de los gobernantes de las capitales de la Triple Alianza, éstos recibían el tratamiento de huey tlatoani (gran soberano) y formaban un consejo que era la máxima autoridad del imperio; asimismo, asignaban tierras, tributos servicios personales a los señores de los reinos dependientes, a los barrios o calpultin de la gente común y a los templos. Una vez investido, el tlatoani gobernaba de por vida y normalmente lo sucedía un pariente. El sistema de sucesión era variable; por ejemplo, en Tetzcoco predominaba la sucesión directa de padre a hijo, mientras que en Tenochtitlan ésta era colateral.

El rango de teuctli, tecutli o señor lo ocupaba el jefe de una tecalli con su propia dotación de tierras y la gente adscrita a ésta, los teccalleque, que tributaban y prestaban servicios señoriales a dicho señor, por lo que estaban exentos de darlos al tlatoani. Además de ocuparse de administrar sus casas señoriales, los tetecuhtin pertenecientes a la Triple Alianza eran los que desempeñaban la gran mayoría de los cargos de la estructura política de sus altepeme en general y del imperio en particular.

El tercero y último de los rangos superiores estaba conformado por los pipiltin o nobles. En general, en tanto que hijos de un teuctli, todos los miembros del estamento dominante eran pipiltin. Aunque, en un sentido jerárquico estricto, estos nobles no eran ni tlatoque ni tetecuhtin. Los pipiltin eran descendientes de un teuctli, a cuya tecalli pertenecían y de la cual recibían su sustento, y las tierras que se les asignaban, las pilalli, eran trabajadas por gente del común, los mayeque o renteros. Éstos prestaban servicios a sus señores y también al rey en los cargos inferiores de la organización sociopolítica; internamente se diferenciaban en tlatocapipiltin (hijos de los tlatoque) o en tecpipiltin (hijos de los señores); de acuerdo con su madre, los hijos de la mujer legítima o de rango eran llamados tlazopipiltin (hijos queridos o legítimos) y los de las concubinas, calpampipiltin (hijos de la casa). Los pipiltin podían llegar a ser tetecuhtin o tlatoque aunque, si cometían faltas que lo ameritaran, podían ser degradados y pasar a formar parte del estamento de la gente común.

Finalmente, como muestra de la movilidad social que existía, proveniente de los macehualtin había un grupo de nobles meritorios llamados quauhpilli (hijo o noble águila), que obtenían esta distinción por sus méritos militares. Sin embargo, se les restringía el uso de ciertas insignias y atavíos reservados a la nobleza por nacimiento. No pagaban tributo, recibían ciertas tierras para su sustento y sus hijos heredaban el rango.

Para el desempeño de sus funciones, por grupos, los miembros del estrato dominante se integraban en consejos con sede en las salas del palacio. (Por ejemplo el tlacxitlan, integrado por tlatoque y tlazopipiltin, se ocupaba de los delitos cometidos por los señores. El teccalco, en el que cuando menos en Tetzcoco había integrantes del grupo de los macehualtin, se ocupaba de los asuntos civiles de éstos. Para una información más detallada, véase Carrasco, 1977.) Si bien los casos mejor documentados son los de Tetzcoco y Tenochtitlan, dada la repetición de la estructura organizativa, puede suponerse que ésta también se daba en los niveles inferiores.

Los macehualtin del estamento dominado se agrupaban en los calpultin o barrios, unidades territoriales y administrativas que contaban con tierras propias, divididas diferenciadamente entre sus integrantes. Los calpultin eran las unidades base para la recaudación del tributo y la prestación de los servicios personales. A fin de realizar esta última tarea se organizaban en cuadrillas de entre 20 y 100 hombres, controlados por un mandón o cabecilla seleccionado entre ellos mismos, cuya importancia variaba de acuerdo con el tamaño de la cuadrilla.

En la guerra, los escuadrones se organizaban con gente de un mismo barrio y se diferenciaban por sus estandartes. Para la administración de las tierras y la organización de las diversas actividades que debían desempeñar, los calpultin contaban con sus calpulleque o jefes de los calpultin, quienes, además de su papel como representantes de la comunidad, desempeñaban el de funcionarios inferiores dentro de la estructura. Además de los ya mencionados teccalleque y mayeque o tlálmaitl, entre los macehualtin existieron los tlacotin o esclavos. En realidad, la categoría indígena se refiere a las personas que se sometían a diversos grados de servidumbre; generalmente designaba a los individuos que se vendían a sí mismos o a alguno de sus hijos para obtener ciertos bienes o pagar alguna deuda.

Después de cumplir 52 años, los macehualtin eran eximidos del tributo y de los trabajos personales y pasaban a formar parte de los calpulhuehueteque o viejos del barrio, importantes para el ceremonial religioso y consulta obligada para la resolución de los asuntos y problemas internos del calpulli o barrio al que pertenecían.

El estamento de los macehualtin incluía numerosos artesanos; sin embargo, los dedicados a la manufactura de los objetos suntuarios eran parientes lejanos de los nobles. Los comerciantes eran de origen étnico distinto y tenían sus propios títulos de nobleza.

 

Pedro Carrasco (1921-2012). Profesor emérito de la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook.

Jesús Monjarás-Ruiz (1941-2010). Maestro en ciencias antropológicas (ENAH-UNAM). Director de etnohistoria del INAH.

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