• 16-oct-2019

Las cuevas de Teotihuacan

Doris Heyden

Las cuevas naturales de Teotihuacan

son de formación volcánica y tienen aproximadamente un millón de años (F. Mosser, en Hayden, 1975. p. 131). La cueva asociada a la Pirámide del Sol fue hallada en 1971 por el  deslizamiento de la tierra en el lado oeste del monumento, el cual dejó al descubierto un túnel -con 25 divisiones que forman cuartos pequeños- que conduce a la cueva subterránea. Cien metros adentro, el túnel termina en una cámara con forma de flor de cuatro pétalos. La cámara natural está perfeccionada por la mano del hombre.

La flor es un motivo omnipresente en Teotihuacan y está llena de significado religioso. En el México antiguo, la flor simbolizaba la creación, la vida, el lenguaje, el canto, la nobleza, el gobierno, algunos dioses, y, además, era un signo calendárico. En nuestra cueva, es posible que sus pétalos -que apuntan a las cuatro direcciones del universo- hayan tenido un sentido astronómico.

La cámara con forma de flor se encuentra casi exactamente debajo de la cima o centro de la pirámide. Encima de la cueva existía un santuario, ahora cubierto, que los arqueólogos sitúan en 150 d.C. (Millon, en Heyden, 1975). Es probable que este santuario o la cueva misma se constituyeran en una atracción para las peregrinaciones y que, en algún momento, el flujo de los peregrinos fuera tan numeroso que las autoridades teotihuacanas vieron la necesidad de construir un lugar de culto más amplio. Además, para el año 200 d.C., la población del valle se había extendido.

Lo que hoy nos parece obvio -y lo presento como mi teoría- fue la decisión de aprovechar el carácter sagrado de la cueva y la mano de obra existente para edificar encima de ella un gran templo, y así conservar su fuerza divina. Por eso propongo que la Pirámide del Sol fue la que se construyó primero. luego la de la Luna y posteriormente la Ciudadela. Hoy. Rubén Cabrera, arqueólogo, del lNAH, se encuentra explorando el interior de la Pirámide de la Luna para ver qué misterios existen dentro del majestuoso monumento.

El culto al agua y los hallazgos recientes

Al norte de las pirámides, en una posición protectora, está el llamado cerro Gordo, antes llamado Tenan, “la madre”. La asociación de cuevas con manantiales es una característica de los sitios sagrados. en los que casi siempre se celebran ritos al agua. Durante algún tiempo se pensó que los manantiales de Tenan llevaban agua a la Pirámide del Sol, pero Manzanilla (1996) aclara que no sucedió así,  sino que los manantiales emergen en el sector sudoeste del valle, por lo que es probable que las cuevas tuvieran filtraciones en la parte noreste, donde se encuentra nuestra cueva.

El culto al agua ha sido importante en todo el país, ya que, como sabemos, en algunas épocas falta el líquido y en otras llega con demasiada fuerza. El dios de la lluvia, Tláloc, está presente en Teotihuacan, tanto en la pintura mural como en la cerámica. Es una deidad de las cuevas, pues se le llamaba también “camino debajo de la tierra” o “cueva larga”, según el cronista fray Diego Durán. Las pequeñas cámaras formadas por las divisiones del túnel sugieren la posibilidad de que ahí se depositaran los cuerpos de los niños sacrificados al dios de la lluvia cada año, como apunta Motolinía. Los niños eran las víctimas predilectas para estos ritos, tanto en las cuevas como en la cima de las montañas. En las excavaciones realizadas por linda Manzanilla y su equipo se ha encontrado evidencia arqueológica que confirma hipotéticamente el uso de algunas cuevas.

 

Doris Heyden. Antropóloga, investigadora de la dirección de Etnología y Antropología Social de INAH.

Heyden, Doris, “Las cuevas de Teotihuacan”, Arqueología Mexicana, núm. 34, pp. 18-27.

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